lunes, 18 de junio de 2012

Siempre pierden los mismos

Hoy recuerdo más que nunca las palabras de Diego: "Sara, esto es lo mejor que te podía pasar, algun día te alegrarás de esto" me dijo la noche que me despidieron mientras lloraba apoyada en su pecho. Fue un día horrible, una llamada de teléfono mientras estaba librando me decía que el contrato que había firmado, sólo cinco días antes, se evaporaba. Había un recorte de presupuesto y yo era totalmente prescindible.  No podía entenderlo. Me estaban fallando.

La semana siguiente, un martes y 13, fui a recoger mis cosas, intentando llevar la cabeza muy alta pero no pude aguantar, fue entrar por la puerta de la redacción y empezar a llorar. Yo había entrado allí para hacer unas prácticas de tres  meses y ya llevaba casi dos años. Dos años que, a día de hoy,  no cambio por nada del mundo. ¿Por qué? Porque allí he crecido a nivel profesional pero, sobretodo, a nivel personal. Allí he encontrado a gente que ha marcado mi vida y siempre en un aspecto positivo, muy positivo. Podría ponerme a decir nombres y no acabar pero eso sería injusto porque seguro que alguien se me olvidaba. Son tantos... Sois tantos...



Fotografía del 20-N, noche de elecciones, mi jefe me inmortalizó en uno de los momentos más felices de la noche. Allí he sido feliz. Muy feliz.

Hoy muchos de mis antiguos compañeros están sintiendo eso que yo sentí el 13 de Diciembre, esa impotencia que sientes al perder tu trabajo, esa impotencia al saber que no se te ha valorado por tu trabajo como se debiera, esa impotencia al saber que si no eres "amigo de", "hijo de"... no eres nadie. Muy triste pero real.

Por eso hoy, desde este pequeño rincón, les mando todo el ánimo del mundo a mis compañeros de Gaceta que hoy se han visto afectados por un ERE debido a una pésima gestión. Hoy ellos se van y se creen perdedores pero realmente el que pierde es el medio al prescindir de grandes profesionales. Esto hoy me es fácil decirlo, ha pasado el tiempo y ya no me duele como antes pero sé que, tarde o temprano, ellos pensarán igual.

Y ahora, si se me permite, quiero hacer una mención muy especial a Chema. Chema Barroso, desde el primer día, me quiso y me cuidó como una hija y, lo que es más importante, me enseñó. Chema es un huracán cuando está trabajando, no habla, dispara. Luego, cuando tiene tiempo, viene y te explica, se interesa. Chema ha sido esa persona que desde que me despidieron no ha dejado de llamarme todas las semanas para decirme: "dile a tu chico que te cuide, que te dé cariñito y amor, que el trabajo ya vendrá". Chema siempre ha estado y estará ahí porque su "arma" conmigo no ha sido la cámara, ha sido su corazón y su manera de ser. Él si que no se merecía salir por la puerta de atrás.

@Saralacalle

domingo, 17 de junio de 2012

Anámnesis

Son las 5.00 a.m. suena el teléfono. Me despierto sobresaltada. El nombre de mi mejor amiga en la pantalla. Lo cojo corriendo.

- ¿Tú has visto la hora que es? Le digo en un tono poco amigable.
- Sara, no me acuerdo de su cara, me dice entre sollozos.

No entiendo nada, no sé de qué habla. Después de varios minutos de conversación y de cerciorarme de que está sobria totalmente, empiezo a entenderla.

Es cierto que cuando llevas mucho tiempo sin ver a una persona se te olvida su cara e incluso su voz. ¿Nunca os ha pasado? A mi sí, pero he encontrado una teoría ideal que hace esta situación más llevadera.

