lunes, 20 de febrero de 2012

¿Mala suerte?


9:10h, un lunes más llega tarde a clase. La profesora de Relaciones Públicas no va a dejarla pasar y, por un lado, se alegra, odia esa asignatura y a la profesora más.

Hoy ha notado más gente de la habitual en el metro, no soporta los empujones ni las aglomeraciones. Decide bajarse una parada antes de lo habitual y, de nuevo, choca con un chico que la impide salir.

 -¿Qué le pasa hoy a todo el mundo?, se pregunta enfadada.

Sale por fin a la calle y camina relajada. La verdad es que no le apetecía nada tener que ir a esa clase, sin duda alguna, es la peor de toda la carrera y lleva arrastrándola desde primero.

Le encanta pasear a esa hora, la ciudad está adormilada, los escaparates aún a media luz, olor a bollos saliendo de las pastelerías y todo el mundo caminando como autómatas; unos llevando a los niños al cole, otros corriendo al trabajo, otros como ella yendo a clase... La vida de la grandes ciudades.

Ya que no va a llegar a tiempo, para en una de sus cafeterías favoritas y pide un capuchino. Se sienta en la mesa que más cerca está de la vidriera y saca el libro que está leyendo: "37 cafés y un desayuno".


Comienza a leer y poco a poco se adentra en la historia y no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor.

Al rato, un plato cae al suelo rompiendo su concentración. ¡Ostras! 9:50h, si no corre va a llegar tarde también a la segunda clase del día. Se levanta y va a pagar a la barra.

Cuando abre el bolso no encuentra su monedero y empieza  vaciarlo sobre la barra. La carpeta, el móvil, el mp3, la bolsa de aseo, la grabadora, el estuche... Nada, no hay manera. ¿Se lo habrá dejado en casa? ¿Se lo habrán robado? Mientras está dándole vueltas a esas ideas, alguien detrás de ella acerca un billete de cinco euros al camarero y le dice que se cobre.

Ella se da la vuelta y se queda petrificada. Es un chico de más de 1.90, con unos preciosos ojos azules que solo sabe sonreir. Ella, tímida dónde las haya, solo sabe darle las gracias.

- No me las des, nos vemos mañana aquí, a la misma hora.

@Saralacalle

domingo, 19 de febrero de 2012

Cita a ciegas.

Una mañana de domingo, ella salió a comprar el periódico y el pan, y su vida cambió.

Tenía 35 años pero ya se veía mayor para según qué cosas. Su matrimonio no funcionó desde el primer momento y hacía seis meses que se había separado. Lo único que la animaba en esos momentos era Pablo, su hijo, tenía solo dos años y permanecía ajeno a todos los cambios que se habían producido en la vida de sus padres en los últimos meses.

Después de pasear un rato bajo un sol de Octubre que aún calentaba, paró en el parque cerca de su casa, se sentó en un banco y dejó que Pablo corretease por allí.

Echó un vistazo a las noticias pero no se detuvo en ninguna en particular. A ella no le gustaba la prensa, la compraba porque era una tradición que su marido le había inculcado y se resistía a romper con ella. Siguió pasando hojas hasta que llegó a la sección de Anuncios. Allí se detuvo. Había de todo, era como un cajón de sastre, podías encontrar lo mejor de cada casa descrito en menos de ciento cincuenta caracteres.

De repente, uno de los anuncios llamó su atención, era una agencia matrimonial. Ella nunca había respondido a un anuncio de esos, pero algo en su interior la llevó a marcar el teléfono. Cuando colgó, tres minutos después, había concertado una cita para el día siguiente con un hombre de las características que siempre había buscado. Estaba realmente sorprendida, ella no era una persona impulsiva y no sabía muy bien porqué había hecho eso.

Hoy, meses después, Pablo ha ido a comprar el periódico con sus padres cogidos de la mano. Aquella cita gestionada a través de un anuncio, les dio a sus padres la segunda oportunidad que ellos mismos no se atrevieron a darse.

