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lunes, 27 de agosto de 2012

Taxi a media noche

Era muy tarde y ella salió corriendo del portal de su novio para coger un taxi. Una noche normal él le hubiese dicho que se quedase a dormir pero hoy no lo había hecho, habían discutido durante la cena y él parecía muy enfadado.

Ella cruzó la calle esperando encontrar un taxi lo antes posible, pero no tuvo suerte. Caminó un poco, adentrándose en la calle Príncipe de Vergara, esperando que su suerte cambiase. Le gustaba esa zona, le traía grandes recuerdos pero hoy no estaba de humor. Finalmente vio un taxi libre, alzó la mano y el coche paró a su lado. Ella le dio la dirección y el hombre comenzó a conducir.

Era un trayecto largo y ella estaba realmente cansada, cerró los ojos y se puso a pensar, a recordar momentos; la discusión tonta que habían tenido antes, cómo se habían reído preparando la cena, cómo les miraba una señora en el supermercado cuando se besaban... Cuando, de repente, sonó una canción que la hizo sobresaltarse. "Tu mirada me hace grande", rezaba el estribillo. - ¿Puede subir el volumen, por favor? El taxista lo hizo. Y entonces ella pensó en él, no en su novio, en Alex.

Alex era su mayor secreto, una de esas historias inconfesables, una de esas historias que sabes que, pase lo que pase, nunca contarás a nadie.

Entonces recordó esa noche en la que Alex le dijo; "hoy voy a ser tu taxista". Él, cuidadoso dónde los haya, le abrió la puerta, le preguntó si iba cómoda y empezó a conducir. Era Agosto, pero un Agosto raro, la temperatura era muy fría, y ella recuerda cómo le había tocado la mano y le había dicho: "manos frías, corazón caliente". Recuerda cómo él la habia mirado y había sonreído. Pero sobre todo, lo que más recuerda de ese trayecto es que, cuando empezó a sonar la canción que ahora sonaba en ese taxi, ella había comenzado a cantar en voz baja mientras él reía y decía "música española...".

Sí, Alex, tu mirada me hace grande.


@Saralacalle

Último martes de Mayo

Llegaron a un acuerdo. Todos los martes del mes de Mayo se verían.

La hora acordada eran las 19.30h. El lugar elegido, el Retiro.

Ayer, como cada martes, él la esperó en la puerta principal. Ella le vió, con sus gafas de sol y su pelo despeinado y sintió esos nervios de la primera vez. Era bonito. Su amistad había madurado con el paso de los años y habían llegado a un entendimiento único. Cada uno tenía su vida; su pareja, su trabajo, su grupo de amigos...pero juntos tenían otra vida. Inexplicable. Otra vida llena de momentos pequeños que les hacían grandes.

Hoy es miércoles, muy temprano, el último miércoles del mes de Mayo y ella tiene un cúmulo de sentimientos encontrados. Ayer se metió en la cama feliz por lo que acababa de vivir. Hoy se ha levantado triste pensando que ayer fue el último martes del mes de Mayo.

@Saralacalle

Sueños cruzados

Ella duerme tranquila, son más de las tres de la mañana del domingo. Le hubiese encantado pasar este día con su pareja pero él tenía que trabajar. Sin embargo, no ha perdido el tiempo, ha vuelto a quedar con Marco. Al llegar a casa ha vuelto a sentirse mal, sabe que no puede seguir haciéndole eso a su chico, tiene que acabar con esa historia ya pero...

Dani llega, ve que ella duerme tranquila. Procura no hacer mucho ruido, se desnuda y se tumba a su lado, muy despacio. Abraza su espalda y hunde la nariz en su pelo, aspirando su olor. No ha sido un día fácil, su trabajo le obliga a pasar mucho tiempo fuera de casa y a veces hace cosas de las que no se siente orgulloso. Hoy por ejemplo. Sara no se lo merece. Lo sabe. Cuando esto pasa, al volver a casa siempre se promete que no volverá a suceder. Nunca más.

Sin embargo, los dos saben lo que pasa, han llegado al equilibrio perfecto, son felices juntos. También separados.