Anámnesis. ¿Qué significa este "palabro"? Platón me lo enseñó. La anámnesis es un teoría que viene a decir que la memoria no existe como tal, nosotros ya tenemos todos los conocimientos adquiridos y solo tenemos que aprender a recordarlos. Me gusta mucho esta teoría, muchísimo. ¿Por qué? Porque eso significa que tú y yo ya nos conocemos, sólo tengo que aprender a recordarte. Sé  que ya te he mirado, te he besado, te he acariciado... y eso me gusta. ¿Por qué? Porque el cuerpo que has hecho tuyo ya no lo olvidas. 

No te recuerdo pero te conozco.

@Saralacalle

domingo, 27 de mayo de 2012

He´s so vain

Es sábado, son más de las cinco de la mañana y llega a casa después de una noche de fiesta con sus amigas. Está agotada, no quería salir pero  han insistido tanto que no ha sabiado decir que no. Ellas querían celebrar su soltería, ella, sin embargo, solo quería quedarse en casa viendo fotos de cuando Marco y ella estaban juntos. No le veía la gracia a salir a celebrar que aquella relación había acabado. Aún así lo hizo, se lo pasó bien, la verdad. Siempre que se juntaban acaba riéndose aunque no quisiese, eso eran amigas de verdad. 

Se quita el ajustado vestido y los tacones de infarto  y se mete en la cama. Cierra los ojos y escucha "You´re so vain" de Carly Simon. No sabe porqué tiene esa canción metida en la cabeza, le recuerda tanto a Marco... Recuerda que el verano pasado, un día que ella llevaba un vestido de flores y se paseaba descalza por la casa, empezó a sonar esa canción. Poco a poco comenzó a subirse el vestido, bailándole, incitándole con la mirada...

- Estáte quieta, tengo mucho lío ahora mismo.

Siguió. La música iba tomando fuerza y ella se movía  cada vez más sensual. Él hacía ya rato que había apartado la vista de la pantalla y no le quitaba los ojos de encima. No aguantó más y corrió hacia ella con instinto animal.



Ahora, metida en la cama, recuerda esa escena y sonríe, esos eran los mejores momentos a su lado, cuando no había nada planeado, cuando con mirarse bastaba para entenderse. Se dió la vuelta en la cama e intentó dormir a pesar de que en su cabeza seguía sonando la canción.

Al final, el sueño pudo con ella, que se durmió con una sonrisa en la cara sin saber que la música venía del piso de abajo. Piso que Marco había alquilado para no alejarse de ella.

@Saralacalle

martes, 1 de mayo de 2012

Café sin azúcar pero con sexo

No era amor. Era sexo. Ella se empeñó en disfrazarlo pero, ahora, pasado el tiempo, sabe que "solo" fue eso. Surgió el primer día que se vieron, ambos se desnudaron con la mirada. Ella era fotógrafa, él jefe de contenidos. No coincidían demasiado en la redacción, pero siempre lo intentaban. Lo que les gustaba era el morbo de la situación, el saber que trabajaban juntos y se acostaban sin que nadie lo supiese, cuando allí parecían dos desconocidos que no tenían nada en común. Nada absolutamente.

Recuerda la primera vez que lo hicieron. Ella venía de una manifestación y tenía que editar el material, él la vió llegar con sus rizos pelirrojos empapados.

- Vaya, parece que te has mojado, le dijo él.

- ¿Quieres comprobarlo? Contestó ella guiñándole un ojo.



Él la miró sorprendido, jamás se hubiese esperado una respuesta así y muchísimo menos allí. No le dió más importancia y volvió a su mesa. El laboratorio de fotografía estaba separado del resto por unas enormes vidrieras. Ella se sentaba de espaldas a él, y él no podía evitar apartar la vista de allí. La observaba continumente. Sabía cómo le gustaba sentarse, el movimiento que hacía para recogerse el pelo, cómo se tocaba la punta de la nariz cuando una foto no terminaba de convencerla...

No aguantó más. Marcó el 052, su número interno.

- Voy a bajar a por un café, ¿te vienes?

Ella tardó en reaccionar, no le había conocido. Cuando cayó en la cuenta de que era él, le dijo que sí corriendo.

