domingo, 6 de abril de 2014

La Dona e Mobile

Sara caminaba con paso firme, había quedado con sus amigas en la terraza de Poniente para tomar una copa y celebrar su contrato indefinido.  

Cuando subió las escaleras del metro de Moncloa,  el sol caía sobre Madrid y se notaba en el ambiente el buen humor que acompañaba el buen tiempo y la llegada de la primavera.

Emprendió su camino con paso firme, sonriendo, incluso intentando seducir a algún conductor que miraba más de lo necesario su minifalda. En ese momento pensó en Marta, su hermana pequeña,  y en cómo le regañaba cada vez que sonreía a un desconocido y le decía que era "una buscona". Volvió a sonreir. Marta, ¡qué iba a saber ella a sus catorce años de  lo que era seducir a un desconocido! En eso estaba pensando cuando se paró en el acto. Un músico callejero, acompañado de un radiocaset de hace más de veinte años, emulaba a Giuseppe Verdi y entonaba "La Dona e mobile". Ella enmudeció y sus ojos se inundaron de lágrimas. 

Esa canción, justo esa canción, ¿por qué sonaba ahora? Su mente retrocedió hasta hace tres meses cuando Álvaro y ella se escaparon a un hotel en la sierra. Uno de esos pequeños y lujosos. Era su fin de semana y no les importaba gastarse medio sueldo en dos días. Fueron dos días perfectos, la habitación era amplia y coqueta pero el baño... El baño, estaba lleno de espejos y era tan grande que ambos se rieron pensando que ese baño era más grande que el salón de su casa. Y lo aprovecharon, lo aprovecharon tanto que se pasaron el fin de semana entero con los deditos arrugados de tanta agua. 


El recuerdo más bonito que Sara tenía de esos días era de ese baño. Una noche, justo antes de cenar, ella se secaba el pelo en braguitas y sujetador y Álvaro en la ducha berreaba "La Dona e mobile". Sin ritmo. Sin tono. Ella se reía a carcajadas y él cantaba más alto aún. Sara paró el secador y le dijo que se callase, que les iban a llamar la atención, que el hotel era pequeño y las habitaciones estaban muy juntas.

Él paró un momento y dijo: "si quieres que me calle tendrás que taparme la boca".

Ella le ignoró y siguió secándose el pelo. Pero él berreaba más y más alto. 

- La donna è mobile, qual piuma al vento, muta d'accento, e di pensiero...

Sara se hartó y se acercó hasta él, y le puso la mano en la boca.

- Álvaro, cállate ya o esta noche tendré que decirte que me duele la cabeza...

- ¿Ah, si? Entonces no pienso esperar hasta esta noche.

Y tiró de ella, forcejeando cariñosamente, y acabó metiéndola en la ducha, con su ropa interior y su pelo seco. Y siguió cantando...


"La donna è mobile, qual piùma al vento,
muta d'accento e di pensier,
e di pensier, e di pensier". 

 @Saralacalle


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