Busca un taxi, tarea nada fácil con la lluvia. Cuando por fin lo encuentra, le da la dirección de su casa al taxista y, además, le hace una pequeña aclaración; "suba por Gran Vía, por favor". Hay rutas más cortas para llegar a su casa, pero le encanta esa calle y más si está lloviendo.
El taxista inicia la marcha y ella vuelve la mirada al exterior, centrándose en sus pensamientos. Cuando más concentrada está, pensando qué modelito va a ponerse, suena su teléfono. Es él, su marido. Lo coge y en seguida su estado de ánimo cambia. El alega problemas de trabajo y le dice que van a tener que post poner su cena. Ella, comprensiva dónde las haya, le dice que no se preocupe, que lo primero es lo primero.
-No trabajes mucho y despiértame cuando llegues, dice antes de colgar.
Está a punto de llorar, le hacía ilusión esa cena, últimamente él viaja mucho y a penas se ven.
Intenta apartar ese pensamiento y disfruta de la visión de Madrid y sus gentes a través de la ventanilla. En ese momento, el taxi se detiene ante un semáforo y ella observa a una mujer rubia, altísima, que camina con unos afilados tacones bajo la lluvia. Parece apurada, llega tarde seguro. Apresura el paso y, de repente, corre a abrazar a alguien.
El semáforo se abre y el taxista reanuda la marcha. Ella sigue mirando a la rubia de piernas infinitas y le ve a él. Abrazándola.
@Saralacalle
