viernes, 14 de diciembre de 2012

Mi campaña de marketing

El otro día, con los nervios previos al lanzamiento de la campaña de Navidad, lo vi claro: quiero tener mi propia campaña de marketing.

Ayer se lo expliqué a un amigo tomando un café en la redacción.

Antonio, empecé, he llegado a un punto en el que quiero elegir el 'producto' yo, como cuando pensamos en lanzar una campaña aquí. ¿Qué supone eso? Dedicarle tiempo, ganas, interés... Saber que es el elegido después de haber pasado un proceso selección, con sus pros y sus contras, pero el elegido.

Una vez seleccionado el 'producto', toca pensar en la campaña de marketing. ¿Por dónde se empieza? ¿Qué quiero comunicar?¿Qué quiero transmitir?
Cuando te pones a pensar en este tipo de campañas, algo cambia, de repente empiezas a cuidar más todos los detalles, todo cobra un sentido especial. Lo que antes era insignificante pasa a ser especial. Son cosas pequeñas, bien puede ser un toque de rimel o unos zapatos nuevos, el caso es que, sin querer, todo se cuida y se valora más.


¿Y el lanzamiento? ¿Cuándo? Primero hay que pensar una fecha. El 'producto', obviamente, tiene que estar preparado y con toda su campaña preparada, probada y testada. Eso supone tomar decisiones importantes, noches sin dormir y nervios, sobre todo nervios.

Y aquí estoy, terminando de pintarme las uñas para el lanzamiento de esta noche y con ese cosquilleo en el estómago que solo entendemos los que nos dedicamos a esto del marketing.

@Saralacalle

PD: Los resultados, como en toda campaña, no solo dependen del producto, también de su campaña y de la duración de la misma...

viernes, 12 de octubre de 2012

Entre la multitud

Al terminar la carrera, él se fue a probar suerte al otro lado del charco. El periodismo en España pasaba, hace ya cinco años, por un mal momento. Ella, recién licenciada también, lloró en silencio su partida, sabiendo que podían haber sido mucho más que amigos. Lamentándose no haber arriesgado.

En la despedida, mientras le abrazaba, ella le prometió en silencio seguirle por todo el mundo. Él, sin palabras, se prometió cuidarla en la distancia.

Pasó el tiempo y ambos fueron creciendo, tanto a nivel personal como a nivel profesional. Nunca hablaron directamente durante esos años pero supieron el uno del otro por terceras personas. Se admiraban en la distancia.

Hace un par de meses, ella abrió el periódico y se sorprendió al verle firmando una crónica de las protestas de Madrid. Ella también había estado ahí. No le había visto y se sintió una idiota. ¿Habría vuelto?



Hoy, dos meses después, están sentados tomando un café en casa de ella, como si el tiempo no hubiese pasado, como si nunca hubiesen estado separados.

- ¿Puedo enseñarte algo?
- Claro.

Ella se levantó y fue a su habitación a por una caja. La abrió y se la enseñó.

Él la miraba asombrado. No daba crédito. Ahí estaban todas sus crónicas perfectamente recortadas y trabajadas. Con apuntes en sus márgenes. Con preguntas que ahora podía  hacerle.

Con preguntas que él respondería.

@Saralacalle

Estampas

Le quería tanto que le daba pereza casarse.


@Saralacalle

sábado, 6 de octubre de 2012

Reducción de la jornada matrimonial

Su sorpresa fue mayúscula al abrir el buzón y encontrarse con una notificación de Correos. No esperaba nada y mucho menos algo "urgente".

Cuando su marido llegó a casa pasada la media noche, ella se levantó de la cama y se fue al sofá a charlar un rato con él. Últimamente el horario del trabajo de su oficina era insoportable. Salía de casa antes de las siete de la mañana y volvía siempre pasada la media noche. No veía a los niños, excepto los fines de semana, y a su mujer solo un rato si ella no estaba demasiado cansada.

Él le contó que estaban cerrando un acuerdo muy importante con una empresa francesa y que la semana próxima tendría que viajar a la capital gala. Ella sintió una punzada en el pecho al oir eso. París fue la primera ciudad a la que viajaron juntos cuando eran solo unos adolescentes. Ella no dijo nada, solo le recordó que esa semana era el cumpleaños de su tercer y último hijo, cumplía dos años. Más que un comentario era un reproche, él lo supo y en seguida cambió de tema.

- Vamos a la cama, nena. Es muy tarde.

Ambos se levantaron, se lavaron los dientes juntos y se acostaron. Ella le dio la espalda y él acomodó la cabeza en su pelo, intentando quererla. Pasó suavemente una mano alrededor de su vientre y ella la quitó esquiva. Estaba decepcionada. Ese no era su marido. En algún momento, sin saber cómo ni porqué, sus hijos y ella habían pasado a un segundo plano en la vida de su marido. No le reconocía.

Por la mañana, cuando se despertó, él ya no estaba en la cama. No eran ni las siete. Ella se puso su careta de súpermamá, se arregló, preparó el desayuno de los niños y los llevó a sus respectivos colegios. Por suerte, eran solo unos niños y cuando preguntaban por  "papá" y ella decía que tenía mucho trabajo en la oficina, no le daban mayor importancia.

Miró el reloj, iba muy justa de tiempo para llegar a su trabajo pero tenía que ir a Correos a por la carta. Apresuró el paso y llego hasta la oficina. Por suerte cuando llegó no había nadie esperando. Ella entregó el certificado y le pidieron el DNI. Al abrir su cartera no pudo contener la sonrisa, de repente se topó con una foto tamaño miniatura de toda su familia, se la habían hecho el mes pasado para el carné de familia numerosa.

- Señora, su DNI, no tengo todo el día, le espetó un empleado malhumorado.

Se lo entregó y el le tendió la carta.

Tráfico. No daba crédito. Una multa. En sus más de diez años como conductora jamás había sido sancionada.

Abrió el sobre y efectivamente era su coche, su matrícula, la foto era inequívoca. Sin embargo, hubo algo que llamó su atención, en la foto se apreciaba perfectamente la parte trasera de su coche y se veía que el que conducía era su marido. No iba solo. Una coleta rubia se dejaba ver en el asiento del copiloto. Se puso sus gafas de sol y salió de allí reprimiendo el llanto.

Caminó unos cuantos metros y se sentó en el primer banco que encontró. Volvió a mirar la foto. Había sido tomada en la A2 dirección aeropuerto.

Comenzó a llorar desconsoladamente.

De repente, todo encajó. Esa coleta rubia era la culpable de la "reducción de jornada matrimonial".

@Saralacalle

lunes, 10 de septiembre de 2012

Este no es un domingo cualquiera.

Domingo de nuevo. Se apaga la semana. Se cierra el verano. Se vuelve a la rutina. No quiero. Él es mi rutina.

Hace algo más de un mes recibí una llamada que no olvidaré jamás. Era él. Estaba enfadado, hacía más de un mes que no hablábamos. Era la primera vez en seis años que se enfadaba conmigo. A medida que la conversación iba avanzando, volvió a ser el mismo de siempre. Mi amigo, mi confidente.

- Sara, tengo que decirte algo que no va a gustarte.

Temblé. Ya sabía lo que era. Era una noticia que tarde o temprano iba a llegar. Se va. Se muda. Fuera del país. Lloré. No me imaginaba despidiéndome de él otra vez. Ya lo había hecho una vez y sabía lo que suponía alejarse de él.

Colgué el teléfono y empecé a recordar nuestra relación.

Como ya he dicho, hace seis años que le conocí. Al principio no me fijé en él, sus casi dos metros de altura y su pelo largo, no iban para nada conmigo. Hasta que, un día cualquiera, empezamos a hablar y poco a poco fue surgiendo una amistad muy especial. Así pasó a ser una pieza fundamental de mi vida.

