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domingo, 15 de julio de 2012

Mordiscos que delatan

Sábado. 8.30h de la mañana. Es muy pronto para levantarse, reniega un poco y después se va a la ducha. Se pone ropa cómoda y va a la cocina a preparar el desayuno. Carga la cafetera, programa la tostadora, saca las tazas y, de repente, suena el teléfono.

- ¿Qué hora es? Se pregunta en voz alta.

No sabe qué hacer. Si lo coge no sabrá mentir, si no lo hace él insistirá y hará que se ponga más nerviosa aún.

- Buenos días cariño, ¿cómo estás? Le pregunta intentando aparentar toda la calma que no tiene en este momento.

Aitor es ingeniero y ha tenido que pasar el sábado fuera de Madrid por culpa de un proyecto que últimamente le tiene absorvido.

La conversación es "normal". Ella, sorprendentemente, lo está haciendo muy bien. Él tiene ganas de hablar, se le nota. Ella no. Responde un par de preguntas y corta la conversación de la forma más brusca posible.

- Cariño, luego te llamo que voy a desayunar.

- Mmm, vale, llámame luego, dice él poco convencido.

Cuelgan. Ella respira aliviada. Lo ha hecho bien. Sigue sirviendo el desayuno, se asoma por la puerta de la cocina y grita: "Álvaro, ¿cómo quieres el café? Está recién hecho".

Eso fue ayer. Hoy Aitor y ella han pasado todo el día juntos en el campo. Él, demostrándole todo lo que la ha echado de menos estos días. Ella, intentando no recordar la noche del viernes. Había sido relativamente fácil hasta que hace un momento, al salir de la ducha, Aitor le ha dicho: "Qué gracioso, tienes un moratón en el culo que parece un mordisco".

@Saralacalle

domingo, 17 de junio de 2012

Anámnesis

Son las 5.00 a.m. suena el teléfono. Me despierto sobresaltada. El nombre de mi mejor amiga en la pantalla. Lo cojo corriendo.

- ¿Tú has visto la hora que es? Le digo en un tono poco amigable.
- Sara, no me acuerdo de su cara, me dice entre sollozos.

No entiendo nada, no sé de qué habla. Después de varios minutos de conversación y de cerciorarme de que está sobria totalmente, empiezo a entenderla.

Es cierto que cuando llevas mucho tiempo sin ver a una persona se te olvida su cara e incluso su voz. ¿Nunca os ha pasado? A mi sí, pero he encontrado una teoría ideal que hace esta situación más llevadera.

Anámnesis. ¿Qué significa este "palabro"? Platón me lo enseñó. La anámnesis es un teoría que viene a decir que la memoria no existe como tal, nosotros ya tenemos todos los conocimientos adquiridos y solo tenemos que aprender a recordarlos. Me gusta mucho esta teoría, muchísimo. ¿Por qué? Porque eso significa que tú y yo ya nos conocemos, sólo tengo que aprender a recordarte. Sé  que ya te he mirado, te he besado, te he acariciado... y eso me gusta. ¿Por qué? Porque el cuerpo que has hecho tuyo ya no lo olvidas. 

No te recuerdo pero te conozco.

@Saralacalle

domingo, 27 de mayo de 2012

He´s so vain

Es sábado, son más de las cinco de la mañana y llega a casa después de una noche de fiesta con sus amigas. Está agotada, no quería salir pero  han insistido tanto que no ha sabiado decir que no. Ellas querían celebrar su soltería, ella, sin embargo, solo quería quedarse en casa viendo fotos de cuando Marco y ella estaban juntos. No le veía la gracia a salir a celebrar que aquella relación había acabado. Aún así lo hizo, se lo pasó bien, la verdad. Siempre que se juntaban acaba riéndose aunque no quisiese, eso eran amigas de verdad. 

Se quita el ajustado vestido y los tacones de infarto  y se mete en la cama. Cierra los ojos y escucha "You´re so vain" de Carly Simon. No sabe porqué tiene esa canción metida en la cabeza, le recuerda tanto a Marco... Recuerda que el verano pasado, un día que ella llevaba un vestido de flores y se paseaba descalza por la casa, empezó a sonar esa canción. Poco a poco comenzó a subirse el vestido, bailándole, incitándole con la mirada...

