jueves, 29 de agosto de 2013

Por pelotas

Terminaba agosto y a Sara todavía le quedaban unos días de vacaciones. Engatusó a sus mejores amigas y emprendieron rumbo al norte.

Llegaron, se pusieron el bikini y corrieron a la playa, este verano no habían coincidido en vacaciones y estaban deseando desmadrarse.

La primera tarde aprovecharon para tostarse al sol y tomarse un mojito en la playa. Volvieron a casa, se ducharon y salieron dispuestas a ver el sol. Sin nada que perder, con todo por ganar. Y así fue.

A la mañana siguiente, hablaban en susurros y se maldecían por haber bebido tanto, además, el tiempo había cambiado y las nubes copaban la costa. No iba a ser un buen día. Aún así, volvieron a vestirse de playa y fueron a pasear.
Media hora más tarde, cuando la nube cada vez era más negra y la tormenta ya era casi un hecho, se sentaron en la arena y disfrutaron de una playa semidesierta. Nada como eso para la resaca.

Cuando quiso darse cuenta, sus amigas estaban dormidas en la toalla, la noche anterior les estaba pasando factura y Sara no pudo evitar sonreir. Esas eran sus chicas. Las mismas de siempre. Esas que con solo mirarse se entendían.

Mientras estaba ensimismada con esos pensamientos, un balón llegó hasta sus pies y tras él un bebé de no más de año y medio. Tenía unos mofletes colorados y un pañal lleno de arena. Sara se levantó y le acercó la pelota. Se agachó hasta él y le atusó el pelo. Y, cuando miró para arriba, ahí estaba Alex.


- ¿Alex? No sabía que, que...
- Sí, se llama Iker. ¿Qué haces tú aquí?
- Los padres de mi amiga tienen una casa aquí y hemos...

Notó como él se dio la vuelta. Se acercaba su mujer.

- Oye Sara, me ha encantado verte pero... Ya sabes, las cosas han cambiado. Ahora tengo una familia.

- Tienes un hijo precioso. Cuídate mucho.

Sara se tumbó en la toalla y contuvo el llanto. ¿Por qué él? ¿Por qué allí? ¿Por qué tenía un hijo y ella no sabía nada?

El viaje transcurrió tal y como habían planeado. Playa de día, fiesta de noche. El reencuentro con Alex solo había sido un mal sueño, nada que entorpeciese su escapada.

Pero ayer, al volver a casa, había una nota en su buzón, al ver la letra ella no tuvo dudas, Alex había estado allí.

"No tengo tu número. El jueves a las 00.00h estoy aquí. Ron con hielo. Como siempre".

Y ahora Sara está como loca, buscando un conjunto de lencería acorde a un reencuentro después de tres años.

@Saralacalle

Moraleja: El que se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado.

martes, 20 de agosto de 2013

La estampida del primer "Te quiero"

A Sara nunca le había gustado expresar sus sentimientos abiertamente, a ella le gustaba decir que las cosas no bastaba con decirlas, había que demostrarlas. Pero el otro día, en mitad de un ataque hormonal, escribió a su chico y le dijo que le quería. Parecía una tontería sí, pero durante el año que llevaban juntos, jamás se lo había dicho.

Ese día, sin saber muy bien porqué, sintió la necesidad de decírselo. Él hizo como si nada, lo leyó y no contestó, se quedó callado durante todo el día.

Sara, lejos de sentirse mal, se sintió orgullosa. ¿Por qué debería callarse lo que sentía? ¿Por qué los hombres se asustan cuando una mujer les dice que les quiere? ¿Por qué tanto prejuicio a la hora de mostrar los sentimientos?


Sara se prometió mantenerse firme. No escribió. No llamó.

Él volvió. Suave. Proponiendo ir al cine. Aceptó.

En mitad de la película, ella se acercó y volvió a decírselo al oído. Él sonrió, y así, poco a poco, dejó de espantarse.

Y ahora, pasado el tiempo, es él el que se lo dice siempre, incluso a veces lo reclama.

Él, el que se espantaba...

@Saralacalle

jueves, 8 de agosto de 2013

Loterías

Eran las 22.00h y estaba pendiente de la radio para escuchar el sorteo especial de la lotería de verano. Ella y su chico habían comprado un par de boletos. Él sabía que no les tocarían, pero a Sara le hacía ilusión. ¿Y si les pasaba? Más de una noche, tumbados en la azotea, se habían puesto a pensar en voz alta lo que harían si les tocaba. Él no decía nada, dejaba que ella hablase.