Él ha estado a mi lado cuatro años durante más de seis horas diarias, en lo bueno y en lo malo. Con su ingenio y sus frases, con sus abrazos y sus recursos, con su despite y sus detalles. Él es así, ese compañero de viaje que nunca te falla.

Ese que tan pronto te regala un nombre como una tecla, ese que te hace saber que está pensando en ti de la forma más ingeniosa posible. Ese que te invita a hacer locuras. Ese que te pide el café con dos azucarillos. Ese.

Hoy, domingo, sé que es su último domingo en España y que se rompe nuestra rutina. Sé que no habrá más buenos días, sé que no habrá más cafés a media mañana, sé que no habrá más abrazos bajo la lluvia. Lo que sí sé es que "la Merkel" tiene mucha suerte de recibirle. ¿Por qué? Porque no solo es grande de tamaño, es grande en sí. En todo. Es el triunfo hecho expresión.

@Saralacalle

Pd: Llegados a este punto diré que él me regaló este pseudónimo y me empujó a abrir este blog.

lunes, 27 de agosto de 2012

Taxi a media noche

Era muy tarde y ella salió corriendo del portal de su novio para coger un taxi. Una noche normal él le hubiese dicho que se quedase a dormir pero hoy no lo había hecho, habían discutido durante la cena y él parecía muy enfadado.

Ella cruzó la calle esperando encontrar un taxi lo antes posible, pero no tuvo suerte. Caminó un poco, adentrándose en la calle Príncipe de Vergara, esperando que su suerte cambiase. Le gustaba esa zona, le traía grandes recuerdos pero hoy no estaba de humor. Finalmente vio un taxi libre, alzó la mano y el coche paró a su lado. Ella le dio la dirección y el hombre comenzó a conducir.

Era un trayecto largo y ella estaba realmente cansada, cerró los ojos y se puso a pensar, a recordar momentos; la discusión tonta que habían tenido antes, cómo se habían reído preparando la cena, cómo les miraba una señora en el supermercado cuando se besaban... Cuando, de repente, sonó una canción que la hizo sobresaltarse. "Tu mirada me hace grande", rezaba el estribillo. - ¿Puede subir el volumen, por favor? El taxista lo hizo. Y entonces ella pensó en él, no en su novio, en Alex.

Alex era su mayor secreto, una de esas historias inconfesables, una de esas historias que sabes que, pase lo que pase, nunca contarás a nadie.

Entonces recordó esa noche en la que Alex le dijo; "hoy voy a ser tu taxista". Él, cuidadoso dónde los haya, le abrió la puerta, le preguntó si iba cómoda y empezó a conducir. Era Agosto, pero un Agosto raro, la temperatura era muy fría, y ella recuerda cómo le había tocado la mano y le había dicho: "manos frías, corazón caliente". Recuerda cómo él la habia mirado y había sonreído. Pero sobre todo, lo que más recuerda de ese trayecto es que, cuando empezó a sonar la canción que ahora sonaba en ese taxi, ella había comenzado a cantar en voz baja mientras él reía y decía "música española...".

Sí, Alex, tu mirada me hace grande.


@Saralacalle

Último martes de Mayo

Llegaron a un acuerdo. Todos los martes del mes de Mayo se verían.

La hora acordada eran las 19.30h. El lugar elegido, el Retiro.

Ayer, como cada martes, él la esperó en la puerta principal. Ella le vió, con sus gafas de sol y su pelo despeinado y sintió esos nervios de la primera vez. Era bonito. Su amistad había madurado con el paso de los años y habían llegado a un entendimiento único. Cada uno tenía su vida; su pareja, su trabajo, su grupo de amigos...pero juntos tenían otra vida. Inexplicable. Otra vida llena de momentos pequeños que les hacían grandes.

Hoy es miércoles, muy temprano, el último miércoles del mes de Mayo y ella tiene un cúmulo de sentimientos encontrados. Ayer se metió en la cama feliz por lo que acababa de vivir. Hoy se ha levantado triste pensando que ayer fue el último martes del mes de Mayo.

@Saralacalle

Sueños cruzados

Ella duerme tranquila, son más de las tres de la mañana del domingo. Le hubiese encantado pasar este día con su pareja pero él tenía que trabajar. Sin embargo, no ha perdido el tiempo, ha vuelto a quedar con Marco. Al llegar a casa ha vuelto a sentirse mal, sabe que no puede seguir haciéndole eso a su chico, tiene que acabar con esa historia ya pero...

Dani llega, ve que ella duerme tranquila. Procura no hacer mucho ruido, se desnuda y se tumba a su lado, muy despacio. Abraza su espalda y hunde la nariz en su pelo, aspirando su olor. No ha sido un día fácil, su trabajo le obliga a pasar mucho tiempo fuera de casa y a veces hace cosas de las que no se siente orgulloso. Hoy por ejemplo. Sara no se lo merece. Lo sabe. Cuando esto pasa, al volver a casa siempre se promete que no volverá a suceder. Nunca más.

Sin embargo, los dos saben lo que pasa, han llegado al equilibrio perfecto, son felices juntos. También separados.

@Saralacalle

domingo, 15 de julio de 2012

Mordiscos que delatan

Sábado. 8.30h de la mañana. Es muy pronto para levantarse, reniega un poco y después se va a la ducha. Se pone ropa cómoda y va a la cocina a preparar el desayuno. Carga la cafetera, programa la tostadora, saca las tazas y, de repente, suena el teléfono.

- ¿Qué hora es? Se pregunta en voz alta.

No sabe qué hacer. Si lo coge no sabrá mentir, si no lo hace él insistirá y hará que se ponga más nerviosa aún.

- Buenos días cariño, ¿cómo estás? Le pregunta intentando aparentar toda la calma que no tiene en este momento.

Aitor es ingeniero y ha tenido que pasar el sábado fuera de Madrid por culpa de un proyecto que últimamente le tiene absorvido.

La conversación es "normal". Ella, sorprendentemente, lo está haciendo muy bien. Él tiene ganas de hablar, se le nota. Ella no. Responde un par de preguntas y corta la conversación de la forma más brusca posible.

- Cariño, luego te llamo que voy a desayunar.

- Mmm, vale, llámame luego, dice él poco convencido.

Cuelgan. Ella respira aliviada. Lo ha hecho bien. Sigue sirviendo el desayuno, se asoma por la puerta de la cocina y grita: "Álvaro, ¿cómo quieres el café? Está recién hecho".

Eso fue ayer. Hoy Aitor y ella han pasado todo el día juntos en el campo. Él, demostrándole todo lo que la ha echado de menos estos días. Ella, intentando no recordar la noche del viernes. Había sido relativamente fácil hasta que hace un momento, al salir de la ducha, Aitor le ha dicho: "Qué gracioso, tienes un moratón en el culo que parece un mordisco".

@Saralacalle

lunes, 18 de junio de 2012

Siempre pierden los mismos

Hoy recuerdo más que nunca las palabras de Diego: "Sara, esto es lo mejor que te podía pasar, algun día te alegrarás de esto" me dijo la noche que me despidieron mientras lloraba apoyada en su pecho. Fue un día horrible, una llamada de teléfono mientras estaba librando me decía que el contrato que había firmado, sólo cinco días antes, se evaporaba. Había un recorte de presupuesto y yo era totalmente prescindible.  No podía entenderlo. Me estaban fallando.

La semana siguiente, un martes y 13, fui a recoger mis cosas, intentando llevar la cabeza muy alta pero no pude aguantar, fue entrar por la puerta de la redacción y empezar a llorar. Yo había entrado allí para hacer unas prácticas de tres  meses y ya llevaba casi dos años. Dos años que, a día de hoy,  no cambio por nada del mundo. ¿Por qué? Porque allí he crecido a nivel profesional pero, sobretodo, a nivel personal. Allí he encontrado a gente que ha marcado mi vida y siempre en un aspecto positivo, muy positivo. Podría ponerme a decir nombres y no acabar pero eso sería injusto porque seguro que alguien se me olvidaba. Son tantos... Sois tantos...



