lunes, 30 de abril de 2012

Almacén de olores.

Llegaba tarde como de costumbre, se había duchado deprisa y corriendo y se iba vistiendo a trompicones. Se secaba un poco el pelo, se ponía las medias, se empezaba a maquillar, el vestido... Así hasta que llegó el momento de salir de casa, cogió el abrigo y corrió a la percha de los pañuelos.



Hay gente que guardaba fotos de sus exparejas, ella no, ella guardaba pañuelos impregnados en el olor de cada uno de ellos. Cada pañuelo era un recuerdo imborrable. Uno le recordaba a un amor de verano de esos cuando tienes quince años, otro a un chico que jamás debió entrar en su vida pero lo hizo, otro a cuando su chico le hizo amor y le ató las manos suavemente... Cada uno tenía una historia. Historias que le gustaba que le abrazasen el cuello, como solían hacer ellos.

Su preferido, sin duda, es el que está más arriba, el de leopardo. Él se lo regaló el invierno pasado y ella, nada más abrirlo, lo roció con su perfume. Le encanta ponérselo y llevar todo el día su olor, incluso cuando le tiene al lado.

Ahora, mientras escribe, es como si él estuviese tumbado en la cama junto a ella y no al otro lado del mundo.



@Saralacalle

domingo, 22 de abril de 2012

Retomando costumbres

Un día te despiertas y te das cuenta de que no conoces a la persona que tienes a tu lado.

Lo que tú creías que era amor, era solo cariño.

Lo que tú creías que era convivencia, era solo rutina.

Lo que ellos creían que era definitivo, acabó junto al lago donde se dieron el primer beso.

Ahora, años después, se sientan como solían hacer y de nuevo nace la esperanza.



@Saralacalle

martes, 17 de abril de 2012

¿Me quiere? No me quiere.

Ella le vio venir corriendo por la playa haciendo aspavientos con las manos. Miró a su amiga y le preguntó quién era. Ese fue el inicio. Vivieron un romance de novela, de esos amores de verano que crees que solo pasan en las películas; largos paseos por la playa, baños a media noche, desayunos a la orilla del mar... El sueño de toda romántica que se precie.

El verano terminó y, lejos de acabarse, la relación se intensificó. Cuando ambos volvieron a su vida normal en la ciudad, la relación se estabilizó y fueron novios oficiales. Sí, la expresión suena cursi pero es así. No lo hablaron claramente pero los dos lo sabían. Eran pareja.

Pasados unos meses, por circunstancias ajenas a ellos, la relación se terminó.

Hoy, ella ha recordado cómo fue la última vez que se vieron. Él le regaló una margarita y le dijo que hiciese el ritual.


Ella obedeció. "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...". Así estuvieron un rato hasta que al final la margarita dijo "me quiere".

- ¿Qué has dicho? Preguntó él.
- Que dice que te quiero.
- ¿Cómo?
- Eso, que te quiero.

Él sonrió y la abrazó con fuerza. Ella nunca se lo había dicho y así, con ese juego, había conseguido escuchar lo que tanto tiempo llevaba esperando.

Ahora, cada vez que ella ve una margarita, no puede evitar pensar en él y en cómo hubiesen sido las cosas si él no se hubiese ido.

@Saralacalle

martes, 10 de abril de 2012

Trazos

Siempre me ha gustado la fotografía, no recuerdo en qué momento empecé a "mirar con otros ojos", el caso es que, con el agobio de la carrera, necesitaba hacer algo para distraerme y decidí apuntarme a un curso de fotografía para principiantes.

Los primeros días  estaba perdida, solo hablaban de diafragmas, velocidades de obturación y de pura matemática. Me desilusioné. Yo no sabía que la fotografía requería de tanta técnica, pero ya se sabe, antes de fraile hay que ser monaguillo.

Continué con las clases a pesar de todo, hasta que llegó Félix. Félix era un colaborador, fotógrafo también que, de vez en cuando, impartía charlas sobre un tema concreto.

Las clases fueron cada vez más amenas y el hecho de que Félix se pasease por la academia, era un punto más a su favor. Pero, como todo, los cursos tienen fecha de caducidad.

