sábado, 19 de abril de 2014

Las cosas que no pude responder

Caminaba por el pasillo somnolienta en dirección al baño cuando vio algo raro en el suelo del pasillo. Se agachó, sujetándose la cabeza porque el alcohol aún seguía haciéndole efecto, y lo recogió. Justo al lado de la puerta había un sobre, en el que con una bonita letra redondeada, ponía "Sara Lacalle". Lo cogió y corrió al baño sin dejar de pensar qué sería. ¿Quién habría metido un sobre bajo el quicio de la puerta? ¿Por qué no lo había dejado en el buzón?

Ah, de repente se dio cuenta, llevaba meses siendo la presidenta de la comunidad de vecinos, seguro que era una circular. Dejó el sobre encima de la mesa y volvió a la cama con Aitor.

- Buenos días, Bella Durmiente. Ayer te quedaste dormida nada más llegar, no me dio tiempo ni a quitarme las lentillas.

- El vino, yo no se porqué siempre pides vino tinto si sabes que me da sueño...

Y empezó a hacerle cosquillas y se acabó el enfado fingido.

Cuando se levantaron, Aitor reparó en el sobre, lo cogió y lo miró asombrado.

- ¿Sari, qué esto? Le preguntó asomándose en la cocina.

- No sé, estaba en el suelo del pasillo. Ábrelo, seguro que es algo de la comunidad.

- ¿Cómo va a ser de la comunidad un sobre tan hortera?

Aitor, con sus manazas, empezó a abrirlo.

- Sari, es una invitación de boda. 

- ¿De quién? No tenemos ninguna boda a la vista...

- Jaime y Noelia... En Ribadesella, en la Parroquia de San Martín el 24 de Junio a las 18:00h...



Y a Sara se le cayó la tostada al suelo. Y Aitor tiró la invitación y el sobre a la basura. Y Sara se fue sin decir nada a la ducha, a llorar en silencio.

¿Qué tienes que sentir cuando tu ex se casa? ¿Por qué había elegido casarse en la iglesia en la que dos años atrás ella le había dicho que quería casarse? ¿Por qué el 24 de junio que era su cumpleaños?

A veces, las preguntas no tienen respuesta.

@Saralacalle



lunes, 7 de abril de 2014

Cama caliente

El concepto de "cama caliente" a Sara le sonaba a China y a chino. A lejos. A mala calidad. Hasta que lo vivió en sus carnes. Y en sus sábanas. Es lo que tiene enamorarse de un hombre casado...

Que jamás te despertarás a su lado y  le observarás con los primeros rayos  del día. Que da igual si en tu nevera no hay leche para hacer un café, es más, jamás sabrás si le gusta sólo o con hielo. Tampoco sabrás si aparca bien o si baja la ventanilla y apaga la radio al hacerlo. Y... ¿Qué musica escucha? La única canción que has oído a su lado es la del cabecero golpeando en la pared con las embestidas que balancean sus caderas. 
¿Y su ropa? Jamás la conocerás porque siempre le verás a oscuras, con la única luz de una lamparita en la mesilla que le alumbra durante mediomminuto mientras se desnuda y se mete en la cama. ¿Y tu ropa? Dejarás de pensar en trapitos de día y dedicarás medio sueldo a modelitos de noche. 

Y respira tranquila, amiga, que cuando reciba una invitación de boda tu nombre no irá en el sobre.

 Esto es lo que es, Sara, una cama caliente hasta la siguiente. 

@Saralacalle




domingo, 6 de abril de 2014

La Dona e Mobile

Sara caminaba con paso firme, había quedado con sus amigas en la terraza de Poniente para tomar una copa y celebrar su contrato indefinido.  

Cuando subió las escaleras del metro de Moncloa,  el sol caía sobre Madrid y se notaba en el ambiente el buen humor que acompañaba el buen tiempo y la llegada de la primavera.

Emprendió su camino con paso firme, sonriendo, incluso intentando seducir a algún conductor que miraba más de lo necesario su minifalda. En ese momento pensó en Marta, su hermana pequeña,  y en cómo le regañaba cada vez que sonreía a un desconocido y le decía que era "una buscona". Volvió a sonreir. Marta, ¡qué iba a saber ella a sus catorce años de  lo que era seducir a un desconocido! En eso estaba pensando cuando se paró en el acto. Un músico callejero, acompañado de un radiocaset de hace más de veinte años, emulaba a Giuseppe Verdi y entonaba "La Dona e mobile". Ella enmudeció y sus ojos se inundaron de lágrimas. 

Esa canción, justo esa canción, ¿por qué sonaba ahora? Su mente retrocedió hasta hace tres meses cuando Álvaro y ella se escaparon a un hotel en la sierra. Uno de esos pequeños y lujosos. Era su fin de semana y no les importaba gastarse medio sueldo en dos días. Fueron dos días perfectos, la habitación era amplia y coqueta pero el baño... El baño, estaba lleno de espejos y era tan grande que ambos se rieron pensando que ese baño era más grande que el salón de su casa. Y lo aprovecharon, lo aprovecharon tanto que se pasaron el fin de semana entero con los deditos arrugados de tanta agua. 


El recuerdo más bonito que Sara tenía de esos días era de ese baño. Una noche, justo antes de cenar, ella se secaba el pelo en braguitas y sujetador y Álvaro en la ducha berreaba "La Dona e mobile". Sin ritmo. Sin tono. Ella se reía a carcajadas y él cantaba más alto aún. Sara paró el secador y le dijo que se callase, que les iban a llamar la atención, que el hotel era pequeño y las habitaciones estaban muy juntas.

Él paró un momento y dijo: "si quieres que me calle tendrás que taparme la boca".

Ella le ignoró y siguió secándose el pelo. Pero él berreaba más y más alto. 

- La donna è mobile, qual piuma al vento, muta d'accento, e di pensiero...

Sara se hartó y se acercó hasta él, y le puso la mano en la boca.

- Álvaro, cállate ya o esta noche tendré que decirte que me duele la cabeza...

- ¿Ah, si? Entonces no pienso esperar hasta esta noche.

Y tiró de ella, forcejeando cariñosamente, y acabó metiéndola en la ducha, con su ropa interior y su pelo seco. Y siguió cantando...


"La donna è mobile, qual piùma al vento,
muta d'accento e di pensier,
e di pensier, e di pensier". 

 @Saralacalle