Fotografía del 20-N, noche de elecciones, mi jefe me inmortalizó en uno de los momentos más felices de la noche. Allí he sido feliz. Muy feliz.

Hoy muchos de mis antiguos compañeros están sintiendo eso que yo sentí el 13 de Diciembre, esa impotencia que sientes al perder tu trabajo, esa impotencia al saber que no se te ha valorado por tu trabajo como se debiera, esa impotencia al saber que si no eres "amigo de", "hijo de"... no eres nadie. Muy triste pero real.

Por eso hoy, desde este pequeño rincón, les mando todo el ánimo del mundo a mis compañeros de Gaceta que hoy se han visto afectados por un ERE debido a una pésima gestión. Hoy ellos se van y se creen perdedores pero realmente el que pierde es el medio al prescindir de grandes profesionales. Esto hoy me es fácil decirlo, ha pasado el tiempo y ya no me duele como antes pero sé que, tarde o temprano, ellos pensarán igual.

Y ahora, si se me permite, quiero hacer una mención muy especial a Chema. Chema Barroso, desde el primer día, me quiso y me cuidó como una hija y, lo que es más importante, me enseñó. Chema es un huracán cuando está trabajando, no habla, dispara. Luego, cuando tiene tiempo, viene y te explica, se interesa. Chema ha sido esa persona que desde que me despidieron no ha dejado de llamarme todas las semanas para decirme: "dile a tu chico que te cuide, que te dé cariñito y amor, que el trabajo ya vendrá". Chema siempre ha estado y estará ahí porque su "arma" conmigo no ha sido la cámara, ha sido su corazón y su manera de ser. Él si que no se merecía salir por la puerta de atrás.

@Saralacalle

domingo, 17 de junio de 2012

Anámnesis

Son las 5.00 a.m. suena el teléfono. Me despierto sobresaltada. El nombre de mi mejor amiga en la pantalla. Lo cojo corriendo.

- ¿Tú has visto la hora que es? Le digo en un tono poco amigable.
- Sara, no me acuerdo de su cara, me dice entre sollozos.

No entiendo nada, no sé de qué habla. Después de varios minutos de conversación y de cerciorarme de que está sobria totalmente, empiezo a entenderla.

Es cierto que cuando llevas mucho tiempo sin ver a una persona se te olvida su cara e incluso su voz. ¿Nunca os ha pasado? A mi sí, pero he encontrado una teoría ideal que hace esta situación más llevadera.

Anámnesis. ¿Qué significa este "palabro"? Platón me lo enseñó. La anámnesis es un teoría que viene a decir que la memoria no existe como tal, nosotros ya tenemos todos los conocimientos adquiridos y solo tenemos que aprender a recordarlos. Me gusta mucho esta teoría, muchísimo. ¿Por qué? Porque eso significa que tú y yo ya nos conocemos, sólo tengo que aprender a recordarte. Sé  que ya te he mirado, te he besado, te he acariciado... y eso me gusta. ¿Por qué? Porque el cuerpo que has hecho tuyo ya no lo olvidas. 

No te recuerdo pero te conozco.

@Saralacalle

domingo, 27 de mayo de 2012

He´s so vain

Es sábado, son más de las cinco de la mañana y llega a casa después de una noche de fiesta con sus amigas. Está agotada, no quería salir pero  han insistido tanto que no ha sabiado decir que no. Ellas querían celebrar su soltería, ella, sin embargo, solo quería quedarse en casa viendo fotos de cuando Marco y ella estaban juntos. No le veía la gracia a salir a celebrar que aquella relación había acabado. Aún así lo hizo, se lo pasó bien, la verdad. Siempre que se juntaban acaba riéndose aunque no quisiese, eso eran amigas de verdad. 

Se quita el ajustado vestido y los tacones de infarto  y se mete en la cama. Cierra los ojos y escucha "You´re so vain" de Carly Simon. No sabe porqué tiene esa canción metida en la cabeza, le recuerda tanto a Marco... Recuerda que el verano pasado, un día que ella llevaba un vestido de flores y se paseaba descalza por la casa, empezó a sonar esa canción. Poco a poco comenzó a subirse el vestido, bailándole, incitándole con la mirada...

- Estáte quieta, tengo mucho lío ahora mismo.

Siguió. La música iba tomando fuerza y ella se movía  cada vez más sensual. Él hacía ya rato que había apartado la vista de la pantalla y no le quitaba los ojos de encima. No aguantó más y corrió hacia ella con instinto animal.



Ahora, metida en la cama, recuerda esa escena y sonríe, esos eran los mejores momentos a su lado, cuando no había nada planeado, cuando con mirarse bastaba para entenderse. Se dió la vuelta en la cama e intentó dormir a pesar de que en su cabeza seguía sonando la canción.

Al final, el sueño pudo con ella, que se durmió con una sonrisa en la cara sin saber que la música venía del piso de abajo. Piso que Marco había alquilado para no alejarse de ella.

@Saralacalle

martes, 1 de mayo de 2012

Café sin azúcar pero con sexo

No era amor. Era sexo. Ella se empeñó en disfrazarlo pero, ahora, pasado el tiempo, sabe que "solo" fue eso. Surgió el primer día que se vieron, ambos se desnudaron con la mirada. Ella era fotógrafa, él jefe de contenidos. No coincidían demasiado en la redacción, pero siempre lo intentaban. Lo que les gustaba era el morbo de la situación, el saber que trabajaban juntos y se acostaban sin que nadie lo supiese, cuando allí parecían dos desconocidos que no tenían nada en común. Nada absolutamente.

Recuerda la primera vez que lo hicieron. Ella venía de una manifestación y tenía que editar el material, él la vió llegar con sus rizos pelirrojos empapados.

- Vaya, parece que te has mojado, le dijo él.

- ¿Quieres comprobarlo? Contestó ella guiñándole un ojo.



Él la miró sorprendido, jamás se hubiese esperado una respuesta así y muchísimo menos allí. No le dió más importancia y volvió a su mesa. El laboratorio de fotografía estaba separado del resto por unas enormes vidrieras. Ella se sentaba de espaldas a él, y él no podía evitar apartar la vista de allí. La observaba continumente. Sabía cómo le gustaba sentarse, el movimiento que hacía para recogerse el pelo, cómo se tocaba la punta de la nariz cuando una foto no terminaba de convencerla...

No aguantó más. Marcó el 052, su número interno.

- Voy a bajar a por un café, ¿te vienes?

Ella tardó en reaccionar, no le había conocido. Cuando cayó en la cuenta de que era él, le dijo que sí corriendo.

Salieron cada uno por su lado hasta encontrarse en el ascensor. Se notaba en el ambiente lo que iba a ocurrir. Se miraban con deseo.

- Yo un café con leche con dos azucarillos, por favor.

- Yo con leche también, sin azúcar.

El café duró menos de cinco minutos, tenían prisa, hambre el uno del otro. ¿Qué hicieron?

Esta vez cogieron el ascensor pero no subieron. Bajaron. Fueron al parking, al coche de él.

Después, al rato, volvieron a la redacción, cada uno por su lado, volviendo a ser unos completos desconocidos.

Ese fue el primer café, sin azúcar pero con sexo, de muchos.

@Saralacalle

lunes, 30 de abril de 2012

Almacén de olores.

Llegaba tarde como de costumbre, se había duchado deprisa y corriendo y se iba vistiendo a trompicones. Se secaba un poco el pelo, se ponía las medias, se empezaba a maquillar, el vestido... Así hasta que llegó el momento de salir de casa, cogió el abrigo y corrió a la percha de los pañuelos.