- Estáte quieta, tengo mucho lío ahora mismo.

Siguió. La música iba tomando fuerza y ella se movía  cada vez más sensual. Él hacía ya rato que había apartado la vista de la pantalla y no le quitaba los ojos de encima. No aguantó más y corrió hacia ella con instinto animal.



Ahora, metida en la cama, recuerda esa escena y sonríe, esos eran los mejores momentos a su lado, cuando no había nada planeado, cuando con mirarse bastaba para entenderse. Se dió la vuelta en la cama e intentó dormir a pesar de que en su cabeza seguía sonando la canción.

Al final, el sueño pudo con ella, que se durmió con una sonrisa en la cara sin saber que la música venía del piso de abajo. Piso que Marco había alquilado para no alejarse de ella.

@Saralacalle

martes, 1 de mayo de 2012

Café sin azúcar pero con sexo

No era amor. Era sexo. Ella se empeñó en disfrazarlo pero, ahora, pasado el tiempo, sabe que "solo" fue eso. Surgió el primer día que se vieron, ambos se desnudaron con la mirada. Ella era fotógrafa, él jefe de contenidos. No coincidían demasiado en la redacción, pero siempre lo intentaban. Lo que les gustaba era el morbo de la situación, el saber que trabajaban juntos y se acostaban sin que nadie lo supiese, cuando allí parecían dos desconocidos que no tenían nada en común. Nada absolutamente.

Recuerda la primera vez que lo hicieron. Ella venía de una manifestación y tenía que editar el material, él la vió llegar con sus rizos pelirrojos empapados.

- Vaya, parece que te has mojado, le dijo él.

- ¿Quieres comprobarlo? Contestó ella guiñándole un ojo.



Él la miró sorprendido, jamás se hubiese esperado una respuesta así y muchísimo menos allí. No le dió más importancia y volvió a su mesa. El laboratorio de fotografía estaba separado del resto por unas enormes vidrieras. Ella se sentaba de espaldas a él, y él no podía evitar apartar la vista de allí. La observaba continumente. Sabía cómo le gustaba sentarse, el movimiento que hacía para recogerse el pelo, cómo se tocaba la punta de la nariz cuando una foto no terminaba de convencerla...

No aguantó más. Marcó el 052, su número interno.

- Voy a bajar a por un café, ¿te vienes?

Ella tardó en reaccionar, no le había conocido. Cuando cayó en la cuenta de que era él, le dijo que sí corriendo.

Salieron cada uno por su lado hasta encontrarse en el ascensor. Se notaba en el ambiente lo que iba a ocurrir. Se miraban con deseo.

- Yo un café con leche con dos azucarillos, por favor.

- Yo con leche también, sin azúcar.

El café duró menos de cinco minutos, tenían prisa, hambre el uno del otro. ¿Qué hicieron?

Esta vez cogieron el ascensor pero no subieron. Bajaron. Fueron al parking, al coche de él.

Después, al rato, volvieron a la redacción, cada uno por su lado, volviendo a ser unos completos desconocidos.

Ese fue el primer café, sin azúcar pero con sexo, de muchos.

@Saralacalle

lunes, 30 de abril de 2012

Almacén de olores.

Llegaba tarde como de costumbre, se había duchado deprisa y corriendo y se iba vistiendo a trompicones. Se secaba un poco el pelo, se ponía las medias, se empezaba a maquillar, el vestido... Así hasta que llegó el momento de salir de casa, cogió el abrigo y corrió a la percha de los pañuelos.



Hay gente que guardaba fotos de sus exparejas, ella no, ella guardaba pañuelos impregnados en el olor de cada uno de ellos. Cada pañuelo era un recuerdo imborrable. Uno le recordaba a un amor de verano de esos cuando tienes quince años, otro a un chico que jamás debió entrar en su vida pero lo hizo, otro a cuando su chico le hizo amor y le ató las manos suavemente... Cada uno tenía una historia. Historias que le gustaba que le abrazasen el cuello, como solían hacer ellos.