El último día, Félix dio una charla sobre retratos, su gran pasión. Me encantó. Pero, sin duda alguna, lo mejor fue el regalo que me hizo. Félix es un genio con las manos, en todos los sentidos.


Ahora nos gusta recordar que nuestra historia nació de una hoja en blanco y que poco a poco se fue trazando con finas líneas, de las que no se borran, de las que dejan huella.

@Saralacalle

lunes, 9 de abril de 2012

Protocolo de actuación.

He quedado con un chico que no conozco, físicamente quiero decir. Hemos hablado horas y horas pero nunca cara a cara.

Llamadme rara, pero nunca he hecho una cosa así. Sí, ya sé, hoy en día eso se lleva mucho pero a mi me sigue pareciendo, cuanto menos, raro. De hecho, la primera "cita" la suspendí, me dió miedo. ¿Y si es un loco? ¿Y si no aparece? ¿Y si solo somos compatibles con una red social por medio? Miedo escénico se le suele llamar a eso. Él fue un caballero, no se molestó, es más, fue muy comprensivo.

A partir de ahí, empecé a fiarme un poco más.

Ahora, después de habernos pasado otros cuatro días (y sus noches) pegados al teléfono, hemos acordado otro encuentro y hemos discutido de lo que él llama el "protocolo de actuación".

- Es un café, no un incendio, le dije.

Él se rió y siguió hablándome de protocolos.

¿Cómo se actúa en una primera cita? ¿Alguna sugerencia? De momento solo sé que hemos quedado en mi calle favorita, en mi número preferido, lo que venga después ya se verá ...

@Saralacalle

The only one.

Te despiertas a media noche, enciendes la luz de la mesilla, observas su cara, su gesto, le tocas el pelo...

Te giras para apagar de nuevo la luz y ves el ramo de rosas y la ropa de ambos esparcida.

Sí, es el elegido. No hay ninguna duda.

@Saralacalle

Sin filtros

Al escribir el post anterior me he acordado de una conversación que suelo tener con mi chico.

- ¿Por qué te maquillas? Prefiero que estés con la cara lavada.

- Tú mejor que nadie deberías saber que, por desgracia, en el mundo que nos movemos, todo es imagen.

- No si estamos los dos solos.

Es una conversación cíclica, se repite cada poco tiempo, al igual que la de los planes de futuro o la de dónde iremos de vacaciones. Es parte de nosotros.

Recuerdo con especial cariño una noche que nos peleamos. Fuímos al cine, él acababa de llegar de un viaje a Corea y entre el cansancio y el jet lag, se quedó dormido nada más sentarse. Cuando acabó la película (después de despertarle) fue cuando empezó la discusión. Nos veíamos muy poco y, cuando lo hacíamos, siempre estaba cansado. Sabía que él no tenía la culpa, pero aún así le regañe. Él se fue a su casa y yo a la mía.

A la mañana siguiente, se presentó en casa muy temprano con el desayuno en la mano.

Abrí la puerta recién salida de la cama, con el pelo revuelto y la legaña aún puesta.

El me miró, sonrío y dijo: "así es como más me gustas".

Moraleja: cuanto menos te esfuerzas en gustar, más resultados consigues.

@Saralacalle

Baile de máscaras.

Los aeropuertos me encantan, es un lugar dónde la gente se olvida de ponerse la máscara y se muestra tal y como es. Puedes ver despedidas con lágrimas en los ojos, cansancio después de viajes interminables, sorpresas de reencuentro... Todo un mundo de sensaciones que no se pueden esconder, aunque quieras.

Ayer, al volver de Roma, me pasó algo así. Marco es ese recuerdo que se queda en tu vida como una espina que, tarde o temprano, acabará por doler. Se acabó por motivos ajenos a nosotros y yo siempre mantuve la esperanza de una segunda oportunidad. Ayer me reafirmé.

Yo, maleta en mano, recorría los interminables pasillos del aeropuerto observando las caras de los demás. Él, como siempre, corría con su cámara despreocupado, rumbo a no sé dónde. Nos miramos, nos reconocimos y corrí a abrazarle.

Pude ver su sonrisa, sin su máscara de chico duro y recordar ese olor tan familiar. Él me abrazó y me acarició el pelo, como solía hacer antaño. Yo. sonreí, olvidando la máscara también.

