martes, 9 de julio de 2013

Malabares del orgullo

Salió del trabajo corriendo, el avión estaba a punto de aterrizar y no sabía si iba a llegar a tiempo para recibirle. Su oficina estaba muy cerca del aeropuerto pero al final todo se había complicado y había salido una hora más tarde de lo previsto.

Al llegar al parking decidió coger un taxi. Sería lo más rápido.

Después de un pequeño atasco, llegó a la T4 y buscó en las pantallas el vuelo procedente de Berlín y, de repente, el corazón empezó a latirle más y más fuerte. Ya estaba ahí. Comenzó a andar de un lado para otro, buscando la salida correcta, pero estaba tan nerviosa que tuvo que preguntar.

Un chico que la había estado observando, no pudo evitar acercarse a ella y le dijo con un perfecto inglés: "keep calm, baby" y Sara no pudo evitar empezar a reirse.

Podía verle a través de la puerta.

Cuando de repente... Despertador.

Mierda, Sara. Toca ir a trabajar. Solo ha sido un sueño. Un bonito sueño de verano.

Se levantó refunfuñando y se prometió que ese día le escribiría sin falta, que le diría cuánto le echa de menos, que fue una estúpida, que de las elecciones nunca sale nada bueno.


@Saralacalle

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