Salieron cada uno por su lado hasta encontrarse en el ascensor. Se notaba en el ambiente lo que iba a ocurrir. Se miraban con deseo.

- Yo un café con leche con dos azucarillos, por favor.

- Yo con leche también, sin azúcar.

El café duró menos de cinco minutos, tenían prisa, hambre el uno del otro. ¿Qué hicieron?

Esta vez cogieron el ascensor pero no subieron. Bajaron. Fueron al parking, al coche de él.

Después, al rato, volvieron a la redacción, cada uno por su lado, volviendo a ser unos completos desconocidos.

Ese fue el primer café, sin azúcar pero con sexo, de muchos.

@Saralacalle

lunes, 30 de abril de 2012

Almacén de olores.

Llegaba tarde como de costumbre, se había duchado deprisa y corriendo y se iba vistiendo a trompicones. Se secaba un poco el pelo, se ponía las medias, se empezaba a maquillar, el vestido... Así hasta que llegó el momento de salir de casa, cogió el abrigo y corrió a la percha de los pañuelos.



Hay gente que guardaba fotos de sus exparejas, ella no, ella guardaba pañuelos impregnados en el olor de cada uno de ellos. Cada pañuelo era un recuerdo imborrable. Uno le recordaba a un amor de verano de esos cuando tienes quince años, otro a un chico que jamás debió entrar en su vida pero lo hizo, otro a cuando su chico le hizo amor y le ató las manos suavemente... Cada uno tenía una historia. Historias que le gustaba que le abrazasen el cuello, como solían hacer ellos.

Su preferido, sin duda, es el que está más arriba, el de leopardo. Él se lo regaló el invierno pasado y ella, nada más abrirlo, lo roció con su perfume. Le encanta ponérselo y llevar todo el día su olor, incluso cuando le tiene al lado.

Ahora, mientras escribe, es como si él estuviese tumbado en la cama junto a ella y no al otro lado del mundo.



@Saralacalle

domingo, 22 de abril de 2012

Retomando costumbres

Un día te despiertas y te das cuenta de que no conoces a la persona que tienes a tu lado.

Lo que tú creías que era amor, era solo cariño.

Lo que tú creías que era convivencia, era solo rutina.

Lo que ellos creían que era definitivo, acabó junto al lago donde se dieron el primer beso.

Ahora, años después, se sientan como solían hacer y de nuevo nace la esperanza.



@Saralacalle

martes, 17 de abril de 2012

¿Me quiere? No me quiere.

Ella le vio venir corriendo por la playa haciendo aspavientos con las manos. Miró a su amiga y le preguntó quién era. Ese fue el inicio. Vivieron un romance de novela, de esos amores de verano que crees que solo pasan en las películas; largos paseos por la playa, baños a media noche, desayunos a la orilla del mar... El sueño de toda romántica que se precie.

El verano terminó y, lejos de acabarse, la relación se intensificó. Cuando ambos volvieron a su vida normal en la ciudad, la relación se estabilizó y fueron novios oficiales. Sí, la expresión suena cursi pero es así. No lo hablaron claramente pero los dos lo sabían. Eran pareja.

Pasados unos meses, por circunstancias ajenas a ellos, la relación se terminó.

Hoy, ella ha recordado cómo fue la última vez que se vieron. Él le regaló una margarita y le dijo que hiciese el ritual.


Ella obedeció. "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...". Así estuvieron un rato hasta que al final la margarita dijo "me quiere".

- ¿Qué has dicho? Preguntó él.
- Que dice que te quiero.
- ¿Cómo?
- Eso, que te quiero.

Él sonrió y la abrazó con fuerza. Ella nunca se lo había dicho y así, con ese juego, había conseguido escuchar lo que tanto tiempo llevaba esperando.

Ahora, cada vez que ella ve una margarita, no puede evitar pensar en él y en cómo hubiesen sido las cosas si él no se hubiese ido.

@Saralacalle