Su preferido, sin duda, es el que está más arriba, el de leopardo. Él se lo regaló el invierno pasado y ella, nada más abrirlo, lo roció con su perfume. Le encanta ponérselo y llevar todo el día su olor, incluso cuando le tiene al lado.

Ahora, mientras escribe, es como si él estuviese tumbado en la cama junto a ella y no al otro lado del mundo.



@Saralacalle

domingo, 22 de abril de 2012

Retomando costumbres

Un día te despiertas y te das cuenta de que no conoces a la persona que tienes a tu lado.

Lo que tú creías que era amor, era solo cariño.

Lo que tú creías que era convivencia, era solo rutina.

Lo que ellos creían que era definitivo, acabó junto al lago donde se dieron el primer beso.

Ahora, años después, se sientan como solían hacer y de nuevo nace la esperanza.



@Saralacalle

martes, 17 de abril de 2012

¿Me quiere? No me quiere.

Ella le vio venir corriendo por la playa haciendo aspavientos con las manos. Miró a su amiga y le preguntó quién era. Ese fue el inicio. Vivieron un romance de novela, de esos amores de verano que crees que solo pasan en las películas; largos paseos por la playa, baños a media noche, desayunos a la orilla del mar... El sueño de toda romántica que se precie.

El verano terminó y, lejos de acabarse, la relación se intensificó. Cuando ambos volvieron a su vida normal en la ciudad, la relación se estabilizó y fueron novios oficiales. Sí, la expresión suena cursi pero es así. No lo hablaron claramente pero los dos lo sabían. Eran pareja.

Pasados unos meses, por circunstancias ajenas a ellos, la relación se terminó.

Hoy, ella ha recordado cómo fue la última vez que se vieron. Él le regaló una margarita y le dijo que hiciese el ritual.


Ella obedeció. "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...". Así estuvieron un rato hasta que al final la margarita dijo "me quiere".

- ¿Qué has dicho? Preguntó él.
- Que dice que te quiero.
- ¿Cómo?
- Eso, que te quiero.

Él sonrió y la abrazó con fuerza. Ella nunca se lo había dicho y así, con ese juego, había conseguido escuchar lo que tanto tiempo llevaba esperando.

Ahora, cada vez que ella ve una margarita, no puede evitar pensar en él y en cómo hubiesen sido las cosas si él no se hubiese ido.

@Saralacalle

martes, 10 de abril de 2012

Trazos

Siempre me ha gustado la fotografía, no recuerdo en qué momento empecé a "mirar con otros ojos", el caso es que, con el agobio de la carrera, necesitaba hacer algo para distraerme y decidí apuntarme a un curso de fotografía para principiantes.

Los primeros días  estaba perdida, solo hablaban de diafragmas, velocidades de obturación y de pura matemática. Me desilusioné. Yo no sabía que la fotografía requería de tanta técnica, pero ya se sabe, antes de fraile hay que ser monaguillo.

Continué con las clases a pesar de todo, hasta que llegó Félix. Félix era un colaborador, fotógrafo también que, de vez en cuando, impartía charlas sobre un tema concreto.

Las clases fueron cada vez más amenas y el hecho de que Félix se pasease por la academia, era un punto más a su favor. Pero, como todo, los cursos tienen fecha de caducidad.

El último día, Félix dio una charla sobre retratos, su gran pasión. Me encantó. Pero, sin duda alguna, lo mejor fue el regalo que me hizo. Félix es un genio con las manos, en todos los sentidos.


Ahora nos gusta recordar que nuestra historia nació de una hoja en blanco y que poco a poco se fue trazando con finas líneas, de las que no se borran, de las que dejan huella.

@Saralacalle

miércoles, 4 de abril de 2012

Cuando descubres que le quieres...

Siempre me había preguntado cómo sabes que quieres a una persona. Anoche lo descubrí.

Javi y yo nos hemos mudado hace muy poco. Y, como ya se sabe, en todas las casas nuevas hay miles de fallos. Ayer la caldera dejó de funcionar. ¿Cómo es posible? Estábamos viendo una película cuando notamos que hacía frío. Me levanté, toqué el radiador y, efectivamente, la caldera no funcionaba. Sacamos las instrucciones, las leímos (sí, Javi, aunque es hombre, lee instrucciones) e hicimos lo que ponía. Nada. No arrancaba.

