miércoles, 25 de enero de 2012

Mudanza escalonada.

Ayer, mientras preparaba la comida, tenía puesta la radio. Era una de esas tertulias mañaneras en las que se habla de problemas sentimentales. A mi me entretienen y, de vez en cuando, incluso me dan alguna idea. Pues bien, ayer el tema del día era "El cepillo de dientes". Al principio me hizo gracia, pero luego recordé aquella fatídica noche...

Llegué a casa, me duché y me puse el pijama más ñoño que el señor Walt Disney pudo imaginar jamás, hice un cuenco de palomitas y me tumbé a ver una película. A la media hora, cuando Morfeo ya se había apoderado de mí, sonó el timbre, era él, mi chico. Llevábamos juntos más de un año, y él tenía por costumbre sorprenderme de vez en cuando y venir con cena para pasar un rato juntos.

Así lo hicimos, cenamos y terminamos de ver la película. Al rato, nos fuimos a dormir. Pero antes, procedí a los "rituales de noche" (desmaquillarme, lavarme los dientes, cepillarme el pelo, darme cremas ..) y mi sorpresa fue mayúscula cuando ví que junto a mi cepillo de dientes, había otro más. Nuevo, reluciente. Temblé. ¿Qué significaba eso?




Me fui a la cama. No dije a nada. ¡Qué idiota fui! Después de eso vino la Play Station, después unos cuantos CDs, más tarde una bufanda del Real Madrid, así hasta que un día llegó con Nube, un odioso Caniche blanco.

Yo siempre había pensado que las que dábamos ese paso éramos nosotras, primero el secador, luego un pijama, luego una plancha del pelo... Cuidado chicas, cuidado. ;-)

@Saralacalle

martes, 17 de enero de 2012

Habitación 1003

Lo leyó en el periódico, esa misma tarde se inauguraba una exposición fotográfica de un viejo conocido. Era en una galería del centro de Madrid. Hacía años que no sabía nada de él, había seguido sus andanzas a través de la prensa pero nunca se habían vuelto a ver. Habían pasado ocho años desde que decidieron que no podían seguir juntos. Mantuvieron un apasionado romance, a penas unos meses. Unos meses que, para bien o para mal, marcaron el resto de su vida. Lo suyo era una historia imposible.

Se pasó el día mirando el reloj, no sabía si acudir a la inauguración o no. Le apetecía, la verdad es esa, pero no sabía si era buena idea.

Después de muchas dudas, se armó de valor y  pensó que no tenía nada que perder. Al fin y al cabo, siempre le había admirado profesionalmente. Además, pensó, estaría lleno de gente y ella pasaría desapercibida. Solo quería verle.

A la hora de arreglarse, no pudo evitar pensar de nuevo en él, en lo que le gustaba, en lo que no, en aquella vez que fueron juntos de compras y la dependienta de una tienda acabó echándolos del probador... Sí, él había sido alguien importante en su vida.

Casi una hora después, llegó a la galería. Cuando estaba en la puerta y vio toda la gente que había, quiso darse la vuelta y salir corriendo, pero en el fondo algo en su interior le decía que tenía que entrar.

Nada más llegar, un camarero vestido con un elegante traje negro y una pajarita, le ofreció una copa de champán. La cogió y volvió a pensar en él. Le gustaba tomarse una copa de champán charlando con él de cualquier cosa absurda, podían pasarse horas y horas así.

Intentó apartarle de su mente y disfrutar de la exposición. Sus fotografías eran dignas de admiración, todas en blanco y negro, con luces muy fuertes, como a ella le gustaban.

La exposición le estaba encantando, pero había demasiada gente y no podía dedicarse a observar y analizar cada instantánea detenidamente, hasta que se encontró con una foto de la que no pudo apartar la vista. Era un bebé recién nacido tirado en la puertade un orfanato. Era una imagen dura, de esas que ves y no puedes sacarte de la mente durante días. Mientras estaba absorta en sus pensamientos, notó que alguien la estaba mirando. Apartó la vista de la fotografía y ahí estaba él, observándola entre la multitud. Sintió que le temblaban las piernas, tal y cómo sucedió hace más de ocho años, cuando ella era solo una becaria y le presentaron a su jefe. Él sonrío. Ella hizo lo mismo. Y, de repente, alguien se acercó a felicitarle por su maravilloso trabajo, rompiendo ese segundo mágico.

