Ella se arregló como si fuese un día más. Esa tarde había quedado con su chico para ir a ver pisos al centro de Madrid. Llevaban más de seis meses juntos y habían decidido dar el paso.
Él decía que solo era una etapa más. Ella sabía que no. Él vivía con tres compañeros más. Ella vivía sola. Dar el paso de dejar su casita para irse a vivir con él, le parecía el salto de su vida. Tenía miedo. Mucho miedo. Aun así, se puso una falda corta y se pintó una sonrisa.
Corrieron Gran Vía abajo para llegar cuanto antes a la calle Luna, número 6, 3ºA. Era un piso que, desde el primer momento, a ella le había enamorado. Cuando entraron y Marta, la casera, se lo enseñó, ella supo que quería vivir ahí. Era un estudio pequeño de paredes blancas y amplios ventanales que le hacían muy acogedor. - Mañana mismo os podéis mudar, dijo Marta. Ella tembló. Él afirmó convencido.
Salieron de aquella visita sabiendo que, tarde o temprano, empezarían una vida allí.
Después de la calle Luna, vinieron dos calles más y sus correspondientes dos pisos. Ya no les convencían, eran bonitos, sí, pero no eran el piso de "la Luna", como ya le llamaban. Aun así, vieron un cuarto piso más y fueron paseando hasta el café de Luanco, en la Cava Baja de Madrid, para tomar un chocolate y comentar la jugada.
Él, normalmente más sensato que ella, lo tenía claro. Hablaba a borbotones, hacia planes, decoraba mentalmente, soñaba a voz en grito. Ella, sonrisa pintada, no paraba de darle vueltas al chocolate. De repente, su móvil vibró en el bolso. "Estoy aparcando en la puerta de tu casa", decía la pantalla.
- ¿Qué te pasa, Sara? No te veo convencida. ¿Quieres que veamos más pisos? No tenemos prisa, tenemos todo el tiempo del mundo.
- No, no es eso. Es una casa perfecta, de verdad. Supongo que solo me da miedo dar ese paso.
- No tengas miedo, esto solo puede ir a mejor.
- Tienes razón, dijo intentando convencerse.
La pantalla del móvil volvió a encenderse. "No tardes, Sara". Imponente.
- Cariño, me tengo que ir, me están esperando las chicas.
- Venga, al final se nos ha hecho muy tarde.
Se despideron. Él la abrazó. Escondió sus manos en el pelo y la acarició. Intentó calmarla. Se agachó y levantó su barbilla. - Mírame, dijo, te prometo que no te vas a arrepentir. Y ella, por primera vez en mucho tiempo, dudó de su relación.
Beso ligero en los labios y cada uno emprendió su camino.
Justo antes de doblar la esquina, sonó su teléfono.
- Estoy llegando ya, perdona. Borja se ha entretenido más de la cuenta.
Aceleró el paso. Caminaba decidida. Estaba deseando llegar a casa. Los semáforos jugaban con ella. Retrasaban. Enervaban.
Por fin, un cuarto de hora más tarde, entraba en su calle, donde llevaba viviendo más de cuatro años. Un coche aparcado le dio las luces. Ella corrió hacia él. Abrió la puerta y se montó corriendo. Le besó fugazmente.
- Sara, habíamos quedado hace más de media hora.
- Hoy no me regañes, abrázame.
Nacho se sorprendió. Sara nunca le había pedido algo así. Sabía que ella estaba a punto de llorar.
Él arrancó el coche y le propuso dar una vuelta bajo la noche de Madrid antes de subir a casa. Sabía que a ella le encantaba.
Estaban callados. Sara tenía la vista fija. Él la miró de reojo.
Unos minutos más tarde, él paró el coche.
- Venga bájate, te quiero enseñar una cosa.
Ella obedeció. Se colocó la bufanda bien y le siguió. No sabía dónde estaba pero caminaba tras él.
- Mira, Sara, mira la luna. Es el mejor sitio de Madrid para verla.
En ese momento, a ella se le llenaron los ojos de lágrimas.
Continuará ...
@Saralacalle
Mostrando entradas con la etiqueta café. Mostrar todas las entradas
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domingo, 10 de marzo de 2013
martes, 1 de mayo de 2012
Café sin azúcar pero con sexo
No era amor. Era sexo. Ella se empeñó en disfrazarlo pero, ahora, pasado el tiempo, sabe que "solo" fue eso. Surgió el primer día que se vieron, ambos se desnudaron con la mirada. Ella era fotógrafa, él jefe de contenidos. No coincidían demasiado en la redacción, pero siempre lo intentaban. Lo que les gustaba era el morbo de la situación, el saber que trabajaban juntos y se acostaban sin que nadie lo supiese, cuando allí parecían dos desconocidos que no tenían nada en común. Nada absolutamente.