- ¿Y si nos acostamos ya? Preguntó con cara de picardía.

Acepté. Era mucho mejor plan que seguir peleándose con un aparato que no reaccionaba.

Nos metimos en la cama. Helada. Tiritabamos desde los dientes hasta los meñiques de los pies.

Maldije al instalador de la caldera, al cambio de tiempo que nos ha devuelto el invierno a Madrid y, sobre todo, a Javi por acaparar todo el nórdico.

A mitad de la noche, cuando ya se me había olvidado el frío que hacía fuera de la cama, Javi se acercó y me dijo al oído; "Nena, ¿me traerías un vaso de leche caliente?".

Le miré, sonreí y salí de ese cálido ambiente para pisar el clima noruego que había en la cocina.

La vida está hecha de esos pequeños detalles, de esos momentos que, sin quererlo, te cambian la vida.

@Saralacalle

lunes, 26 de marzo de 2012

Todos los días de mi vida.

Domigo de cine. Vengo de ver "Todos los días de mi vida". La película merece la pena, mucho. Para no desvelarla, solo diré que una pareja de casados tiene un accidente de coche y ella pierde la memoria parcialmente, solo recuerda sus años de adolescente pero de su marido, ni rastro.

Eso me ha hecho acordarme de Borja. Borja está casado. Borja es una locura. Una maravillosa locura. Esa persona que con solo mirarte es capaz de llevarte al límite, de lo bueno y de lo malo. Borja me hizo perder la cabeza y hoy he vuelto a pensar en él. Tuvimos una aventura. Corta pero intensa. Bueno, no tan corta. Nos veíamos todo lo que podíamos, no era mucho, pero para mi era suficiente. Siempre en mi casa. Siempre de noche. Siempre con una copa de ron por medio.

Cuando todo terminó, decidí hacer algo por él. Él no me lo pidió pero yo lo hice. Me tatué una señal. No se ve, es pequeña y discreta y nadie sabe lo que significa. Pensé que si algún día me pasaba algo, solo él podría explicármelo y así me contaría toda nuestra historia.

En la película también buscan evidencias de "porque estaban enamorados". En una pareja siempre hay "pruebas", ¿no? Una foto, un vídeo, una carta, algo. Pero como en nuestro caso no podía ser así, yo le prometí decirle todos los días que le quería y no hubo un día en que no le mandase un mensaje diciéndoselo.

Hoy han pasado exactamente 126 días desde que lo dejamos y en mi bandeja de borradores hay exactamente 125 mensajes de buenas noches y sus correspondientes 'te quiero'. No necesito dejar evidencias de que le sigo queriendo, pero me gusta hacerlo. Aquí va el 126, pequeño. ;-)

@Saralacalle

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Mala suerte?


9:10h, un lunes más llega tarde a clase. La profesora de Relaciones Públicas no va a dejarla pasar y, por un lado, se alegra, odia esa asignatura y a la profesora más.

Hoy ha notado más gente de la habitual en el metro, no soporta los empujones ni las aglomeraciones. Decide bajarse una parada antes de lo habitual y, de nuevo, choca con un chico que la impide salir.

 -¿Qué le pasa hoy a todo el mundo?, se pregunta enfadada.

Sale por fin a la calle y camina relajada. La verdad es que no le apetecía nada tener que ir a esa clase, sin duda alguna, es la peor de toda la carrera y lleva arrastrándola desde primero.

Le encanta pasear a esa hora, la ciudad está adormilada, los escaparates aún a media luz, olor a bollos saliendo de las pastelerías y todo el mundo caminando como autómatas; unos llevando a los niños al cole, otros corriendo al trabajo, otros como ella yendo a clase... La vida de la grandes ciudades.

Ya que no va a llegar a tiempo, para en una de sus cafeterías favoritas y pide un capuchino. Se sienta en la mesa que más cerca está de la vidriera y saca el libro que está leyendo: "37 cafés y un desayuno".


Comienza a leer y poco a poco se adentra en la historia y no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor.

