Terminaba agosto y a Sara todavía le quedaban unos días de vacaciones. Engatusó a sus mejores amigas y emprendieron rumbo al norte.
Llegaron, se pusieron el bikini y corrieron a la playa, este verano no habían coincidido en vacaciones y estaban deseando desmadrarse.
La primera tarde aprovecharon para tostarse al sol y tomarse un mojito en la playa. Volvieron a casa, se ducharon y salieron dispuestas a ver el sol. Sin nada que perder, con todo por ganar. Y así fue.
A la mañana siguiente, hablaban en susurros y se maldecían por haber bebido tanto, además, el tiempo había cambiado y las nubes copaban la costa. No iba a ser un buen día. Aún así, volvieron a vestirse de playa y fueron a pasear.
Media hora más tarde, cuando la nube cada vez era más negra y la tormenta ya era casi un hecho, se sentaron en la arena y disfrutaron de una playa semidesierta. Nada como eso para la resaca.
Cuando quiso darse cuenta, sus amigas estaban dormidas en la toalla, la noche anterior les estaba pasando factura y Sara no pudo evitar sonreir. Esas eran sus chicas. Las mismas de siempre. Esas que con solo mirarse se entendían.
Mientras estaba ensimismada con esos pensamientos, un balón llegó hasta sus pies y tras él un bebé de no más de año y medio. Tenía unos mofletes colorados y un pañal lleno de arena. Sara se levantó y le acercó la pelota. Se agachó hasta él y le atusó el pelo. Y, cuando miró para arriba, ahí estaba Alex.
- ¿Alex? No sabía que, que...
- Sí, se llama Iker. ¿Qué haces tú aquí?
- Los padres de mi amiga tienen una casa aquí y hemos...
Notó como él se dio la vuelta. Se acercaba su mujer.
Notó como él se dio la vuelta. Se acercaba su mujer.
- Oye Sara, me ha encantado verte pero... Ya sabes, las cosas han cambiado. Ahora tengo una familia.
- Tienes un hijo precioso. Cuídate mucho.
Sara se tumbó en la toalla y contuvo el llanto. ¿Por qué él? ¿Por qué allí? ¿Por qué tenía un hijo y ella no sabía nada?
El viaje transcurrió tal y como habían planeado. Playa de día, fiesta de noche. El reencuentro con Alex solo había sido un mal sueño, nada que entorpeciese su escapada.
Pero ayer, al volver a casa, había una nota en su buzón, al ver la letra ella no tuvo dudas, Alex había estado allí.
"No tengo tu número. El jueves a las 00.00h estoy aquí. Ron con hielo. Como siempre".
Y ahora Sara está como loca, buscando un conjunto de lencería acorde a un reencuentro después de tres años.
@Saralacalle
Moraleja: El que se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado.