Hoy recuerdo más que nunca las palabras de Diego: "Sara, esto es lo mejor que te podía pasar, algun día te alegrarás de esto" me dijo la noche que me despidieron mientras lloraba apoyada en su pecho. Fue un día horrible, una llamada de teléfono mientras estaba librando me decía que el contrato que había firmado, sólo cinco días antes, se evaporaba. Había un recorte de presupuesto y yo era totalmente prescindible. No podía entenderlo. Me estaban fallando.
La semana siguiente, un martes y 13, fui a recoger mis cosas, intentando llevar la cabeza muy alta pero no pude aguantar, fue entrar por la puerta de la redacción y empezar a llorar. Yo había entrado allí para hacer unas prácticas de tres meses y ya llevaba casi dos años. Dos años que, a día de hoy, no cambio por nada del mundo. ¿Por qué? Porque allí he crecido a nivel profesional pero, sobretodo, a nivel personal. Allí he encontrado a gente que ha marcado mi vida y siempre en un aspecto positivo, muy positivo. Podría ponerme a decir nombres y no acabar pero eso sería injusto porque seguro que alguien se me olvidaba. Son tantos... Sois tantos...
Fotografía del 20-N, noche de elecciones, mi jefe me inmortalizó en uno de los momentos más felices de la noche. Allí he sido feliz. Muy feliz.
Hoy muchos de mis antiguos compañeros están sintiendo eso que yo sentí el 13 de Diciembre, esa impotencia que sientes al perder tu trabajo, esa impotencia al saber que no se te ha valorado por tu trabajo como se debiera, esa impotencia al saber que si no eres "amigo de", "hijo de"... no eres nadie. Muy triste pero real.
Por eso hoy, desde este pequeño rincón, les mando todo el ánimo del mundo a mis compañeros de Gaceta que hoy se han visto afectados por un ERE debido a una pésima gestión. Hoy ellos se van y se creen perdedores pero realmente el que pierde es el medio al prescindir de grandes profesionales. Esto hoy me es fácil decirlo, ha pasado el tiempo y ya no me duele como antes pero sé que, tarde o temprano, ellos pensarán igual.
Y ahora, si se me permite, quiero hacer una mención muy especial a Chema. Chema Barroso, desde el primer día, me quiso y me cuidó como una hija y, lo que es más importante, me enseñó. Chema es un huracán cuando está trabajando, no habla, dispara. Luego, cuando tiene tiempo, viene y te explica, se interesa. Chema ha sido esa persona que desde que me despidieron no ha dejado de llamarme todas las semanas para decirme: "dile a tu chico que te cuide, que te dé cariñito y amor, que el trabajo ya vendrá". Chema siempre ha estado y estará ahí porque su "arma" conmigo no ha sido la cámara, ha sido su corazón y su manera de ser. Él si que no se merecía salir por la puerta de atrás.
@Saralacalle