Al rato, un plato cae al suelo rompiendo su concentración. ¡Ostras! 9:50h, si no corre va a llegar tarde también a la segunda clase del día. Se levanta y va a pagar a la barra.

Cuando abre el bolso no encuentra su monedero y empieza  vaciarlo sobre la barra. La carpeta, el móvil, el mp3, la bolsa de aseo, la grabadora, el estuche... Nada, no hay manera. ¿Se lo habrá dejado en casa? ¿Se lo habrán robado? Mientras está dándole vueltas a esas ideas, alguien detrás de ella acerca un billete de cinco euros al camarero y le dice que se cobre.

Ella se da la vuelta y se queda petrificada. Es un chico de más de 1.90, con unos preciosos ojos azules que solo sabe sonreir. Ella, tímida dónde las haya, solo sabe darle las gracias.

- No me las des, nos vemos mañana aquí, a la misma hora.

@Saralacalle

domingo, 19 de febrero de 2012

Cita a ciegas.

Una mañana de domingo, ella salió a comprar el periódico y el pan, y su vida cambió.

Tenía 35 años pero ya se veía mayor para según qué cosas. Su matrimonio no funcionó desde el primer momento y hacía seis meses que se había separado. Lo único que la animaba en esos momentos era Pablo, su hijo, tenía solo dos años y permanecía ajeno a todos los cambios que se habían producido en la vida de sus padres en los últimos meses.

Después de pasear un rato bajo un sol de Octubre que aún calentaba, paró en el parque cerca de su casa, se sentó en un banco y dejó que Pablo corretease por allí.

Echó un vistazo a las noticias pero no se detuvo en ninguna en particular. A ella no le gustaba la prensa, la compraba porque era una tradición que su marido le había inculcado y se resistía a romper con ella. Siguió pasando hojas hasta que llegó a la sección de Anuncios. Allí se detuvo. Había de todo, era como un cajón de sastre, podías encontrar lo mejor de cada casa descrito en menos de ciento cincuenta caracteres.

De repente, uno de los anuncios llamó su atención, era una agencia matrimonial. Ella nunca había respondido a un anuncio de esos, pero algo en su interior la llevó a marcar el teléfono. Cuando colgó, tres minutos después, había concertado una cita para el día siguiente con un hombre de las características que siempre había buscado. Estaba realmente sorprendida, ella no era una persona impulsiva y no sabía muy bien porqué había hecho eso.

Hoy, meses después, Pablo ha ido a comprar el periódico con sus padres cogidos de la mano. Aquella cita gestionada a través de un anuncio, les dio a sus padres la segunda oportunidad que ellos mismos no se atrevieron a darse.

@Saralacalle

lunes, 6 de febrero de 2012

Despertarse a medianoche y ver que no estás.

Eran más de las cuatro de la mañana cuando ella se despertó sobresaltada. Se despertó pensando en él. Su aventura había acabado hacía más de tres meses, pero de vez en cuando, a ella le dolía como el primer día.

Se incorporó y fue a la cocina a prepararse una taza de leche. Se sentó y se puso a recordar su historia.

Jaime era un secreto. Un secreto de los grandes. Podía decirse que, sin duda alguna, era la persona a la que más había querido en toda su vida. Pero como todas las historias, tuvo un final. Jaime estaba casado y estaba a punto de ser papá.

Se conocieron hace más de dos años cuando él llegó nuevo a la oficina. Ella le miró y sonrío, y en ese momento supo que él era el elegido. Comenzaron un juego de miradas a través de las pantallas que les separaban. Así pasaron los primeros meses, hasta que un día, en una comida de empresa, ella decidió acercar posiciones. Él la rechazó, afirmó estar "felizmente casado", palabras que ella, a día de hoy, no olvida. Pero el juego siguió.

Meses más tarde, en una cena, también de empresa, él olvidó su estado civil y se ofreció a llevarla a casa. Ella aceptó. En el trayecto parecían una pareja normal y corriente comentando el día en el trabajo, pero ambos sabían que no era así, la tensión se respiraba. El trayecto terminó y ella le ofreció una copa en casa. No hizo falta más. Así empezó su historia.