@Saralacalle

domingo, 15 de julio de 2012

Mordiscos que delatan

Sábado. 8.30h de la mañana. Es muy pronto para levantarse, reniega un poco y después se va a la ducha. Se pone ropa cómoda y va a la cocina a preparar el desayuno. Carga la cafetera, programa la tostadora, saca las tazas y, de repente, suena el teléfono.

- ¿Qué hora es? Se pregunta en voz alta.

No sabe qué hacer. Si lo coge no sabrá mentir, si no lo hace él insistirá y hará que se ponga más nerviosa aún.

- Buenos días cariño, ¿cómo estás? Le pregunta intentando aparentar toda la calma que no tiene en este momento.

Aitor es ingeniero y ha tenido que pasar el sábado fuera de Madrid por culpa de un proyecto que últimamente le tiene absorvido.

La conversación es "normal". Ella, sorprendentemente, lo está haciendo muy bien. Él tiene ganas de hablar, se le nota. Ella no. Responde un par de preguntas y corta la conversación de la forma más brusca posible.

- Cariño, luego te llamo que voy a desayunar.

- Mmm, vale, llámame luego, dice él poco convencido.

Cuelgan. Ella respira aliviada. Lo ha hecho bien. Sigue sirviendo el desayuno, se asoma por la puerta de la cocina y grita: "Álvaro, ¿cómo quieres el café? Está recién hecho".

Eso fue ayer. Hoy Aitor y ella han pasado todo el día juntos en el campo. Él, demostrándole todo lo que la ha echado de menos estos días. Ella, intentando no recordar la noche del viernes. Había sido relativamente fácil hasta que hace un momento, al salir de la ducha, Aitor le ha dicho: "Qué gracioso, tienes un moratón en el culo que parece un mordisco".

@Saralacalle

domingo, 27 de mayo de 2012

He´s so vain

Es sábado, son más de las cinco de la mañana y llega a casa después de una noche de fiesta con sus amigas. Está agotada, no quería salir pero  han insistido tanto que no ha sabiado decir que no. Ellas querían celebrar su soltería, ella, sin embargo, solo quería quedarse en casa viendo fotos de cuando Marco y ella estaban juntos. No le veía la gracia a salir a celebrar que aquella relación había acabado. Aún así lo hizo, se lo pasó bien, la verdad. Siempre que se juntaban acaba riéndose aunque no quisiese, eso eran amigas de verdad. 

Se quita el ajustado vestido y los tacones de infarto  y se mete en la cama. Cierra los ojos y escucha "You´re so vain" de Carly Simon. No sabe porqué tiene esa canción metida en la cabeza, le recuerda tanto a Marco... Recuerda que el verano pasado, un día que ella llevaba un vestido de flores y se paseaba descalza por la casa, empezó a sonar esa canción. Poco a poco comenzó a subirse el vestido, bailándole, incitándole con la mirada...

- Estáte quieta, tengo mucho lío ahora mismo.

Siguió. La música iba tomando fuerza y ella se movía  cada vez más sensual. Él hacía ya rato que había apartado la vista de la pantalla y no le quitaba los ojos de encima. No aguantó más y corrió hacia ella con instinto animal.



Ahora, metida en la cama, recuerda esa escena y sonríe, esos eran los mejores momentos a su lado, cuando no había nada planeado, cuando con mirarse bastaba para entenderse. Se dió la vuelta en la cama e intentó dormir a pesar de que en su cabeza seguía sonando la canción.

Al final, el sueño pudo con ella, que se durmió con una sonrisa en la cara sin saber que la música venía del piso de abajo. Piso que Marco había alquilado para no alejarse de ella.

@Saralacalle

lunes, 30 de abril de 2012

Almacén de olores.

Llegaba tarde como de costumbre, se había duchado deprisa y corriendo y se iba vistiendo a trompicones. Se secaba un poco el pelo, se ponía las medias, se empezaba a maquillar, el vestido... Así hasta que llegó el momento de salir de casa, cogió el abrigo y corrió a la percha de los pañuelos.



Hay gente que guardaba fotos de sus exparejas, ella no, ella guardaba pañuelos impregnados en el olor de cada uno de ellos. Cada pañuelo era un recuerdo imborrable. Uno le recordaba a un amor de verano de esos cuando tienes quince años, otro a un chico que jamás debió entrar en su vida pero lo hizo, otro a cuando su chico le hizo amor y le ató las manos suavemente... Cada uno tenía una historia. Historias que le gustaba que le abrazasen el cuello, como solían hacer ellos.