@Saralacalle

sábado, 18 de febrero de 2012

Cuestión de chinchetas

Hay gente que tiene una lamparita en la mesilla, es lo más normal del mundo, pero ella no, ella tiene una bola del mundo.

Hace un año, cuando se fue a vivir con su chico, él se la regaló. Sabía que por motivos de trabajo iba a pasar mucho tiempo fuera y entonces le pidió que siempre que se despertase le buscase en el mapa. A ella le pareció una idea de lo más romántica.

Él ideó un sistema en el cual la duración de su viaje vendría determinada por el color de la chincheta del mapa. Las chinchetas verdes eran viajes de un solo día, las amarillas tres ó cuatro y las rojas una semana o más, las odiaba. Pero la leyenda del mapa tenía un icono más, una mariquita, era su animal preferido, y siempre solía decir que era el animal más elegante del mundo por saber combinar tan bien los colores. Ambos se reían.

Hoy, cuando se ha despertado, ha buscado, como todos los días, la chincheta, pero su sorpresa ha sido cuando ha visto que hoy tocaba mariquita.

Ha cerrado los ojos, ha aspirado fuerte y de la cocina ha venido olor a café y a tostadas.



Hoy la mariquita está en Madrid.

@Saralacalle

Falsas ofertas de trabajo.

Hoy no voy a escribir una historia de amor, hoy va a escribir una historia personal. Vivida en primera persona.


Ayer fui a una entrevista de trabajo, me avisaron de que había pasado una primera selección y querían verme al día siguiente. Me alegré, era un puesto para el departamento de prensa de VODAFONE, o al menos, así me lo vendieron.

Mi sorpresa fue cuando, al llegar a la oficina, vi que éramos un montón de personas y a cada uno nos habían contado una cosa. Unos estaban allí para puestos de administrativos, otros para puestos de marketing, otros para comerciales… Nada más llegar nos dieron un formulario en el que teníamos que contestar preguntas del tipo: ¿Qué conoces de esta empresa? ¿Cómo nos has conocido? ¿Qué aspiraciones tienes? ¿Estás dispuesto a pasar una prueba de formación? Todo muy poco formal. Los formularios, de hecho, eran unos folios escritos en Word sin ningún tipo de sello ni aval fiable, pero oye, ya que estaba allí, ¿qué iba a perder?

Sé que contado así se ven cosas muy raras y que yo solita me metí ahí, pero en el momento no te paras a pensarlas y sigues adelante.

La supuesta jornada de formación no era tal. Resultó ser una auténtica pantomima, a las afueras de Madrid, que a mi, afortunadamente, se me dio bien.

El problema vino cuando mi madre empezó a preocuparse porque después de ocho horas no sabía nada de mi. Los que me conocéis sabéis que soy una persona que está muy enmadrada. Desde que pasé una temporada fuera de España, cogí la costumbre de llamarla siempre a la hora de la comida, es una especie de ritual. Hay gente que piensa que, a mis 23 años, no debería ser así, pero para mi es casi una necesidad. Si por lo que sea el trabajo o cualquier tipo de obligación no me permiten hacer esa llamada, siempre saco 2 minutos para escribirla al Whatsapp y decirla que todo va bien. Ayer no fue así, los móviles tenían que estar apagados (yo lo dejé en silencio, otro error) y alejados de nosotros.

Ella, cuando ya eran más de las 20:00h, decidió ponerse a mirar la dirección a la que había ido (cosa que yo suelo hacer siempre, pero esta vez no hice) y se encontró con más de diez páginas que anunciaban que aquellas supuestas ofertas eran una estafa en las que se abusaba de la gente.

El resumen, para no enrollarme mucho más, es que la policía fue a la supuesta oficina y ¿qué se encontró? Nadie abría la puerta, la música estaba altísima y el cartel de la entidad ni siquiera aparecía ya en el portal. Cuando finalmente abrieron, había una reunión de hombres de origen árabe y allí nadie sabía nada. Raro, ¿verdad?