Hay gente que guardaba fotos de sus exparejas, ella no, ella guardaba pañuelos impregnados en el olor de cada uno de ellos. Cada pañuelo era un recuerdo imborrable. Uno le recordaba a un amor de verano de esos cuando tienes quince años, otro a un chico que jamás debió entrar en su vida pero lo hizo, otro a cuando su chico le hizo amor y le ató las manos suavemente... Cada uno tenía una historia. Historias que le gustaba que le abrazasen el cuello, como solían hacer ellos.

Su preferido, sin duda, es el que está más arriba, el de leopardo. Él se lo regaló el invierno pasado y ella, nada más abrirlo, lo roció con su perfume. Le encanta ponérselo y llevar todo el día su olor, incluso cuando le tiene al lado.

Ahora, mientras escribe, es como si él estuviese tumbado en la cama junto a ella y no al otro lado del mundo.



@Saralacalle

domingo, 22 de abril de 2012

Retomando costumbres

Un día te despiertas y te das cuenta de que no conoces a la persona que tienes a tu lado.

Lo que tú creías que era amor, era solo cariño.

Lo que tú creías que era convivencia, era solo rutina.

Lo que ellos creían que era definitivo, acabó junto al lago donde se dieron el primer beso.

Ahora, años después, se sientan como solían hacer y de nuevo nace la esperanza.



@Saralacalle

martes, 17 de abril de 2012

¿Me quiere? No me quiere.

Ella le vio venir corriendo por la playa haciendo aspavientos con las manos. Miró a su amiga y le preguntó quién era. Ese fue el inicio. Vivieron un romance de novela, de esos amores de verano que crees que solo pasan en las películas; largos paseos por la playa, baños a media noche, desayunos a la orilla del mar... El sueño de toda romántica que se precie.

El verano terminó y, lejos de acabarse, la relación se intensificó. Cuando ambos volvieron a su vida normal en la ciudad, la relación se estabilizó y fueron novios oficiales. Sí, la expresión suena cursi pero es así. No lo hablaron claramente pero los dos lo sabían. Eran pareja.

Pasados unos meses, por circunstancias ajenas a ellos, la relación se terminó.

Hoy, ella ha recordado cómo fue la última vez que se vieron. Él le regaló una margarita y le dijo que hiciese el ritual.


Ella obedeció. "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...". Así estuvieron un rato hasta que al final la margarita dijo "me quiere".

- ¿Qué has dicho? Preguntó él.
- Que dice que te quiero.
- ¿Cómo?
- Eso, que te quiero.

Él sonrió y la abrazó con fuerza. Ella nunca se lo había dicho y así, con ese juego, había conseguido escuchar lo que tanto tiempo llevaba esperando.

Ahora, cada vez que ella ve una margarita, no puede evitar pensar en él y en cómo hubiesen sido las cosas si él no se hubiese ido.

@Saralacalle

martes, 10 de abril de 2012

Trazos

Siempre me ha gustado la fotografía, no recuerdo en qué momento empecé a "mirar con otros ojos", el caso es que, con el agobio de la carrera, necesitaba hacer algo para distraerme y decidí apuntarme a un curso de fotografía para principiantes.

Los primeros días  estaba perdida, solo hablaban de diafragmas, velocidades de obturación y de pura matemática. Me desilusioné. Yo no sabía que la fotografía requería de tanta técnica, pero ya se sabe, antes de fraile hay que ser monaguillo.

Continué con las clases a pesar de todo, hasta que llegó Félix. Félix era un colaborador, fotógrafo también que, de vez en cuando, impartía charlas sobre un tema concreto.

Las clases fueron cada vez más amenas y el hecho de que Félix se pasease por la academia, era un punto más a su favor. Pero, como todo, los cursos tienen fecha de caducidad.

El último día, Félix dio una charla sobre retratos, su gran pasión. Me encantó. Pero, sin duda alguna, lo mejor fue el regalo que me hizo. Félix es un genio con las manos, en todos los sentidos.


Ahora nos gusta recordar que nuestra historia nació de una hoja en blanco y que poco a poco se fue trazando con finas líneas, de las que no se borran, de las que dejan huella.

@Saralacalle

lunes, 9 de abril de 2012

Protocolo de actuación.

He quedado con un chico que no conozco, físicamente quiero decir. Hemos hablado horas y horas pero nunca cara a cara.

Llamadme rara, pero nunca he hecho una cosa así. Sí, ya sé, hoy en día eso se lleva mucho pero a mi me sigue pareciendo, cuanto menos, raro. De hecho, la primera "cita" la suspendí, me dió miedo. ¿Y si es un loco? ¿Y si no aparece? ¿Y si solo somos compatibles con una red social por medio? Miedo escénico se le suele llamar a eso. Él fue un caballero, no se molestó, es más, fue muy comprensivo.

A partir de ahí, empecé a fiarme un poco más.

Ahora, después de habernos pasado otros cuatro días (y sus noches) pegados al teléfono, hemos acordado otro encuentro y hemos discutido de lo que él llama el "protocolo de actuación".

- Es un café, no un incendio, le dije.

Él se rió y siguió hablándome de protocolos.

¿Cómo se actúa en una primera cita? ¿Alguna sugerencia? De momento solo sé que hemos quedado en mi calle favorita, en mi número preferido, lo que venga después ya se verá ...

@Saralacalle

The only one.

Te despiertas a media noche, enciendes la luz de la mesilla, observas su cara, su gesto, le tocas el pelo...

Te giras para apagar de nuevo la luz y ves el ramo de rosas y la ropa de ambos esparcida.

Sí, es el elegido. No hay ninguna duda.

@Saralacalle

Sin filtros

Al escribir el post anterior me he acordado de una conversación que suelo tener con mi chico.

- ¿Por qué te maquillas? Prefiero que estés con la cara lavada.

- Tú mejor que nadie deberías saber que, por desgracia, en el mundo que nos movemos, todo es imagen.

- No si estamos los dos solos.

Es una conversación cíclica, se repite cada poco tiempo, al igual que la de los planes de futuro o la de dónde iremos de vacaciones. Es parte de nosotros.

Recuerdo con especial cariño una noche que nos peleamos. Fuímos al cine, él acababa de llegar de un viaje a Corea y entre el cansancio y el jet lag, se quedó dormido nada más sentarse. Cuando acabó la película (después de despertarle) fue cuando empezó la discusión. Nos veíamos muy poco y, cuando lo hacíamos, siempre estaba cansado. Sabía que él no tenía la culpa, pero aún así le regañe. Él se fue a su casa y yo a la mía.

A la mañana siguiente, se presentó en casa muy temprano con el desayuno en la mano.

Abrí la puerta recién salida de la cama, con el pelo revuelto y la legaña aún puesta.

El me miró, sonrío y dijo: "así es como más me gustas".

Moraleja: cuanto menos te esfuerzas en gustar, más resultados consigues.

@Saralacalle

Baile de máscaras.

Los aeropuertos me encantan, es un lugar dónde la gente se olvida de ponerse la máscara y se muestra tal y como es. Puedes ver despedidas con lágrimas en los ojos, cansancio después de viajes interminables, sorpresas de reencuentro... Todo un mundo de sensaciones que no se pueden esconder, aunque quieras.

Ayer, al volver de Roma, me pasó algo así. Marco es ese recuerdo que se queda en tu vida como una espina que, tarde o temprano, acabará por doler. Se acabó por motivos ajenos a nosotros y yo siempre mantuve la esperanza de una segunda oportunidad. Ayer me reafirmé.

Yo, maleta en mano, recorría los interminables pasillos del aeropuerto observando las caras de los demás. Él, como siempre, corría con su cámara despreocupado, rumbo a no sé dónde. Nos miramos, nos reconocimos y corrí a abrazarle.

Pude ver su sonrisa, sin su máscara de chico duro y recordar ese olor tan familiar. Él me abrazó y me acarició el pelo, como solía hacer antaño. Yo. sonreí, olvidando la máscara también.