En ese momento, ella dudó, pensó en irse o en dar una vuelta más y terminar de ver todas las fotografías. Eligió la segunda opción, ya si que no tenía nada que perder.

De nuevo, una fotografía alejó de su mente cualquier pensamiento. Era una mujer de espaldas reflejada en el espejo de un cuarto de baño, recién salida de la ducha. La imagen le era familiar. Le sonaba aquella habitación. Le sonaba aquel lunar en el hombro derecho. Era ella. Y entonces recordó. Recordó aquella imagen. Recordó aquel viaje, aquel hotel, aquella ducha...

Él se acercó, se puso detrás de ella y, cuidadosamente, le dio una nota que ponía su nombre por un lado y por otro "1003".




Ella cogió la nota, sonrío y salió de la galería.

Aquella noche volvió a la habitación en la que se había hecho la foto del espejo. La habitación 1003.

@Saralacalle



domingo, 15 de enero de 2012

Bajo la lluvia.

Es tarde y la lluvia ha aparecido en Madrid después de más de dos meses. Ella sale cansada del trabajo y decide coger un taxi. Normalmente no lo haría, iría dando un paseo hasta la estación más cercana de metro y aprovecharía para leer un rato, hoy no, hoy es un día especial. Es su segundo aniversario de bodas y ha quedado con su marido para cenar en su restaurante favorito.

Busca un taxi, tarea nada fácil con la lluvia. Cuando por fin lo encuentra, le da la dirección de su casa al taxista y, además, le hace una pequeña aclaración; "suba por Gran Vía, por favor". Hay rutas más cortas para llegar a su casa, pero le encanta esa calle y más si está lloviendo.

El taxista inicia la marcha y ella vuelve la mirada al exterior, centrándose en sus pensamientos. Cuando más concentrada está, pensando qué modelito va a ponerse, suena su teléfono. Es él, su marido. Lo coge y en seguida su estado de ánimo cambia. El alega problemas de trabajo y le dice que van a tener que post poner su cena. Ella, comprensiva dónde las haya, le dice que no se preocupe, que lo primero es lo primero.

-No trabajes mucho y despiértame cuando llegues, dice antes de colgar.

Está a punto de llorar, le hacía ilusión esa cena, últimamente él viaja mucho y a penas se ven.

Intenta apartar ese pensamiento y disfruta de la visión de Madrid y sus gentes a través de la ventanilla. En ese momento, el taxi se detiene ante un semáforo y ella observa a una mujer rubia, altísima, que camina con unos afilados tacones bajo la lluvia. Parece apurada, llega tarde seguro. Apresura el paso y, de repente, corre a abrazar a alguien.

El semáforo se abre y el taxista reanuda la marcha. Ella sigue mirando a la rubia de piernas infinitas y le ve a él. Abrazándola.

@Saralacalle

miércoles, 11 de enero de 2012

Historias de lavabo.

Son las 18:00h, he quedado con dos amigas en un cafetería céntrica. Llego antes de tiempo, no me gusta que me esperen, prefiero esperar.

Elijo la mesa más alejada, en una esquina, con buena luz y con buenas vistas de todo el local. Justo enfrente hay una pareja, ella parece triste, tiene la mirada perdida mientras él no deja de mirar su Blackberry. Escucho frases sueltas; "antes reías a menudo", "desde que estás en el paro nada te parece bien", "yo también necesito que me escuches de vez en cuando"...

Llegan mis amigas, escandalosas y ruidosas como siempre. Me centro en ellas, aunque de vez en cuando miro a la chica, creo que llora, o está a punto.


Terminamos el café, vamos a pagar pero antes decido pasar al servicio. Está ocupado. Espero. La puerta se abre y sale la chica de la mesa de enfrente, quiero decirle algo pero no me salen las palabras. Cruzamos la mirada. Ella sigue su camino y yo el mío.

Cuando salgo veo en el lavabo una alianza. La cojo. "Siempre juntos", reza en su interior. Tiene que ser suya.

 Al salir veo que está sola en la mesa, llorando desconsolada.

-Perdona, creo que te has dejado esto en el lavabo.

- Puedes quedártela, mi marido es un completo desconocido, como tú.

Me doy la vuelta sorprendida ante esa reacción. Guardo el anillo en el bolsillo y salgo del local.

Acabo de llegar a casa y aún no me creo lo que he vivido, justo esta mañana había leído que "los divorcios están en crisis" en la siguiente noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/11/madrid/1326287868.html


Pero no, lo que está en crisis son los sentimientos.

@Saralacalle