- Pues mira, lo primero que haremos si ganamos es hacer un viaje a La Patagonia, que llevamos mucho tiempo diciéndolo, después volveremos y seguiremos con nuestros trabajos o podíamos montar un negocio juntos. ¿Qué te parece una agencia de comunicación? Bueno no sé, eso ya lo pensaremos, pero seguiremos trabajando. Luego compraremos cuatro pisitos en Madrid, uno para cada uno nuestros hermanos, pero ojo, en zonas separadas, que no quiero a toda la familia junta.
A ver que piense... También me gustaría hacer un crucero todos juntos, mis padres y los tuyos, los hermanos y las parejas. Puede ser tan divertido...

Él solo sonreía, no decía nada.

Y así pasaron más de una noche.

Pero ahora era verdad, había llegado el día.

Subió el volumen y escuchó: "El número premiado es el DOS - CINCO - CERO - CERO - CINCO".

- Mierda, dijo en voz alta. No habían acertado ni uno de los números.

Apagó la radio y siguió leyendo.

Cuando se metió en la cama, él la abrazó y le dijo que no se preocupase, que ellos ya eran muy afortunados.

- Ya, cari, pero...

- ¿Sabes qué me gustaría a mí? Ser un gato.

- No empieces a vacilarme, le dijo ofendida.

- Quiero ser un gato para vivirte siete veces, tonta.

@Saralacalle

jueves, 1 de agosto de 2013

En lo mejor.

Llegó de la playa y miró el móvil, ni rastro de Alejandro, ni una llamada, ni un mensaje... Nada. Sintió un pequeño pinchazo en el estómago y se fue a la ducha.

Al salir se vistió con un vestido blanco corto que realzaba su moreno, se puso un poco de rimmel y salió de casa. Había quedado en una terraza para tomar algo con sus amigas y pasar allí la noche, sin nada que hacer, con todo por contar.

Una de ellas, Marian, la que había empezado más tarde las vacaciones y no sabía todos los pormenores de la vida de las demás, le preguntó:

- Oye Sara, ¿y Alex y tú cuánto lleváis?

- Desde las navidades pasadas...

- Vaya, Sara, todavía estáis en lo mejor.

Y Sara se quedó callada y empezó a pensar. ¿Qué era estar en lo mejor? ¿No dejar de pensar en él? ¿Despertarse con un mensaje de buenos días? ¿Recordarle cada vez que sonaba una canción? ¿Querer que acabasen las vacaciones para volver a Madrid y achucharle?

Cuando volvió a la realidad de la mesa, sus amigas despotricaban de sus parejas. Una se quejaba porque desde que se fueron a vivir juntos parecían dos completos desconocidos, otra de que vivían sumidos en la rutina y la tercera en discordia les decía que no se quejasen, que al menos ellas tenían pareja.

Sara no entendía nada, ¿qué les llevaba a chicas de veinte años a "aguantar" a sus parejas si no eran felices? ¿Por qué se conformaban?

Tres cervezas y unas mil críticas después, pagaron y se fueron a casa con la certeza de saber que mañana se verían de nuevo en la playa.

Al llegar a casa, Sara corrió al calendario que tenía en la mesilla y tachó un día más, ya era jueves, por fin el domingo volvía a Madrid.

Y se acostó pensando en lo paradójico de la situación, ella que llevaba desde abril tachando días para su semana de vacaciones, ahora tachaba días para volver junto a él.


Sí, definitivamente estaban en lo mejor.

@Saralacalle

lunes, 29 de julio de 2013

Volver

Se sentó en la playa y respiró hondo, por fin había vuelto a Oropesa, a casa, a ser pequeña, al sitio que la había visto crecer.

Se recogió el pelo y se metió en el agua. Estaba fría pero no importaba, necesitaba algo así. Se zambulló un par de veces y volvió a su toalla. Allí se huntó bien de bronceador y se dedicó a observar a su alrededor.

En la sombrilla de su derecha estaban Paula y Jaime, sus vecinos de al lado. Ella era ya toda una mujercita que leía la Cuore y él no soltaba su teléfono móvil. La madre, mientras, estaba absorta en una novela. Quiso acercarse y preguntarles qué tal pero recordó que su madre, en una de esas llamadas interminables, le había contado que se habían separado y a Sara le dio pudor irrumpir en su intimidad. Prefirió callar.

A la izquierda, dos sombrillas más allá, estaban Pepa y Conchi, dos hermanas octogenarias que se habían quedado viudas y mataban las horas muertas al sol, guardando su playa. Sara se emocionó y se levantó a saludarlas. Nada más verla la abrazaron, le dijeron lo guapa que estaba y cuánto la habían echado de menos. Empezaron a hablar y pasó más de media hora. Sara se despidió como pudo y volvió a su toalla cuando de repente le vio. Ahí estaba Jose, con veinte kilos menos y una rubia de 90-60-90 digna de un desfile de lencería. Jose era el típico chico gordito del grupo al que ninguna de sus amigas le había hecho caso pero siempre había estado ahí cuando alguna corría a llorarle porque su rollete de verano pasaba de ella.