Me dijo que le encantaría tomar un café pero se le había echado el tiempo encima e iba a perder su avión.

Me puse la máscara.

- No pasa nada, tranquilo, ya nos veremos con más calma.

Me besó y se fue.

Esta mañana, un correo suyo decía: "Mi vuelo llega a España mañana a las 19.30h, ven a buscarme y retomemos la conversación del otro día".

Mi máscara dirá que no sabe si ir o no, mi yo, sin filtros, no puede estar más nervioso y sabe que es la oportunidad que siempre ha esperado.

@Saralacalle

miércoles, 4 de abril de 2012

Cuando descubres que le quieres...

Siempre me había preguntado cómo sabes que quieres a una persona. Anoche lo descubrí.

Javi y yo nos hemos mudado hace muy poco. Y, como ya se sabe, en todas las casas nuevas hay miles de fallos. Ayer la caldera dejó de funcionar. ¿Cómo es posible? Estábamos viendo una película cuando notamos que hacía frío. Me levanté, toqué el radiador y, efectivamente, la caldera no funcionaba. Sacamos las instrucciones, las leímos (sí, Javi, aunque es hombre, lee instrucciones) e hicimos lo que ponía. Nada. No arrancaba.

- ¿Y si nos acostamos ya? Preguntó con cara de picardía.

Acepté. Era mucho mejor plan que seguir peleándose con un aparato que no reaccionaba.

Nos metimos en la cama. Helada. Tiritabamos desde los dientes hasta los meñiques de los pies.

Maldije al instalador de la caldera, al cambio de tiempo que nos ha devuelto el invierno a Madrid y, sobre todo, a Javi por acaparar todo el nórdico.

A mitad de la noche, cuando ya se me había olvidado el frío que hacía fuera de la cama, Javi se acercó y me dijo al oído; "Nena, ¿me traerías un vaso de leche caliente?".

Le miré, sonreí y salí de ese cálido ambiente para pisar el clima noruego que había en la cocina.

La vida está hecha de esos pequeños detalles, de esos momentos que, sin quererlo, te cambian la vida.

@Saralacalle

martes, 3 de abril de 2012

Los fantasmas de mis exnovios

- ¿Tu casa tiene trastero?

Esa pregunta me ha hecho recordar mi temor a entrar en ese cuartucho. Para que yo pise la planta -2 de mi edificio y entre en el trastero, tiene que ser una cuestión de vida o muerte. Se dice que en todas las casas hay un cajón de sastre, en mi caso es ese. Allí guardo todas esas cosas incatalogables que poco a poco se acumulan sin saber bien el motivo.

Hoy he bajado para comprobar que todo seguía en orden. Cajas de apuntes de la carrera, una bicicleta que nunca paseó lo suficiente, una cometa cuyo vuelo nunca se elevó demasiado, unos viejos patines que prefiero olvidar... Hasta que la he visto. Ahí estaba mi caja. "PELIGRO: EX A LA  VISTA", escrito con rotulador en uno de sus lados. Como no podía ser de otra forma, la he abierto.
Un trípode, una bufanda del Rayo Vallecano, unas gafas de bucear y mi tesoro más preciado; una caña de pescar desmontable. Un contenido de lo más bizarro. Esa caja está dedicada a los hobbies de mis exparejas. Yo, como buena novia que se precie, me aficiono a sus aficiones. He madrugado para fotografiar amaneceres, he ido a partidos de futbol cuando diluviaba, he ido a hacer submarinismo en pleno invierno y, lo mejor de todo, he ido a pescar. Sí, ahora lo pienso y no me lo creo. Aún recuerdo esa anécdota. 16 de Noviembre, mi 20 cumpleaños y Dani apareció con su regalo; una caña de pescar desmontable. Rosa, sí, muy rosa, pero una caña de pescar. En ese momento quise llorar y pegarle con ella. No lo hice. El domingo siguiente fuimos a pescar truchas. Juro que me encantó.


Después de subir del trastero, mi cabeza era un hervidero emocional y me he puesto a hacer la maleta para despejarme. Vacaciones de Semana Santa. Todo preparado. Palos de golf también.

Sí, a mi chico le gusta el golf. ;-)

@Saralacalle

lunes, 26 de marzo de 2012

Todos los días de mi vida.

Domigo de cine. Vengo de ver "Todos los días de mi vida". La película merece la pena, mucho. Para no desvelarla, solo diré que una pareja de casados tiene un accidente de coche y ella pierde la memoria parcialmente, solo recuerda sus años de adolescente pero de su marido, ni rastro.

Eso me ha hecho acordarme de Borja. Borja está casado. Borja es una locura. Una maravillosa locura. Esa persona que con solo mirarte es capaz de llevarte al límite, de lo bueno y de lo malo. Borja me hizo perder la cabeza y hoy he vuelto a pensar en él. Tuvimos una aventura. Corta pero intensa. Bueno, no tan corta. Nos veíamos todo lo que podíamos, no era mucho, pero para mi era suficiente. Siempre en mi casa. Siempre de noche. Siempre con una copa de ron por medio.

Cuando todo terminó, decidí hacer algo por él. Él no me lo pidió pero yo lo hice. Me tatué una señal. No se ve, es pequeña y discreta y nadie sabe lo que significa. Pensé que si algún día me pasaba algo, solo él podría explicármelo y así me contaría toda nuestra historia.

En la película también buscan evidencias de "porque estaban enamorados". En una pareja siempre hay "pruebas", ¿no? Una foto, un vídeo, una carta, algo. Pero como en nuestro caso no podía ser así, yo le prometí decirle todos los días que le quería y no hubo un día en que no le mandase un mensaje diciéndoselo.

Hoy han pasado exactamente 126 días desde que lo dejamos y en mi bandeja de borradores hay exactamente 125 mensajes de buenas noches y sus correspondientes 'te quiero'. No necesito dejar evidencias de que le sigo queriendo, pero me gusta hacerlo. Aquí va el 126, pequeño. ;-)

@Saralacalle

viernes, 23 de marzo de 2012

Cómo repartimos...

Hoy me he levantado pensando en la canción de Ella Baila Sola, "¿Cómo repartimos los amigos?". Por suerte, Alex y yo no teníamos amigos en común, cada uno tenía su grupo y eso, cuando lo acabas de dejar, es una gran ventaja. Puedes criticar "al otro" a tus anchas y no vas a dejar de hacer nada por no coincidir con él. Una suerte.

El tema es que la ruptura fue de lo más amistosa. Se nos gastó el amor. No de tanto usarlo, pero se nos gastó. Creo que era un defecto de fábrica. Tenía los días contados. Alex llevaba un tatuaje en la espalda que rezaba "Consumir antes de Marzo 2012". Le hice caso, para evitarme una indigestión más que nada.

Pero esta mañana, al poner el pie en el suelo, ahí estaba Gato mirándome. Gato es nuestro gato, obvio. Cuando Alex me lo regaló supe que era una señal, era el elegido, me estaba regalando un ser vivo, una criaturita a la que hay que dedicarle tiempo y cariño. Al principio todo era perfecto (excepto el momento de elegir el nombre...) pero ya no. ¿Qué hago con Gato? Cuando él vino a casa a recoger sus cosas no se lo llevó. Cogió su ropa, su consola, su bufanda del Madrid y la foto que tenía en la mesilla del último viaje a Paris. ¿Se olvidó de Gato? ¿Quiso que me lo quedase yo? ¿Aparecerá un día a las tres de la mañana diciendo que le echa mucho de menos?

Y aquí estoy, escribiendo esto mientras Gato no para de maullarme. Me mira con esos enormes ojos y parece decirme: "A estas horas Alex ya me había dado el desayuno".

Sí Gato, a mi también me lo hubiese dado ya.