Su preferido, sin duda, es el que está más arriba, el de leopardo. Él se lo regaló el invierno pasado y ella, nada más abrirlo, lo roció con su perfume. Le encanta ponérselo y llevar todo el día su olor, incluso cuando le tiene al lado.

Ahora, mientras escribe, es como si él estuviese tumbado en la cama junto a ella y no al otro lado del mundo.



@Saralacalle

domingo, 22 de abril de 2012

Retomando costumbres

Un día te despiertas y te das cuenta de que no conoces a la persona que tienes a tu lado.

Lo que tú creías que era amor, era solo cariño.

Lo que tú creías que era convivencia, era solo rutina.

Lo que ellos creían que era definitivo, acabó junto al lago donde se dieron el primer beso.

Ahora, años después, se sientan como solían hacer y de nuevo nace la esperanza.



@Saralacalle

martes, 17 de abril de 2012

¿Me quiere? No me quiere.

Ella le vio venir corriendo por la playa haciendo aspavientos con las manos. Miró a su amiga y le preguntó quién era. Ese fue el inicio. Vivieron un romance de novela, de esos amores de verano que crees que solo pasan en las películas; largos paseos por la playa, baños a media noche, desayunos a la orilla del mar... El sueño de toda romántica que se precie.

El verano terminó y, lejos de acabarse, la relación se intensificó. Cuando ambos volvieron a su vida normal en la ciudad, la relación se estabilizó y fueron novios oficiales. Sí, la expresión suena cursi pero es así. No lo hablaron claramente pero los dos lo sabían. Eran pareja.

Pasados unos meses, por circunstancias ajenas a ellos, la relación se terminó.

Hoy, ella ha recordado cómo fue la última vez que se vieron. Él le regaló una margarita y le dijo que hiciese el ritual.


Ella obedeció. "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...". Así estuvieron un rato hasta que al final la margarita dijo "me quiere".

- ¿Qué has dicho? Preguntó él.
- Que dice que te quiero.
- ¿Cómo?
- Eso, que te quiero.

Él sonrió y la abrazó con fuerza. Ella nunca se lo había dicho y así, con ese juego, había conseguido escuchar lo que tanto tiempo llevaba esperando.

Ahora, cada vez que ella ve una margarita, no puede evitar pensar en él y en cómo hubiesen sido las cosas si él no se hubiese ido.

@Saralacalle

martes, 10 de abril de 2012

Trazos

Siempre me ha gustado la fotografía, no recuerdo en qué momento empecé a "mirar con otros ojos", el caso es que, con el agobio de la carrera, necesitaba hacer algo para distraerme y decidí apuntarme a un curso de fotografía para principiantes.

Los primeros días  estaba perdida, solo hablaban de diafragmas, velocidades de obturación y de pura matemática. Me desilusioné. Yo no sabía que la fotografía requería de tanta técnica, pero ya se sabe, antes de fraile hay que ser monaguillo.

Continué con las clases a pesar de todo, hasta que llegó Félix. Félix era un colaborador, fotógrafo también que, de vez en cuando, impartía charlas sobre un tema concreto.

Las clases fueron cada vez más amenas y el hecho de que Félix se pasease por la academia, era un punto más a su favor. Pero, como todo, los cursos tienen fecha de caducidad.

El último día, Félix dio una charla sobre retratos, su gran pasión. Me encantó. Pero, sin duda alguna, lo mejor fue el regalo que me hizo. Félix es un genio con las manos, en todos los sentidos.


Ahora nos gusta recordar que nuestra historia nació de una hoja en blanco y que poco a poco se fue trazando con finas líneas, de las que no se borran, de las que dejan huella.

@Saralacalle

lunes, 9 de abril de 2012

Protocolo de actuación.

He quedado con un chico que no conozco, físicamente quiero decir. Hemos hablado horas y horas pero nunca cara a cara.