Cuando yo regresé a la oficina, porque después de pasar la jornada de formación había sido seleccionada, me encontré con la policía allí y me contaron todo lo que había pasado.

Es una empresa que cambia de nombre cada 2 o 3 meses y utiliza el nombre de empresas de renombre como VODAFONE, ORANGE, UNICEF, MANOS UNIDAS… para captar gente. Tienen numerosas denuncias por abusos y para poder seguir manteniendo el negocio van cambiando el nombre y la ubicación de la sede.

La empresa que a mi me citó fue AMB International en la Calle Velazquez, nº100, 4ºD.


Afortunadamente, sólo fue un susto, no pasó nada, aunque no quiero pensar qué hubiese pasado si las otras dos chicas, que habían sido seleccionadas también, y yo, hubiésemos subido a la oficina como nos habían dicho que tendríamos que hacer.

Si comparto esta historia es por tres motivos;

El primero es para que esto no vuelva a pasarle a nadie, cuanta más gente lo sepa, mejor.

El segundo es para dar las gracias a la gente que ayer se vio metida en esto sin comerlo, ni beberlo (mi familia, mis amigas, tú…). Sé que pasasteis un mal rato y, sin duda alguna, eso es lo que más me duele. Yo no soy madre, pero entiendo que si la policía te dice que esa empresa no existe, que es una estafa y que hay un montón de denuncias y tú no sabes nada de tu hija en más de diez horas, te alarmas y haces lo que sea.

Y, por último, para desahogarme, ya sabéis que este es mi rincón y hoy he recibido muchas llamadas en las que, aún por los nervios, no he sabido explicarme bien.

Gracias por leerme, amigos.

@Saralacalle



Pd: Prometo volver con un relato tierno y pasteloso de esos que me gustan a mi.

lunes, 6 de febrero de 2012

Despertarse a medianoche y ver que no estás.

Eran más de las cuatro de la mañana cuando ella se despertó sobresaltada. Se despertó pensando en él. Su aventura había acabado hacía más de tres meses, pero de vez en cuando, a ella le dolía como el primer día.

Se incorporó y fue a la cocina a prepararse una taza de leche. Se sentó y se puso a recordar su historia.

Jaime era un secreto. Un secreto de los grandes. Podía decirse que, sin duda alguna, era la persona a la que más había querido en toda su vida. Pero como todas las historias, tuvo un final. Jaime estaba casado y estaba a punto de ser papá.

Se conocieron hace más de dos años cuando él llegó nuevo a la oficina. Ella le miró y sonrío, y en ese momento supo que él era el elegido. Comenzaron un juego de miradas a través de las pantallas que les separaban. Así pasaron los primeros meses, hasta que un día, en una comida de empresa, ella decidió acercar posiciones. Él la rechazó, afirmó estar "felizmente casado", palabras que ella, a día de hoy, no olvida. Pero el juego siguió.

Meses más tarde, en una cena, también de empresa, él olvidó su estado civil y se ofreció a llevarla a casa. Ella aceptó. En el trayecto parecían una pareja normal y corriente comentando el día en el trabajo, pero ambos sabían que no era así, la tensión se respiraba. El trayecto terminó y ella le ofreció una copa en casa. No hizo falta más. Así empezó su historia.


Con el tiempo, se acostumbraron a verse a escondidas. Siempre en casa de ella y siguiendo un ritual perfectamente estudiado. Él la escribía antes de salir, llegaba, llamaba al timbre, ella abría en ropa interior, se besaban por el pasillo y llegaban a la cama, dónde pasaban la noche hasta que el despertador les devolvía a la realidad.

Así, noche tras noche, durante un año, hasta que algo les hizo ver que esa historia no podía ser...

Ella sabe que es lo mejor, pero aún así, de vez en cuando echa de menos una copa con él.

@Saralacalle