- Vaya, Sara, que alegría verte otro año aquí.

Y se pusieron hablar, como si no hubiesen pasado los años, recordando batallitas, haciendo aflorar los recuerdos.

No llevaban ni diez minutos cuando apareció Carolina con Emma en brazos, acababa de cumplir ocho meses y aún no se mantenía de pie sola. La conversación dio un giro radical y solo se hablaba de cómo le había cambiado la vida a Carolina, lo poco que había tardado en recuperar la figura, lo duro que había sido dejarla los primeros días en la guardería... Y ahí estaban, tres amigos de toda la vida a los que el invierno les había cambiado por completo.

Mientras seguían hablando y la rubia escultural ya se había aburrido de sus historietas y le había dicho a Jose que le esperaba en casa, Sara vio a su abuela al otro lado de la playa con su blusón de flores y su sombrero de paja gritando: "niña, que se me pasa el arroz. Vamos pa' casa a comer".

Y Sara sonrió, esto era el verano, el volver a casa, el ver cómo cambiaba la gente que de verdad la quería, cómo se hacían grandes. Viendo que ellos, los de ayer, ya no eran los de antes.

@Saralacalle

jueves, 25 de julio de 2013

La última ducha

Esa mañana Luis se despertó antes que nunca, normalmente era María la que le daba un beso en la frente y le decía que ya tenía el café preparado.

Ese miércoles se cambiaron los papeles y él se levantó sigiloso y puso la cafetera. Mientras cogía las tazas ella se acercó por detrás y le abrazó a la vez que le daba un beso en la espalda.

- ¿Te has caído de la cama hoy?

- No sé nena, no podía dormir, estaba muy inquieto.

- ¿Y si aprovechamos que es temprano y nos duchamos juntos?

A él le pareció buena idea, Luis no se caracterizaba por ser precisamente romántico y ella tenía que aprovechar esos momentos. Se metieron en la ducha y no escatimaron en besos y caricias.

Al final, como era de esperar, se les hizo tarde y les tocó correr. Prisas y risas.

Así daba gusto empezar el día.

A mitad de mañana, María fue a su taquilla y miró el móvil, encendió la pantalla y leyó dos mensajes de Luis, en el primero decía que esta mañana estaba preciosa en la ducha. En el segundo que esa misma tarde se iba a Galicia porque al día siguiente tenía una reunión a primera hora. María sonrió, por fin había encontrado un trabajo que le hacía realmente feliz.

Volvió al trabajo y no pudo parar de sonreir, cada vez estaban mejor juntos. Y, aunque Luis no lo sabía todavía, puede que pronto fuesen uno más...

Salió de la tienda y se fue a casa, en época de rebajas era un horror y hoy estaba especialmente cansada.

Se duchó, se puso una camiseta de deporte y se tiró en el sofá con un refresco bien frío.

Encendió la televisión y palideció.

¿Qué había pasado? Un accidente de tren inundaba todos los canales.

Llamó a Luis, llamó una y otra vez. Nadie respondió.

Pasó una hora angustiada, llamando de un teléfono a otro, nadie sabía decirle nada.

En un momento de sumo caos, sonó el teléfono de casa, la madre de Luis entre sollozos le dijo eso que jamás había querido escuchar.

Ahora, solo queda pensar que ese día Luis se despertó antes para aprovechar sus últimas horas con ella.

@Saralacalle

Nota: día gris, hoy no se puede hablar de otra cosa.

Mi más sentido pésame a todas las víctimas y familiares afectados.


martes, 9 de julio de 2013

Malabares del orgullo

Salió del trabajo corriendo, el avión estaba a punto de aterrizar y no sabía si iba a llegar a tiempo para recibirle. Su oficina estaba muy cerca del aeropuerto pero al final todo se había complicado y había salido una hora más tarde de lo previsto.

Al llegar al parking decidió coger un taxi. Sería lo más rápido.

Después de un pequeño atasco, llegó a la T4 y buscó en las pantallas el vuelo procedente de Berlín y, de repente, el corazón empezó a latirle más y más fuerte. Ya estaba ahí. Comenzó a andar de un lado para otro, buscando la salida correcta, pero estaba tan nerviosa que tuvo que preguntar.

Un chico que la había estado observando, no pudo evitar acercarse a ella y le dijo con un perfecto inglés: "keep calm, baby" y Sara no pudo evitar empezar a reirse.

Podía verle a través de la puerta.

Cuando de repente... Despertador.

Mierda, Sara. Toca ir a trabajar. Solo ha sido un sueño. Un bonito sueño de verano.

Se levantó refunfuñando y se prometió que ese día le escribiría sin falta, que le diría cuánto le echa de menos, que fue una estúpida, que de las elecciones nunca sale nada bueno.


@Saralacalle