@Saralacalle

jueves, 22 de marzo de 2012

Pedacitos de realidad

- Sara, ¿lo habéis dejado? ¿Qué ha pasado? Acabo de leer tu blog, me decía una amiga por teléfono esta mañana.

Y esa llamada me ha hecho recapacitar. Este blog también es parte de ellas, aquí nada de lo que se cuenta es verdad, o sí, el caso es que hay muchas historias inspiradas en ellas. Y hoy quiero escribir sobre la relación que tenemos.

Somos un trío. A cada cual más distinta. Ayer, sin ir más lejos, pasamos la tarde juntas. Fuimos al bar de siempre y mantuvimos la conversación de siempre; las rupturas. No somos expertas en relaciones, ni mucho menos, somos expertas en rupturas.

¿A quién no le han dejado alguna vez? A nosotras muchas, de hecho, creo que deberíamos empezar a hacer una lista. Hemos oído mil veces eso de "no eres tú, soy yo", "te mereces algo mejor", "no es el momento", eso con los tíos que merecían la pena. Otras veces hemos escuchado cosas del tipo "no vayas a enamorarte", con mandriles que solo pensaban en el apareamiento, o lo que es peor, nos han dejado sin llegar a estar saliendo. Fuerte, ¿verdad?

Bueno, pues repasando todas esas historias llegamos a la siguiente conclusión: el día en que un hombre te deja, es el día que más guapo está. Sí, las tres coincidíamos en este planteamiento. Al principio pensábamos que solo era que teníamos un buen recuerdo, pero no, incluso de los que borraríamos su cara del mapa, tenemos una bonita imagen final. Hay algo distinto en ellos. Se han cortado el pelo, están mejor afeitados, han cambiado de colonia, estrenan una camisa...

¿Preparándose para la soltería de nuevo?

Puede.

@Saralacalle con la colaboración de Mónica Santamaría y Alexandra López.



Pd: He elegido este vídeo porque todo es un "suma y sigue", todos los pedacitos forman parte de la tarta. ;-)



miércoles, 21 de marzo de 2012

Lo que con un café empieza, con un café acaba.

Hoy llueve en Madrid, después de un invierno seco la primavera se estrena pasada por agua y los recuerdos afloran.

- ¿Por qué llevas botas de agua?
- Porque han dicho en la tele que va a llover.
- Sara, mira que sol hace, por favor.

Y entonces recuerdo tu risa. No sueles reirte a carcajadas, siempre has sido muy comedido, incluso conmigo.

Y ese simple recuerdo trae a mi mente una historia.

Empezó de la forma más inesperada posible.

- ¿Conoces a nuestra becaria? Es guapa, ¿verdad? Y no tiene novio.

Un comentario, una sonrisa, un café. Dos. Tres. Y un desayuno.

Y como escribí en el post anterior; acabamos como empezamos, siendo dos desconocidos.

@Saralacalle

lunes, 19 de marzo de 2012

Darse cuenta...

Y de repente se dan cuenta de que dónde antes había palabras ahora solo hay silencios. Que los días ya no aparecen tachados en el calendario y de que da igual cuando volverá. Que en la cama hay un muro invisible que ninguno de los dos traspasará por miedo a molestar.

¿Por qué? Porque acabaron como empezaron, siendo dos desconocidos.

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Mala suerte?


9:10h, un lunes más llega tarde a clase. La profesora de Relaciones Públicas no va a dejarla pasar y, por un lado, se alegra, odia esa asignatura y a la profesora más.

Hoy ha notado más gente de la habitual en el metro, no soporta los empujones ni las aglomeraciones. Decide bajarse una parada antes de lo habitual y, de nuevo, choca con un chico que la impide salir.

 -¿Qué le pasa hoy a todo el mundo?, se pregunta enfadada.

Sale por fin a la calle y camina relajada. La verdad es que no le apetecía nada tener que ir a esa clase, sin duda alguna, es la peor de toda la carrera y lleva arrastrándola desde primero.

Le encanta pasear a esa hora, la ciudad está adormilada, los escaparates aún a media luz, olor a bollos saliendo de las pastelerías y todo el mundo caminando como autómatas; unos llevando a los niños al cole, otros corriendo al trabajo, otros como ella yendo a clase... La vida de la grandes ciudades.

Ya que no va a llegar a tiempo, para en una de sus cafeterías favoritas y pide un capuchino. Se sienta en la mesa que más cerca está de la vidriera y saca el libro que está leyendo: "37 cafés y un desayuno".


Comienza a leer y poco a poco se adentra en la historia y no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor.

Al rato, un plato cae al suelo rompiendo su concentración. ¡Ostras! 9:50h, si no corre va a llegar tarde también a la segunda clase del día. Se levanta y va a pagar a la barra.

Cuando abre el bolso no encuentra su monedero y empieza  vaciarlo sobre la barra. La carpeta, el móvil, el mp3, la bolsa de aseo, la grabadora, el estuche... Nada, no hay manera. ¿Se lo habrá dejado en casa? ¿Se lo habrán robado? Mientras está dándole vueltas a esas ideas, alguien detrás de ella acerca un billete de cinco euros al camarero y le dice que se cobre.

Ella se da la vuelta y se queda petrificada. Es un chico de más de 1.90, con unos preciosos ojos azules que solo sabe sonreir. Ella, tímida dónde las haya, solo sabe darle las gracias.

- No me las des, nos vemos mañana aquí, a la misma hora.

@Saralacalle

domingo, 19 de febrero de 2012

Cita a ciegas.

Una mañana de domingo, ella salió a comprar el periódico y el pan, y su vida cambió.

Tenía 35 años pero ya se veía mayor para según qué cosas. Su matrimonio no funcionó desde el primer momento y hacía seis meses que se había separado. Lo único que la animaba en esos momentos era Pablo, su hijo, tenía solo dos años y permanecía ajeno a todos los cambios que se habían producido en la vida de sus padres en los últimos meses.

Después de pasear un rato bajo un sol de Octubre que aún calentaba, paró en el parque cerca de su casa, se sentó en un banco y dejó que Pablo corretease por allí.

Echó un vistazo a las noticias pero no se detuvo en ninguna en particular. A ella no le gustaba la prensa, la compraba porque era una tradición que su marido le había inculcado y se resistía a romper con ella. Siguió pasando hojas hasta que llegó a la sección de Anuncios. Allí se detuvo. Había de todo, era como un cajón de sastre, podías encontrar lo mejor de cada casa descrito en menos de ciento cincuenta caracteres.

De repente, uno de los anuncios llamó su atención, era una agencia matrimonial. Ella nunca había respondido a un anuncio de esos, pero algo en su interior la llevó a marcar el teléfono. Cuando colgó, tres minutos después, había concertado una cita para el día siguiente con un hombre de las características que siempre había buscado. Estaba realmente sorprendida, ella no era una persona impulsiva y no sabía muy bien porqué había hecho eso.

Hoy, meses después, Pablo ha ido a comprar el periódico con sus padres cogidos de la mano. Aquella cita gestionada a través de un anuncio, les dio a sus padres la segunda oportunidad que ellos mismos no se atrevieron a darse.

@Saralacalle

sábado, 18 de febrero de 2012

Cuestión de chinchetas

Hay gente que tiene una lamparita en la mesilla, es lo más normal del mundo, pero ella no, ella tiene una bola del mundo.

Hace un año, cuando se fue a vivir con su chico, él se la regaló. Sabía que por motivos de trabajo iba a pasar mucho tiempo fuera y entonces le pidió que siempre que se despertase le buscase en el mapa. A ella le pareció una idea de lo más romántica.

Él ideó un sistema en el cual la duración de su viaje vendría determinada por el color de la chincheta del mapa. Las chinchetas verdes eran viajes de un solo día, las amarillas tres ó cuatro y las rojas una semana o más, las odiaba. Pero la leyenda del mapa tenía un icono más, una mariquita, era su animal preferido, y siempre solía decir que era el animal más elegante del mundo por saber combinar tan bien los colores. Ambos se reían.