Llamadme rara, pero nunca he hecho una cosa así. Sí, ya sé, hoy en día eso se lleva mucho pero a mi me sigue pareciendo, cuanto menos, raro. De hecho, la primera "cita" la suspendí, me dió miedo. ¿Y si es un loco? ¿Y si no aparece? ¿Y si solo somos compatibles con una red social por medio? Miedo escénico se le suele llamar a eso. Él fue un caballero, no se molestó, es más, fue muy comprensivo.

A partir de ahí, empecé a fiarme un poco más.

Ahora, después de habernos pasado otros cuatro días (y sus noches) pegados al teléfono, hemos acordado otro encuentro y hemos discutido de lo que él llama el "protocolo de actuación".

- Es un café, no un incendio, le dije.

Él se rió y siguió hablándome de protocolos.

¿Cómo se actúa en una primera cita? ¿Alguna sugerencia? De momento solo sé que hemos quedado en mi calle favorita, en mi número preferido, lo que venga después ya se verá ...

@Saralacalle

The only one.

Te despiertas a media noche, enciendes la luz de la mesilla, observas su cara, su gesto, le tocas el pelo...

Te giras para apagar de nuevo la luz y ves el ramo de rosas y la ropa de ambos esparcida.

Sí, es el elegido. No hay ninguna duda.

@Saralacalle

Sin filtros

Al escribir el post anterior me he acordado de una conversación que suelo tener con mi chico.

- ¿Por qué te maquillas? Prefiero que estés con la cara lavada.

- Tú mejor que nadie deberías saber que, por desgracia, en el mundo que nos movemos, todo es imagen.

- No si estamos los dos solos.

Es una conversación cíclica, se repite cada poco tiempo, al igual que la de los planes de futuro o la de dónde iremos de vacaciones. Es parte de nosotros.

Recuerdo con especial cariño una noche que nos peleamos. Fuímos al cine, él acababa de llegar de un viaje a Corea y entre el cansancio y el jet lag, se quedó dormido nada más sentarse. Cuando acabó la película (después de despertarle) fue cuando empezó la discusión. Nos veíamos muy poco y, cuando lo hacíamos, siempre estaba cansado. Sabía que él no tenía la culpa, pero aún así le regañe. Él se fue a su casa y yo a la mía.

A la mañana siguiente, se presentó en casa muy temprano con el desayuno en la mano.

Abrí la puerta recién salida de la cama, con el pelo revuelto y la legaña aún puesta.

El me miró, sonrío y dijo: "así es como más me gustas".

Moraleja: cuanto menos te esfuerzas en gustar, más resultados consigues.

@Saralacalle

Baile de máscaras.

Los aeropuertos me encantan, es un lugar dónde la gente se olvida de ponerse la máscara y se muestra tal y como es. Puedes ver despedidas con lágrimas en los ojos, cansancio después de viajes interminables, sorpresas de reencuentro... Todo un mundo de sensaciones que no se pueden esconder, aunque quieras.

Ayer, al volver de Roma, me pasó algo así. Marco es ese recuerdo que se queda en tu vida como una espina que, tarde o temprano, acabará por doler. Se acabó por motivos ajenos a nosotros y yo siempre mantuve la esperanza de una segunda oportunidad. Ayer me reafirmé.

Yo, maleta en mano, recorría los interminables pasillos del aeropuerto observando las caras de los demás. Él, como siempre, corría con su cámara despreocupado, rumbo a no sé dónde. Nos miramos, nos reconocimos y corrí a abrazarle.

Pude ver su sonrisa, sin su máscara de chico duro y recordar ese olor tan familiar. Él me abrazó y me acarició el pelo, como solía hacer antaño. Yo. sonreí, olvidando la máscara también.

Me dijo que le encantaría tomar un café pero se le había echado el tiempo encima e iba a perder su avión.

Me puse la máscara.

- No pasa nada, tranquilo, ya nos veremos con más calma.

Me besó y se fue.

Esta mañana, un correo suyo decía: "Mi vuelo llega a España mañana a las 19.30h, ven a buscarme y retomemos la conversación del otro día".

Mi máscara dirá que no sabe si ir o no, mi yo, sin filtros, no puede estar más nervioso y sabe que es la oportunidad que siempre ha esperado.

@Saralacalle

miércoles, 4 de abril de 2012

Cuando descubres que le quieres...