Con el tiempo, se acostumbraron a verse a escondidas. Siempre en casa de ella y siguiendo un ritual perfectamente estudiado. Él la escribía antes de salir, llegaba, llamaba al timbre, ella abría en ropa interior, se besaban por el pasillo y llegaban a la cama, dónde pasaban la noche hasta que el despertador les devolvía a la realidad.

Así, noche tras noche, durante un año, hasta que algo les hizo ver que esa historia no podía ser...

Ella sabe que es lo mejor, pero aún así, de vez en cuando echa de menos una copa con él.

@Saralacalle

domingo, 15 de enero de 2012

Bajo la lluvia.

Es tarde y la lluvia ha aparecido en Madrid después de más de dos meses. Ella sale cansada del trabajo y decide coger un taxi. Normalmente no lo haría, iría dando un paseo hasta la estación más cercana de metro y aprovecharía para leer un rato, hoy no, hoy es un día especial. Es su segundo aniversario de bodas y ha quedado con su marido para cenar en su restaurante favorito.

Busca un taxi, tarea nada fácil con la lluvia. Cuando por fin lo encuentra, le da la dirección de su casa al taxista y, además, le hace una pequeña aclaración; "suba por Gran Vía, por favor". Hay rutas más cortas para llegar a su casa, pero le encanta esa calle y más si está lloviendo.

El taxista inicia la marcha y ella vuelve la mirada al exterior, centrándose en sus pensamientos. Cuando más concentrada está, pensando qué modelito va a ponerse, suena su teléfono. Es él, su marido. Lo coge y en seguida su estado de ánimo cambia. El alega problemas de trabajo y le dice que van a tener que post poner su cena. Ella, comprensiva dónde las haya, le dice que no se preocupe, que lo primero es lo primero.

-No trabajes mucho y despiértame cuando llegues, dice antes de colgar.

Está a punto de llorar, le hacía ilusión esa cena, últimamente él viaja mucho y a penas se ven.

Intenta apartar ese pensamiento y disfruta de la visión de Madrid y sus gentes a través de la ventanilla. En ese momento, el taxi se detiene ante un semáforo y ella observa a una mujer rubia, altísima, que camina con unos afilados tacones bajo la lluvia. Parece apurada, llega tarde seguro. Apresura el paso y, de repente, corre a abrazar a alguien.

El semáforo se abre y el taxista reanuda la marcha. Ella sigue mirando a la rubia de piernas infinitas y le ve a él. Abrazándola.

@Saralacalle

miércoles, 11 de enero de 2012

Historias de lavabo.

Son las 18:00h, he quedado con dos amigas en un cafetería céntrica. Llego antes de tiempo, no me gusta que me esperen, prefiero esperar.

Elijo la mesa más alejada, en una esquina, con buena luz y con buenas vistas de todo el local. Justo enfrente hay una pareja, ella parece triste, tiene la mirada perdida mientras él no deja de mirar su Blackberry. Escucho frases sueltas; "antes reías a menudo", "desde que estás en el paro nada te parece bien", "yo también necesito que me escuches de vez en cuando"...

Llegan mis amigas, escandalosas y ruidosas como siempre. Me centro en ellas, aunque de vez en cuando miro a la chica, creo que llora, o está a punto.


Terminamos el café, vamos a pagar pero antes decido pasar al servicio. Está ocupado. Espero. La puerta se abre y sale la chica de la mesa de enfrente, quiero decirle algo pero no me salen las palabras. Cruzamos la mirada. Ella sigue su camino y yo el mío.

Cuando salgo veo en el lavabo una alianza. La cojo. "Siempre juntos", reza en su interior. Tiene que ser suya.

 Al salir veo que está sola en la mesa, llorando desconsolada.

-Perdona, creo que te has dejado esto en el lavabo.

- Puedes quedártela, mi marido es un completo desconocido, como tú.

Me doy la vuelta sorprendida ante esa reacción. Guardo el anillo en el bolsillo y salgo del local.

Acabo de llegar a casa y aún no me creo lo que he vivido, justo esta mañana había leído que "los divorcios están en crisis" en la siguiente noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/11/madrid/1326287868.html


Pero no, lo que está en crisis son los sentimientos.

@Saralacalle