Recuerda la primera vez que lo hicieron. Ella venía de una manifestación y tenía que editar el material, él la vió llegar con sus rizos pelirrojos empapados.
- Vaya, parece que te has mojado, le dijo él.
- ¿Quieres comprobarlo? Contestó ella guiñándole un ojo.
Él la miró sorprendido, jamás se hubiese esperado una respuesta así y muchísimo menos allí. No le dió más importancia y volvió a su mesa. El laboratorio de fotografía estaba separado del resto por unas enormes vidrieras. Ella se sentaba de espaldas a él, y él no podía evitar apartar la vista de allí. La observaba continumente. Sabía cómo le gustaba sentarse, el movimiento que hacía para recogerse el pelo, cómo se tocaba la punta de la nariz cuando una foto no terminaba de convencerla...
No aguantó más. Marcó el 052, su número interno.
- Voy a bajar a por un café, ¿te vienes?
Ella tardó en reaccionar, no le había conocido. Cuando cayó en la cuenta de que era él, le dijo que sí corriendo.
Salieron cada uno por su lado hasta encontrarse en el ascensor. Se notaba en el ambiente lo que iba a ocurrir. Se miraban con deseo.
- Yo un café con leche con dos azucarillos, por favor.
- Yo con leche también, sin azúcar.
El café duró menos de cinco minutos, tenían prisa, hambre el uno del otro. ¿Qué hicieron?
Esta vez cogieron el ascensor pero no subieron. Bajaron. Fueron al parking, al coche de él.
Después, al rato, volvieron a la redacción, cada uno por su lado, volviendo a ser unos completos desconocidos.
Ese fue el primer café, sin azúcar pero con sexo, de muchos.
@Saralacalle
lunes, 9 de abril de 2012
Protocolo de actuación.
He quedado con un chico que no conozco, físicamente quiero decir. Hemos hablado horas y horas pero nunca cara a cara.
Llamadme rara, pero nunca he hecho una cosa así. Sí, ya sé, hoy en día eso se lleva mucho pero a mi me sigue pareciendo, cuanto menos, raro. De hecho, la primera "cita" la suspendí, me dió miedo. ¿Y si es un loco? ¿Y si no aparece? ¿Y si solo somos compatibles con una red social por medio? Miedo escénico se le suele llamar a eso. Él fue un caballero, no se molestó, es más, fue muy comprensivo.
A partir de ahí, empecé a fiarme un poco más.
Ahora, después de habernos pasado otros cuatro días (y sus noches) pegados al teléfono, hemos acordado otro encuentro y hemos discutido de lo que él llama el "protocolo de actuación".
- Es un café, no un incendio, le dije.
Él se rió y siguió hablándome de protocolos.
¿Cómo se actúa en una primera cita? ¿Alguna sugerencia? De momento solo sé que hemos quedado en mi calle favorita, en mi número preferido, lo que venga después ya se verá ...
@Saralacalle
Llamadme rara, pero nunca he hecho una cosa así. Sí, ya sé, hoy en día eso se lleva mucho pero a mi me sigue pareciendo, cuanto menos, raro. De hecho, la primera "cita" la suspendí, me dió miedo. ¿Y si es un loco? ¿Y si no aparece? ¿Y si solo somos compatibles con una red social por medio? Miedo escénico se le suele llamar a eso. Él fue un caballero, no se molestó, es más, fue muy comprensivo.
A partir de ahí, empecé a fiarme un poco más.
Ahora, después de habernos pasado otros cuatro días (y sus noches) pegados al teléfono, hemos acordado otro encuentro y hemos discutido de lo que él llama el "protocolo de actuación".
- Es un café, no un incendio, le dije.
Él se rió y siguió hablándome de protocolos.
¿Cómo se actúa en una primera cita? ¿Alguna sugerencia? De momento solo sé que hemos quedado en mi calle favorita, en mi número preferido, lo que venga después ya se verá ...
@Saralacalle
Baile de máscaras.
Los aeropuertos me encantan, es un lugar dónde la gente se olvida de ponerse la máscara y se muestra tal y como es. Puedes ver despedidas con lágrimas en los ojos, cansancio después de viajes interminables, sorpresas de reencuentro... Todo un mundo de sensaciones que no se pueden esconder, aunque quieras.
Ayer, al volver de Roma, me pasó algo así. Marco es ese recuerdo que se queda en tu vida como una espina que, tarde o temprano, acabará por doler. Se acabó por motivos ajenos a nosotros y yo siempre mantuve la esperanza de una segunda oportunidad. Ayer me reafirmé.
Yo, maleta en mano, recorría los interminables pasillos del aeropuerto observando las caras de los demás. Él, como siempre, corría con su cámara despreocupado, rumbo a no sé dónde. Nos miramos, nos reconocimos y corrí a abrazarle.