Hoy, cuando se ha despertado, ha buscado, como todos los días, la chincheta, pero su sorpresa ha sido cuando ha visto que hoy tocaba mariquita.

Ha cerrado los ojos, ha aspirado fuerte y de la cocina ha venido olor a café y a tostadas.



Hoy la mariquita está en Madrid.

@Saralacalle

Falsas ofertas de trabajo.

Hoy no voy a escribir una historia de amor, hoy va a escribir una historia personal. Vivida en primera persona.


Ayer fui a una entrevista de trabajo, me avisaron de que había pasado una primera selección y querían verme al día siguiente. Me alegré, era un puesto para el departamento de prensa de VODAFONE, o al menos, así me lo vendieron.

Mi sorpresa fue cuando, al llegar a la oficina, vi que éramos un montón de personas y a cada uno nos habían contado una cosa. Unos estaban allí para puestos de administrativos, otros para puestos de marketing, otros para comerciales… Nada más llegar nos dieron un formulario en el que teníamos que contestar preguntas del tipo: ¿Qué conoces de esta empresa? ¿Cómo nos has conocido? ¿Qué aspiraciones tienes? ¿Estás dispuesto a pasar una prueba de formación? Todo muy poco formal. Los formularios, de hecho, eran unos folios escritos en Word sin ningún tipo de sello ni aval fiable, pero oye, ya que estaba allí, ¿qué iba a perder?

Sé que contado así se ven cosas muy raras y que yo solita me metí ahí, pero en el momento no te paras a pensarlas y sigues adelante.

La supuesta jornada de formación no era tal. Resultó ser una auténtica pantomima, a las afueras de Madrid, que a mi, afortunadamente, se me dio bien.

El problema vino cuando mi madre empezó a preocuparse porque después de ocho horas no sabía nada de mi. Los que me conocéis sabéis que soy una persona que está muy enmadrada. Desde que pasé una temporada fuera de España, cogí la costumbre de llamarla siempre a la hora de la comida, es una especie de ritual. Hay gente que piensa que, a mis 23 años, no debería ser así, pero para mi es casi una necesidad. Si por lo que sea el trabajo o cualquier tipo de obligación no me permiten hacer esa llamada, siempre saco 2 minutos para escribirla al Whatsapp y decirla que todo va bien. Ayer no fue así, los móviles tenían que estar apagados (yo lo dejé en silencio, otro error) y alejados de nosotros.

Ella, cuando ya eran más de las 20:00h, decidió ponerse a mirar la dirección a la que había ido (cosa que yo suelo hacer siempre, pero esta vez no hice) y se encontró con más de diez páginas que anunciaban que aquellas supuestas ofertas eran una estafa en las que se abusaba de la gente.

El resumen, para no enrollarme mucho más, es que la policía fue a la supuesta oficina y ¿qué se encontró? Nadie abría la puerta, la música estaba altísima y el cartel de la entidad ni siquiera aparecía ya en el portal. Cuando finalmente abrieron, había una reunión de hombres de origen árabe y allí nadie sabía nada. Raro, ¿verdad?

Cuando yo regresé a la oficina, porque después de pasar la jornada de formación había sido seleccionada, me encontré con la policía allí y me contaron todo lo que había pasado.

Es una empresa que cambia de nombre cada 2 o 3 meses y utiliza el nombre de empresas de renombre como VODAFONE, ORANGE, UNICEF, MANOS UNIDAS… para captar gente. Tienen numerosas denuncias por abusos y para poder seguir manteniendo el negocio van cambiando el nombre y la ubicación de la sede.

La empresa que a mi me citó fue AMB International en la Calle Velazquez, nº100, 4ºD.


Afortunadamente, sólo fue un susto, no pasó nada, aunque no quiero pensar qué hubiese pasado si las otras dos chicas, que habían sido seleccionadas también, y yo, hubiésemos subido a la oficina como nos habían dicho que tendríamos que hacer.

Si comparto esta historia es por tres motivos;

El primero es para que esto no vuelva a pasarle a nadie, cuanta más gente lo sepa, mejor.

El segundo es para dar las gracias a la gente que ayer se vio metida en esto sin comerlo, ni beberlo (mi familia, mis amigas, tú…). Sé que pasasteis un mal rato y, sin duda alguna, eso es lo que más me duele. Yo no soy madre, pero entiendo que si la policía te dice que esa empresa no existe, que es una estafa y que hay un montón de denuncias y tú no sabes nada de tu hija en más de diez horas, te alarmas y haces lo que sea.

Y, por último, para desahogarme, ya sabéis que este es mi rincón y hoy he recibido muchas llamadas en las que, aún por los nervios, no he sabido explicarme bien.

Gracias por leerme, amigos.

@Saralacalle



Pd: Prometo volver con un relato tierno y pasteloso de esos que me gustan a mi.

lunes, 6 de febrero de 2012

Despertarse a medianoche y ver que no estás.

Eran más de las cuatro de la mañana cuando ella se despertó sobresaltada. Se despertó pensando en él. Su aventura había acabado hacía más de tres meses, pero de vez en cuando, a ella le dolía como el primer día.

Se incorporó y fue a la cocina a prepararse una taza de leche. Se sentó y se puso a recordar su historia.

Jaime era un secreto. Un secreto de los grandes. Podía decirse que, sin duda alguna, era la persona a la que más había querido en toda su vida. Pero como todas las historias, tuvo un final. Jaime estaba casado y estaba a punto de ser papá.

Se conocieron hace más de dos años cuando él llegó nuevo a la oficina. Ella le miró y sonrío, y en ese momento supo que él era el elegido. Comenzaron un juego de miradas a través de las pantallas que les separaban. Así pasaron los primeros meses, hasta que un día, en una comida de empresa, ella decidió acercar posiciones. Él la rechazó, afirmó estar "felizmente casado", palabras que ella, a día de hoy, no olvida. Pero el juego siguió.

Meses más tarde, en una cena, también de empresa, él olvidó su estado civil y se ofreció a llevarla a casa. Ella aceptó. En el trayecto parecían una pareja normal y corriente comentando el día en el trabajo, pero ambos sabían que no era así, la tensión se respiraba. El trayecto terminó y ella le ofreció una copa en casa. No hizo falta más. Así empezó su historia.


Con el tiempo, se acostumbraron a verse a escondidas. Siempre en casa de ella y siguiendo un ritual perfectamente estudiado. Él la escribía antes de salir, llegaba, llamaba al timbre, ella abría en ropa interior, se besaban por el pasillo y llegaban a la cama, dónde pasaban la noche hasta que el despertador les devolvía a la realidad.

Así, noche tras noche, durante un año, hasta que algo les hizo ver que esa historia no podía ser...

Ella sabe que es lo mejor, pero aún así, de vez en cuando echa de menos una copa con él.

@Saralacalle

miércoles, 25 de enero de 2012

Mudanza escalonada.

Ayer, mientras preparaba la comida, tenía puesta la radio. Era una de esas tertulias mañaneras en las que se habla de problemas sentimentales. A mi me entretienen y, de vez en cuando, incluso me dan alguna idea. Pues bien, ayer el tema del día era "El cepillo de dientes". Al principio me hizo gracia, pero luego recordé aquella fatídica noche...

Llegué a casa, me duché y me puse el pijama más ñoño que el señor Walt Disney pudo imaginar jamás, hice un cuenco de palomitas y me tumbé a ver una película. A la media hora, cuando Morfeo ya se había apoderado de mí, sonó el timbre, era él, mi chico. Llevábamos juntos más de un año, y él tenía por costumbre sorprenderme de vez en cuando y venir con cena para pasar un rato juntos.