Siempre me había preguntado cómo sabes que quieres a una persona. Anoche lo descubrí.

Javi y yo nos hemos mudado hace muy poco. Y, como ya se sabe, en todas las casas nuevas hay miles de fallos. Ayer la caldera dejó de funcionar. ¿Cómo es posible? Estábamos viendo una película cuando notamos que hacía frío. Me levanté, toqué el radiador y, efectivamente, la caldera no funcionaba. Sacamos las instrucciones, las leímos (sí, Javi, aunque es hombre, lee instrucciones) e hicimos lo que ponía. Nada. No arrancaba.

- ¿Y si nos acostamos ya? Preguntó con cara de picardía.

Acepté. Era mucho mejor plan que seguir peleándose con un aparato que no reaccionaba.

Nos metimos en la cama. Helada. Tiritabamos desde los dientes hasta los meñiques de los pies.

Maldije al instalador de la caldera, al cambio de tiempo que nos ha devuelto el invierno a Madrid y, sobre todo, a Javi por acaparar todo el nórdico.

A mitad de la noche, cuando ya se me había olvidado el frío que hacía fuera de la cama, Javi se acercó y me dijo al oído; "Nena, ¿me traerías un vaso de leche caliente?".

Le miré, sonreí y salí de ese cálido ambiente para pisar el clima noruego que había en la cocina.

La vida está hecha de esos pequeños detalles, de esos momentos que, sin quererlo, te cambian la vida.

@Saralacalle

martes, 3 de abril de 2012

Los fantasmas de mis exnovios

- ¿Tu casa tiene trastero?

Esa pregunta me ha hecho recordar mi temor a entrar en ese cuartucho. Para que yo pise la planta -2 de mi edificio y entre en el trastero, tiene que ser una cuestión de vida o muerte. Se dice que en todas las casas hay un cajón de sastre, en mi caso es ese. Allí guardo todas esas cosas incatalogables que poco a poco se acumulan sin saber bien el motivo.

Hoy he bajado para comprobar que todo seguía en orden. Cajas de apuntes de la carrera, una bicicleta que nunca paseó lo suficiente, una cometa cuyo vuelo nunca se elevó demasiado, unos viejos patines que prefiero olvidar... Hasta que la he visto. Ahí estaba mi caja. "PELIGRO: EX A LA  VISTA", escrito con rotulador en uno de sus lados. Como no podía ser de otra forma, la he abierto.
Un trípode, una bufanda del Rayo Vallecano, unas gafas de bucear y mi tesoro más preciado; una caña de pescar desmontable. Un contenido de lo más bizarro. Esa caja está dedicada a los hobbies de mis exparejas. Yo, como buena novia que se precie, me aficiono a sus aficiones. He madrugado para fotografiar amaneceres, he ido a partidos de futbol cuando diluviaba, he ido a hacer submarinismo en pleno invierno y, lo mejor de todo, he ido a pescar. Sí, ahora lo pienso y no me lo creo. Aún recuerdo esa anécdota. 16 de Noviembre, mi 20 cumpleaños y Dani apareció con su regalo; una caña de pescar desmontable. Rosa, sí, muy rosa, pero una caña de pescar. En ese momento quise llorar y pegarle con ella. No lo hice. El domingo siguiente fuimos a pescar truchas. Juro que me encantó.


Después de subir del trastero, mi cabeza era un hervidero emocional y me he puesto a hacer la maleta para despejarme. Vacaciones de Semana Santa. Todo preparado. Palos de golf también.

Sí, a mi chico le gusta el golf. ;-)

@Saralacalle

lunes, 26 de marzo de 2012

Todos los días de mi vida.

Domigo de cine. Vengo de ver "Todos los días de mi vida". La película merece la pena, mucho. Para no desvelarla, solo diré que una pareja de casados tiene un accidente de coche y ella pierde la memoria parcialmente, solo recuerda sus años de adolescente pero de su marido, ni rastro.

Eso me ha hecho acordarme de Borja. Borja está casado. Borja es una locura. Una maravillosa locura. Esa persona que con solo mirarte es capaz de llevarte al límite, de lo bueno y de lo malo. Borja me hizo perder la cabeza y hoy he vuelto a pensar en él. Tuvimos una aventura. Corta pero intensa. Bueno, no tan corta. Nos veíamos todo lo que podíamos, no era mucho, pero para mi era suficiente. Siempre en mi casa. Siempre de noche. Siempre con una copa de ron por medio.