Pude ver su sonrisa, sin su máscara de chico duro y recordar ese olor tan familiar. Él me abrazó y me acarició el pelo, como solía hacer antaño. Yo. sonreí, olvidando la máscara también.
Me dijo que le encantaría tomar un café pero se le había echado el tiempo encima e iba a perder su avión.
Me puse la máscara.
- No pasa nada, tranquilo, ya nos veremos con más calma.
Me besó y se fue.
Esta mañana, un correo suyo decía: "Mi vuelo llega a España mañana a las 19.30h, ven a buscarme y retomemos la conversación del otro día".
Mi máscara dirá que no sabe si ir o no, mi yo, sin filtros, no puede estar más nervioso y sabe que es la oportunidad que siempre ha esperado.
@Saralacalle
Ayer, al volver de Roma, me pasó algo así. Marco es ese recuerdo que se queda en tu vida como una espina que, tarde o temprano, acabará por doler. Se acabó por motivos ajenos a nosotros y yo siempre mantuve la esperanza de una segunda oportunidad. Ayer me reafirmé.
Yo, maleta en mano, recorría los interminables pasillos del aeropuerto observando las caras de los demás. Él, como siempre, corría con su cámara despreocupado, rumbo a no sé dónde. Nos miramos, nos reconocimos y corrí a abrazarle.
Pude ver su sonrisa, sin su máscara de chico duro y recordar ese olor tan familiar. Él me abrazó y me acarició el pelo, como solía hacer antaño. Yo. sonreí, olvidando la máscara también.
Me dijo que le encantaría tomar un café pero se le había echado el tiempo encima e iba a perder su avión.
Me puse la máscara.
- No pasa nada, tranquilo, ya nos veremos con más calma.
Me besó y se fue.
Esta mañana, un correo suyo decía: "Mi vuelo llega a España mañana a las 19.30h, ven a buscarme y retomemos la conversación del otro día".
Mi máscara dirá que no sabe si ir o no, mi yo, sin filtros, no puede estar más nervioso y sabe que es la oportunidad que siempre ha esperado.
@Saralacalle
lunes, 20 de febrero de 2012
¿Mala suerte?
Hoy ha notado más gente de la habitual en el metro, no soporta los empujones ni las aglomeraciones. Decide bajarse una parada antes de lo habitual y, de nuevo, choca con un chico que la impide salir.
-¿Qué le pasa hoy a todo el mundo?, se pregunta enfadada.
Sale por fin a la calle y camina relajada. La verdad es que no le apetecía nada tener que ir a esa clase, sin duda alguna, es la peor de toda la carrera y lleva arrastrándola desde primero.
Le encanta pasear a esa hora, la ciudad está adormilada, los escaparates aún a media luz, olor a bollos saliendo de las pastelerías y todo el mundo caminando como autómatas; unos llevando a los niños al cole, otros corriendo al trabajo, otros como ella yendo a clase... La vida de la grandes ciudades.
Ya que no va a llegar a tiempo, para en una de sus cafeterías favoritas y pide un capuchino. Se sienta en la mesa que más cerca está de la vidriera y saca el libro que está leyendo: "37 cafés y un desayuno".
Comienza a leer y poco a poco se adentra en la historia y no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor.
Al rato, un plato cae al suelo rompiendo su concentración. ¡Ostras! 9:50h, si no corre va a llegar tarde también a la segunda clase del día. Se levanta y va a pagar a la barra.
Cuando abre el bolso no encuentra su monedero y empieza vaciarlo sobre la barra. La carpeta, el móvil, el mp3, la bolsa de aseo, la grabadora, el estuche... Nada, no hay manera. ¿Se lo habrá dejado en casa? ¿Se lo habrán robado? Mientras está dándole vueltas a esas ideas, alguien detrás de ella acerca un billete de cinco euros al camarero y le dice que se cobre.
Ella se da la vuelta y se queda petrificada. Es un chico de más de 1.90, con unos preciosos ojos azules que solo sabe sonreir. Ella, tímida dónde las haya, solo sabe darle las gracias.
- No me las des, nos vemos mañana aquí, a la misma hora.
@Saralacalle
sábado, 18 de febrero de 2012
Cuestión de chinchetas
Hay gente que tiene una lamparita en la mesilla, es lo más normal del mundo, pero ella no, ella tiene una bola del mundo.
Hace un año, cuando se fue a vivir con su chico, él se la regaló. Sabía que por motivos de trabajo iba a pasar mucho tiempo fuera y entonces le pidió que siempre que se despertase le buscase en el mapa. A ella le pareció una idea de lo más romántica.