Así lo hicimos, cenamos y terminamos de ver la película. Al rato, nos fuimos a dormir. Pero antes, procedí a los "rituales de noche" (desmaquillarme, lavarme los dientes, cepillarme el pelo, darme cremas ..) y mi sorpresa fue mayúscula cuando ví que junto a mi cepillo de dientes, había otro más. Nuevo, reluciente. Temblé. ¿Qué significaba eso?




Me fui a la cama. No dije a nada. ¡Qué idiota fui! Después de eso vino la Play Station, después unos cuantos CDs, más tarde una bufanda del Real Madrid, así hasta que un día llegó con Nube, un odioso Caniche blanco.

Yo siempre había pensado que las que dábamos ese paso éramos nosotras, primero el secador, luego un pijama, luego una plancha del pelo... Cuidado chicas, cuidado. ;-)

@Saralacalle

martes, 17 de enero de 2012

Habitación 1003

Lo leyó en el periódico, esa misma tarde se inauguraba una exposición fotográfica de un viejo conocido. Era en una galería del centro de Madrid. Hacía años que no sabía nada de él, había seguido sus andanzas a través de la prensa pero nunca se habían vuelto a ver. Habían pasado ocho años desde que decidieron que no podían seguir juntos. Mantuvieron un apasionado romance, a penas unos meses. Unos meses que, para bien o para mal, marcaron el resto de su vida. Lo suyo era una historia imposible.

Se pasó el día mirando el reloj, no sabía si acudir a la inauguración o no. Le apetecía, la verdad es esa, pero no sabía si era buena idea.

Después de muchas dudas, se armó de valor y  pensó que no tenía nada que perder. Al fin y al cabo, siempre le había admirado profesionalmente. Además, pensó, estaría lleno de gente y ella pasaría desapercibida. Solo quería verle.

A la hora de arreglarse, no pudo evitar pensar de nuevo en él, en lo que le gustaba, en lo que no, en aquella vez que fueron juntos de compras y la dependienta de una tienda acabó echándolos del probador... Sí, él había sido alguien importante en su vida.

Casi una hora después, llegó a la galería. Cuando estaba en la puerta y vio toda la gente que había, quiso darse la vuelta y salir corriendo, pero en el fondo algo en su interior le decía que tenía que entrar.

Nada más llegar, un camarero vestido con un elegante traje negro y una pajarita, le ofreció una copa de champán. La cogió y volvió a pensar en él. Le gustaba tomarse una copa de champán charlando con él de cualquier cosa absurda, podían pasarse horas y horas así.

Intentó apartarle de su mente y disfrutar de la exposición. Sus fotografías eran dignas de admiración, todas en blanco y negro, con luces muy fuertes, como a ella le gustaban.

La exposición le estaba encantando, pero había demasiada gente y no podía dedicarse a observar y analizar cada instantánea detenidamente, hasta que se encontró con una foto de la que no pudo apartar la vista. Era un bebé recién nacido tirado en la puertade un orfanato. Era una imagen dura, de esas que ves y no puedes sacarte de la mente durante días. Mientras estaba absorta en sus pensamientos, notó que alguien la estaba mirando. Apartó la vista de la fotografía y ahí estaba él, observándola entre la multitud. Sintió que le temblaban las piernas, tal y cómo sucedió hace más de ocho años, cuando ella era solo una becaria y le presentaron a su jefe. Él sonrío. Ella hizo lo mismo. Y, de repente, alguien se acercó a felicitarle por su maravilloso trabajo, rompiendo ese segundo mágico.

En ese momento, ella dudó, pensó en irse o en dar una vuelta más y terminar de ver todas las fotografías. Eligió la segunda opción, ya si que no tenía nada que perder.

De nuevo, una fotografía alejó de su mente cualquier pensamiento. Era una mujer de espaldas reflejada en el espejo de un cuarto de baño, recién salida de la ducha. La imagen le era familiar. Le sonaba aquella habitación. Le sonaba aquel lunar en el hombro derecho. Era ella. Y entonces recordó. Recordó aquella imagen. Recordó aquel viaje, aquel hotel, aquella ducha...

Él se acercó, se puso detrás de ella y, cuidadosamente, le dio una nota que ponía su nombre por un lado y por otro "1003".




Ella cogió la nota, sonrío y salió de la galería.

Aquella noche volvió a la habitación en la que se había hecho la foto del espejo. La habitación 1003.

@Saralacalle



domingo, 15 de enero de 2012

Bajo la lluvia.

Es tarde y la lluvia ha aparecido en Madrid después de más de dos meses. Ella sale cansada del trabajo y decide coger un taxi. Normalmente no lo haría, iría dando un paseo hasta la estación más cercana de metro y aprovecharía para leer un rato, hoy no, hoy es un día especial. Es su segundo aniversario de bodas y ha quedado con su marido para cenar en su restaurante favorito.

Busca un taxi, tarea nada fácil con la lluvia. Cuando por fin lo encuentra, le da la dirección de su casa al taxista y, además, le hace una pequeña aclaración; "suba por Gran Vía, por favor". Hay rutas más cortas para llegar a su casa, pero le encanta esa calle y más si está lloviendo.

El taxista inicia la marcha y ella vuelve la mirada al exterior, centrándose en sus pensamientos. Cuando más concentrada está, pensando qué modelito va a ponerse, suena su teléfono. Es él, su marido. Lo coge y en seguida su estado de ánimo cambia. El alega problemas de trabajo y le dice que van a tener que post poner su cena. Ella, comprensiva dónde las haya, le dice que no se preocupe, que lo primero es lo primero.

-No trabajes mucho y despiértame cuando llegues, dice antes de colgar.

Está a punto de llorar, le hacía ilusión esa cena, últimamente él viaja mucho y a penas se ven.

Intenta apartar ese pensamiento y disfruta de la visión de Madrid y sus gentes a través de la ventanilla. En ese momento, el taxi se detiene ante un semáforo y ella observa a una mujer rubia, altísima, que camina con unos afilados tacones bajo la lluvia. Parece apurada, llega tarde seguro. Apresura el paso y, de repente, corre a abrazar a alguien.

El semáforo se abre y el taxista reanuda la marcha. Ella sigue mirando a la rubia de piernas infinitas y le ve a él. Abrazándola.

@Saralacalle

miércoles, 11 de enero de 2012

Historias de lavabo.

Son las 18:00h, he quedado con dos amigas en un cafetería céntrica. Llego antes de tiempo, no me gusta que me esperen, prefiero esperar.

Elijo la mesa más alejada, en una esquina, con buena luz y con buenas vistas de todo el local. Justo enfrente hay una pareja, ella parece triste, tiene la mirada perdida mientras él no deja de mirar su Blackberry. Escucho frases sueltas; "antes reías a menudo", "desde que estás en el paro nada te parece bien", "yo también necesito que me escuches de vez en cuando"...

Llegan mis amigas, escandalosas y ruidosas como siempre. Me centro en ellas, aunque de vez en cuando miro a la chica, creo que llora, o está a punto.


Terminamos el café, vamos a pagar pero antes decido pasar al servicio. Está ocupado. Espero. La puerta se abre y sale la chica de la mesa de enfrente, quiero decirle algo pero no me salen las palabras. Cruzamos la mirada. Ella sigue su camino y yo el mío.

Cuando salgo veo en el lavabo una alianza. La cojo. "Siempre juntos", reza en su interior. Tiene que ser suya.

 Al salir veo que está sola en la mesa, llorando desconsolada.

-Perdona, creo que te has dejado esto en el lavabo.

- Puedes quedártela, mi marido es un completo desconocido, como tú.

Me doy la vuelta sorprendida ante esa reacción. Guardo el anillo en el bolsillo y salgo del local.

Acabo de llegar a casa y aún no me creo lo que he vivido, justo esta mañana había leído que "los divorcios están en crisis" en la siguiente noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/11/madrid/1326287868.html


Pero no, lo que está en crisis son los sentimientos.

@Saralacalle