Me dijo que le encantaría tomar un café pero se le había echado el tiempo encima e iba a perder su avión.

Me puse la máscara.

- No pasa nada, tranquilo, ya nos veremos con más calma.

Me besó y se fue.

Esta mañana, un correo suyo decía: "Mi vuelo llega a España mañana a las 19.30h, ven a buscarme y retomemos la conversación del otro día".

Mi máscara dirá que no sabe si ir o no, mi yo, sin filtros, no puede estar más nervioso y sabe que es la oportunidad que siempre ha esperado.

@Saralacalle

miércoles, 4 de abril de 2012

Cuando descubres que le quieres...

Siempre me había preguntado cómo sabes que quieres a una persona. Anoche lo descubrí.

Javi y yo nos hemos mudado hace muy poco. Y, como ya se sabe, en todas las casas nuevas hay miles de fallos. Ayer la caldera dejó de funcionar. ¿Cómo es posible? Estábamos viendo una película cuando notamos que hacía frío. Me levanté, toqué el radiador y, efectivamente, la caldera no funcionaba. Sacamos las instrucciones, las leímos (sí, Javi, aunque es hombre, lee instrucciones) e hicimos lo que ponía. Nada. No arrancaba.

- ¿Y si nos acostamos ya? Preguntó con cara de picardía.

Acepté. Era mucho mejor plan que seguir peleándose con un aparato que no reaccionaba.

Nos metimos en la cama. Helada. Tiritabamos desde los dientes hasta los meñiques de los pies.

Maldije al instalador de la caldera, al cambio de tiempo que nos ha devuelto el invierno a Madrid y, sobre todo, a Javi por acaparar todo el nórdico.

A mitad de la noche, cuando ya se me había olvidado el frío que hacía fuera de la cama, Javi se acercó y me dijo al oído; "Nena, ¿me traerías un vaso de leche caliente?".

Le miré, sonreí y salí de ese cálido ambiente para pisar el clima noruego que había en la cocina.

La vida está hecha de esos pequeños detalles, de esos momentos que, sin quererlo, te cambian la vida.

@Saralacalle

martes, 3 de abril de 2012

Los fantasmas de mis exnovios

- ¿Tu casa tiene trastero?

Esa pregunta me ha hecho recordar mi temor a entrar en ese cuartucho. Para que yo pise la planta -2 de mi edificio y entre en el trastero, tiene que ser una cuestión de vida o muerte. Se dice que en todas las casas hay un cajón de sastre, en mi caso es ese. Allí guardo todas esas cosas incatalogables que poco a poco se acumulan sin saber bien el motivo.

Hoy he bajado para comprobar que todo seguía en orden. Cajas de apuntes de la carrera, una bicicleta que nunca paseó lo suficiente, una cometa cuyo vuelo nunca se elevó demasiado, unos viejos patines que prefiero olvidar... Hasta que la he visto. Ahí estaba mi caja. "PELIGRO: EX A LA  VISTA", escrito con rotulador en uno de sus lados. Como no podía ser de otra forma, la he abierto.
Un trípode, una bufanda del Rayo Vallecano, unas gafas de bucear y mi tesoro más preciado; una caña de pescar desmontable. Un contenido de lo más bizarro. Esa caja está dedicada a los hobbies de mis exparejas. Yo, como buena novia que se precie, me aficiono a sus aficiones. He madrugado para fotografiar amaneceres, he ido a partidos de futbol cuando diluviaba, he ido a hacer submarinismo en pleno invierno y, lo mejor de todo, he ido a pescar. Sí, ahora lo pienso y no me lo creo. Aún recuerdo esa anécdota. 16 de Noviembre, mi 20 cumpleaños y Dani apareció con su regalo; una caña de pescar desmontable. Rosa, sí, muy rosa, pero una caña de pescar. En ese momento quise llorar y pegarle con ella. No lo hice. El domingo siguiente fuimos a pescar truchas. Juro que me encantó.


Después de subir del trastero, mi cabeza era un hervidero emocional y me he puesto a hacer la maleta para despejarme. Vacaciones de Semana Santa. Todo preparado. Palos de golf también.

Sí, a mi chico le gusta el golf. ;-)

@Saralacalle