Él ideó un sistema en el cual la duración de su viaje vendría determinada por el color de la chincheta del mapa. Las chinchetas verdes eran viajes de un solo día, las amarillas tres ó cuatro y las rojas una semana o más, las odiaba. Pero la leyenda del mapa tenía un icono más, una mariquita, era su animal preferido, y siempre solía decir que era el animal más elegante del mundo por saber combinar tan bien los colores. Ambos se reían.
Hoy, cuando se ha despertado, ha buscado, como todos los días, la chincheta, pero su sorpresa ha sido cuando ha visto que hoy tocaba mariquita.
Ha cerrado los ojos, ha aspirado fuerte y de la cocina ha venido olor a café y a tostadas.
Hoy la mariquita está en Madrid.
@Saralacalle
Hace un año, cuando se fue a vivir con su chico, él se la regaló. Sabía que por motivos de trabajo iba a pasar mucho tiempo fuera y entonces le pidió que siempre que se despertase le buscase en el mapa. A ella le pareció una idea de lo más romántica.
Él ideó un sistema en el cual la duración de su viaje vendría determinada por el color de la chincheta del mapa. Las chinchetas verdes eran viajes de un solo día, las amarillas tres ó cuatro y las rojas una semana o más, las odiaba. Pero la leyenda del mapa tenía un icono más, una mariquita, era su animal preferido, y siempre solía decir que era el animal más elegante del mundo por saber combinar tan bien los colores. Ambos se reían.
Hoy, cuando se ha despertado, ha buscado, como todos los días, la chincheta, pero su sorpresa ha sido cuando ha visto que hoy tocaba mariquita.
Ha cerrado los ojos, ha aspirado fuerte y de la cocina ha venido olor a café y a tostadas.
Hoy la mariquita está en Madrid.
@Saralacalle
miércoles, 11 de enero de 2012
Historias de lavabo.
Son las 18:00h, he quedado con dos amigas en un cafetería céntrica. Llego antes de tiempo, no me gusta que me esperen, prefiero esperar.
Elijo la mesa más alejada, en una esquina, con buena luz y con buenas vistas de todo el local. Justo enfrente hay una pareja, ella parece triste, tiene la mirada perdida mientras él no deja de mirar su Blackberry. Escucho frases sueltas; "antes reías a menudo", "desde que estás en el paro nada te parece bien", "yo también necesito que me escuches de vez en cuando"...
Llegan mis amigas, escandalosas y ruidosas como siempre. Me centro en ellas, aunque de vez en cuando miro a la chica, creo que llora, o está a punto.
Terminamos el café, vamos a pagar pero antes decido pasar al servicio. Está ocupado. Espero. La puerta se abre y sale la chica de la mesa de enfrente, quiero decirle algo pero no me salen las palabras. Cruzamos la mirada. Ella sigue su camino y yo el mío.
Cuando salgo veo en el lavabo una alianza. La cojo. "Siempre juntos", reza en su interior. Tiene que ser suya.
Al salir veo que está sola en la mesa, llorando desconsolada.
-Perdona, creo que te has dejado esto en el lavabo.
- Puedes quedártela, mi marido es un completo desconocido, como tú.
Me doy la vuelta sorprendida ante esa reacción. Guardo el anillo en el bolsillo y salgo del local.
Acabo de llegar a casa y aún no me creo lo que he vivido, justo esta mañana había leído que "los divorcios están en crisis" en la siguiente noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/11/madrid/1326287868.html
Elijo la mesa más alejada, en una esquina, con buena luz y con buenas vistas de todo el local. Justo enfrente hay una pareja, ella parece triste, tiene la mirada perdida mientras él no deja de mirar su Blackberry. Escucho frases sueltas; "antes reías a menudo", "desde que estás en el paro nada te parece bien", "yo también necesito que me escuches de vez en cuando"...
Llegan mis amigas, escandalosas y ruidosas como siempre. Me centro en ellas, aunque de vez en cuando miro a la chica, creo que llora, o está a punto.
Terminamos el café, vamos a pagar pero antes decido pasar al servicio. Está ocupado. Espero. La puerta se abre y sale la chica de la mesa de enfrente, quiero decirle algo pero no me salen las palabras. Cruzamos la mirada. Ella sigue su camino y yo el mío.
Cuando salgo veo en el lavabo una alianza. La cojo. "Siempre juntos", reza en su interior. Tiene que ser suya.
Al salir veo que está sola en la mesa, llorando desconsolada.
-Perdona, creo que te has dejado esto en el lavabo.
- Puedes quedártela, mi marido es un completo desconocido, como tú.
Me doy la vuelta sorprendida ante esa reacción. Guardo el anillo en el bolsillo y salgo del local.
Acabo de llegar a casa y aún no me creo lo que he vivido, justo esta mañana había leído que "los divorcios están en crisis" en la siguiente noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/11/madrid/1326287868.html
Pero no, lo que está en crisis son los sentimientos.
@Saralacalle
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