Ella le vio venir corriendo por la playa haciendo aspavientos con las manos. Miró a su amiga y le preguntó quién era. Ese fue el inicio. Vivieron un romance de novela, de esos amores de verano que crees que solo pasan en las películas; largos paseos por la playa, baños a media noche, desayunos a la orilla del mar... El sueño de toda romántica que se precie.
El verano terminó y, lejos de acabarse, la relación se intensificó. Cuando ambos volvieron a su vida normal en la ciudad, la relación se estabilizó y fueron novios oficiales. Sí, la expresión suena cursi pero es así. No lo hablaron claramente pero los dos lo sabían. Eran pareja.
Pasados unos meses, por circunstancias ajenas a ellos, la relación se terminó.
Hoy, ella ha recordado cómo fue la última vez que se vieron. Él le regaló una margarita y le dijo que hiciese el ritual.
Ella obedeció. "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...". Así estuvieron un rato hasta que al final la margarita dijo "me quiere".
- ¿Qué has dicho? Preguntó él.
- Que dice que te quiero.
- ¿Cómo?
- Eso, que te quiero.
Él sonrió y la abrazó con fuerza. Ella nunca se lo había dicho y así, con ese juego, había conseguido escuchar lo que tanto tiempo llevaba esperando.
Ahora, cada vez que ella ve una margarita, no puede evitar pensar en él y en cómo hubiesen sido las cosas si él no se hubiese ido.
@Saralacalle

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