Cuando todo terminó, decidí hacer algo por él. Él no me lo pidió pero yo lo hice. Me tatué una señal. No se ve, es pequeña y discreta y nadie sabe lo que significa. Pensé que si algún día me pasaba algo, solo él podría explicármelo y así me contaría toda nuestra historia.

En la película también buscan evidencias de "porque estaban enamorados". En una pareja siempre hay "pruebas", ¿no? Una foto, un vídeo, una carta, algo. Pero como en nuestro caso no podía ser así, yo le prometí decirle todos los días que le quería y no hubo un día en que no le mandase un mensaje diciéndoselo.

Hoy han pasado exactamente 126 días desde que lo dejamos y en mi bandeja de borradores hay exactamente 125 mensajes de buenas noches y sus correspondientes 'te quiero'. No necesito dejar evidencias de que le sigo queriendo, pero me gusta hacerlo. Aquí va el 126, pequeño. ;-)

@Saralacalle

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Mala suerte?


9:10h, un lunes más llega tarde a clase. La profesora de Relaciones Públicas no va a dejarla pasar y, por un lado, se alegra, odia esa asignatura y a la profesora más.

Hoy ha notado más gente de la habitual en el metro, no soporta los empujones ni las aglomeraciones. Decide bajarse una parada antes de lo habitual y, de nuevo, choca con un chico que la impide salir.

 -¿Qué le pasa hoy a todo el mundo?, se pregunta enfadada.

Sale por fin a la calle y camina relajada. La verdad es que no le apetecía nada tener que ir a esa clase, sin duda alguna, es la peor de toda la carrera y lleva arrastrándola desde primero.

Le encanta pasear a esa hora, la ciudad está adormilada, los escaparates aún a media luz, olor a bollos saliendo de las pastelerías y todo el mundo caminando como autómatas; unos llevando a los niños al cole, otros corriendo al trabajo, otros como ella yendo a clase... La vida de la grandes ciudades.

Ya que no va a llegar a tiempo, para en una de sus cafeterías favoritas y pide un capuchino. Se sienta en la mesa que más cerca está de la vidriera y saca el libro que está leyendo: "37 cafés y un desayuno".


Comienza a leer y poco a poco se adentra en la historia y no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor.

Al rato, un plato cae al suelo rompiendo su concentración. ¡Ostras! 9:50h, si no corre va a llegar tarde también a la segunda clase del día. Se levanta y va a pagar a la barra.

Cuando abre el bolso no encuentra su monedero y empieza  vaciarlo sobre la barra. La carpeta, el móvil, el mp3, la bolsa de aseo, la grabadora, el estuche... Nada, no hay manera. ¿Se lo habrá dejado en casa? ¿Se lo habrán robado? Mientras está dándole vueltas a esas ideas, alguien detrás de ella acerca un billete de cinco euros al camarero y le dice que se cobre.

Ella se da la vuelta y se queda petrificada. Es un chico de más de 1.90, con unos preciosos ojos azules que solo sabe sonreir. Ella, tímida dónde las haya, solo sabe darle las gracias.

- No me las des, nos vemos mañana aquí, a la misma hora.

@Saralacalle

domingo, 19 de febrero de 2012

Cita a ciegas.

Una mañana de domingo, ella salió a comprar el periódico y el pan, y su vida cambió.

Tenía 35 años pero ya se veía mayor para según qué cosas. Su matrimonio no funcionó desde el primer momento y hacía seis meses que se había separado. Lo único que la animaba en esos momentos era Pablo, su hijo, tenía solo dos años y permanecía ajeno a todos los cambios que se habían producido en la vida de sus padres en los últimos meses.

Después de pasear un rato bajo un sol de Octubre que aún calentaba, paró en el parque cerca de su casa, se sentó en un banco y dejó que Pablo corretease por allí.

Echó un vistazo a las noticias pero no se detuvo en ninguna en particular. A ella no le gustaba la prensa, la compraba porque era una tradición que su marido le había inculcado y se resistía a romper con ella. Siguió pasando hojas hasta que llegó a la sección de Anuncios. Allí se detuvo. Había de todo, era como un cajón de sastre, podías encontrar lo mejor de cada casa descrito en menos de ciento cincuenta caracteres.

De repente, uno de los anuncios llamó su atención, era una agencia matrimonial. Ella nunca había respondido a un anuncio de esos, pero algo en su interior la llevó a marcar el teléfono. Cuando colgó, tres minutos después, había concertado una cita para el día siguiente con un hombre de las características que siempre había buscado. Estaba realmente sorprendida, ella no era una persona impulsiva y no sabía muy bien porqué había hecho eso.

Hoy, meses después, Pablo ha ido a comprar el periódico con sus padres cogidos de la mano. Aquella cita gestionada a través de un anuncio, les dio a sus padres la segunda oportunidad que ellos mismos no se atrevieron a darse.

@Saralacalle

sábado, 18 de febrero de 2012

Cuestión de chinchetas

Hay gente que tiene una lamparita en la mesilla, es lo más normal del mundo, pero ella no, ella tiene una bola del mundo.

Hace un año, cuando se fue a vivir con su chico, él se la regaló. Sabía que por motivos de trabajo iba a pasar mucho tiempo fuera y entonces le pidió que siempre que se despertase le buscase en el mapa. A ella le pareció una idea de lo más romántica.

Él ideó un sistema en el cual la duración de su viaje vendría determinada por el color de la chincheta del mapa. Las chinchetas verdes eran viajes de un solo día, las amarillas tres ó cuatro y las rojas una semana o más, las odiaba. Pero la leyenda del mapa tenía un icono más, una mariquita, era su animal preferido, y siempre solía decir que era el animal más elegante del mundo por saber combinar tan bien los colores. Ambos se reían.

Hoy, cuando se ha despertado, ha buscado, como todos los días, la chincheta, pero su sorpresa ha sido cuando ha visto que hoy tocaba mariquita.

Ha cerrado los ojos, ha aspirado fuerte y de la cocina ha venido olor a café y a tostadas.



Hoy la mariquita está en Madrid.

@Saralacalle

lunes, 6 de febrero de 2012

Despertarse a medianoche y ver que no estás.

Eran más de las cuatro de la mañana cuando ella se despertó sobresaltada. Se despertó pensando en él. Su aventura había acabado hacía más de tres meses, pero de vez en cuando, a ella le dolía como el primer día.

Se incorporó y fue a la cocina a prepararse una taza de leche. Se sentó y se puso a recordar su historia.

Jaime era un secreto. Un secreto de los grandes. Podía decirse que, sin duda alguna, era la persona a la que más había querido en toda su vida. Pero como todas las historias, tuvo un final. Jaime estaba casado y estaba a punto de ser papá.

Se conocieron hace más de dos años cuando él llegó nuevo a la oficina. Ella le miró y sonrío, y en ese momento supo que él era el elegido. Comenzaron un juego de miradas a través de las pantallas que les separaban. Así pasaron los primeros meses, hasta que un día, en una comida de empresa, ella decidió acercar posiciones. Él la rechazó, afirmó estar "felizmente casado", palabras que ella, a día de hoy, no olvida. Pero el juego siguió.

Meses más tarde, en una cena, también de empresa, él olvidó su estado civil y se ofreció a llevarla a casa. Ella aceptó. En el trayecto parecían una pareja normal y corriente comentando el día en el trabajo, pero ambos sabían que no era así, la tensión se respiraba. El trayecto terminó y ella le ofreció una copa en casa. No hizo falta más. Así empezó su historia.


Con el tiempo, se acostumbraron a verse a escondidas. Siempre en casa de ella y siguiendo un ritual perfectamente estudiado. Él la escribía antes de salir, llegaba, llamaba al timbre, ella abría en ropa interior, se besaban por el pasillo y llegaban a la cama, dónde pasaban la noche hasta que el despertador les devolvía a la realidad.

Así, noche tras noche, durante un año, hasta que algo les hizo ver que esa historia no podía ser...

Ella sabe que es lo mejor, pero aún así, de vez en cuando echa de menos una copa con él.

@Saralacalle