viernes, 12 de octubre de 2012

sábado, 6 de octubre de 2012

Reducción de la jornada matrimonial

Su sorpresa fue mayúscula al abrir el buzón y encontrarse con una notificación de Correos. No esperaba nada y mucho menos algo "urgente".

Cuando su marido llegó a casa pasada la media noche, ella se levantó de la cama y se fue al sofá a charlar un rato con él. Últimamente el horario del trabajo de su oficina era insoportable. Salía de casa antes de las siete de la mañana y volvía siempre pasada la media noche. No veía a los niños, excepto los fines de semana, y a su mujer solo un rato si ella no estaba demasiado cansada.

Él le contó que estaban cerrando un acuerdo muy importante con una empresa francesa y que la semana próxima tendría que viajar a la capital gala. Ella sintió una punzada en el pecho al oir eso. París fue la primera ciudad a la que viajaron juntos cuando eran solo unos adolescentes. Ella no dijo nada, solo le recordó que esa semana era el cumpleaños de su tercer y último hijo, cumplía dos años. Más que un comentario era un reproche, él lo supo y en seguida cambió de tema.

- Vamos a la cama, nena. Es muy tarde.

Ambos se levantaron, se lavaron los dientes juntos y se acostaron. Ella le dio la espalda y él acomodó la cabeza en su pelo, intentando quererla. Pasó suavemente una mano alrededor de su vientre y ella la quitó esquiva. Estaba decepcionada. Ese no era su marido. En algún momento, sin saber cómo ni porqué, sus hijos y ella habían pasado a un segundo plano en la vida de su marido. No le reconocía.

Por la mañana, cuando se despertó, él ya no estaba en la cama. No eran ni las siete. Ella se puso su careta de súpermamá, se arregló, preparó el desayuno de los niños y los llevó a sus respectivos colegios. Por suerte, eran solo unos niños y cuando preguntaban por  "papá" y ella decía que tenía mucho trabajo en la oficina, no le daban mayor importancia.

Miró el reloj, iba muy justa de tiempo para llegar a su trabajo pero tenía que ir a Correos a por la carta. Apresuró el paso y llego hasta la oficina. Por suerte cuando llegó no había nadie esperando. Ella entregó el certificado y le pidieron el DNI. Al abrir su cartera no pudo contener la sonrisa, de repente se topó con una foto tamaño miniatura de toda su familia, se la habían hecho el mes pasado para el carné de familia numerosa.

- Señora, su DNI, no tengo todo el día, le espetó un empleado malhumorado.

Se lo entregó y el le tendió la carta.

Tráfico. No daba crédito. Una multa. En sus más de diez años como conductora jamás había sido sancionada.

Abrió el sobre y efectivamente era su coche, su matrícula, la foto era inequívoca. Sin embargo, hubo algo que llamó su atención, en la foto se apreciaba perfectamente la parte trasera de su coche y se veía que el que conducía era su marido. No iba solo. Una coleta rubia se dejaba ver en el asiento del copiloto. Se puso sus gafas de sol y salió de allí reprimiendo el llanto.

Caminó unos cuantos metros y se sentó en el primer banco que encontró. Volvió a mirar la foto. Había sido tomada en la A2 dirección aeropuerto.

Comenzó a llorar desconsoladamente.

De repente, todo encajó. Esa coleta rubia era la culpable de la "reducción de jornada matrimonial".

@Saralacalle

lunes, 10 de septiembre de 2012

Este no es un domingo cualquiera.

Domingo de nuevo. Se apaga la semana. Se cierra el verano. Se vuelve a la rutina. No quiero. Él es mi rutina.

Hace algo más de un mes recibí una llamada que no olvidaré jamás. Era él. Estaba enfadado, hacía más de un mes que no hablábamos. Era la primera vez en seis años que se enfadaba conmigo. A medida que la conversación iba avanzando, volvió a ser el mismo de siempre. Mi amigo, mi confidente.

- Sara, tengo que decirte algo que no va a gustarte.

Temblé. Ya sabía lo que era. Era una noticia que tarde o temprano iba a llegar. Se va. Se muda. Fuera del país. Lloré. No me imaginaba despidiéndome de él otra vez. Ya lo había hecho una vez y sabía lo que suponía alejarse de él.

Colgué el teléfono y empecé a recordar nuestra relación.

Como ya he dicho, hace seis años que le conocí. Al principio no me fijé en él, sus casi dos metros de altura y su pelo largo, no iban para nada conmigo. Hasta que, un día cualquiera, empezamos a hablar y poco a poco fue surgiendo una amistad muy especial. Así pasó a ser una pieza fundamental de mi vida.

Él ha estado a mi lado cuatro años durante más de seis horas diarias, en lo bueno y en lo malo. Con su ingenio y sus frases, con sus abrazos y sus recursos, con su despite y sus detalles. Él es así, ese compañero de viaje que nunca te falla.

Ese que tan pronto te regala un nombre como una tecla, ese que te hace saber que está pensando en ti de la forma más ingeniosa posible. Ese que te invita a hacer locuras. Ese que te pide el café con dos azucarillos. Ese.

Hoy, domingo, sé que es su último domingo en España y que se rompe nuestra rutina. Sé que no habrá más buenos días, sé que no habrá más cafés a media mañana, sé que no habrá más abrazos bajo la lluvia. Lo que sí sé es que "la Merkel" tiene mucha suerte de recibirle. ¿Por qué? Porque no solo es grande de tamaño, es grande en sí. En todo. Es el triunfo hecho expresión.

@Saralacalle

Pd: Llegados a este punto diré que él me regaló este pseudónimo y me empujó a abrir este blog.

lunes, 27 de agosto de 2012

Taxi a media noche

Era muy tarde y ella salió corriendo del portal de su novio para coger un taxi. Una noche normal él le hubiese dicho que se quedase a dormir pero hoy no lo había hecho, habían discutido durante la cena y él parecía muy enfadado.

Ella cruzó la calle esperando encontrar un taxi lo antes posible, pero no tuvo suerte. Caminó un poco, adentrándose en la calle Príncipe de Vergara, esperando que su suerte cambiase. Le gustaba esa zona, le traía grandes recuerdos pero hoy no estaba de humor. Finalmente vio un taxi libre, alzó la mano y el coche paró a su lado. Ella le dio la dirección y el hombre comenzó a conducir.

Era un trayecto largo y ella estaba realmente cansada, cerró los ojos y se puso a pensar, a recordar momentos; la discusión tonta que habían tenido antes, cómo se habían reído preparando la cena, cómo les miraba una señora en el supermercado cuando se besaban... Cuando, de repente, sonó una canción que la hizo sobresaltarse. "Tu mirada me hace grande", rezaba el estribillo. - ¿Puede subir el volumen, por favor? El taxista lo hizo. Y entonces ella pensó en él, no en su novio, en Alex.

Alex era su mayor secreto, una de esas historias inconfesables, una de esas historias que sabes que, pase lo que pase, nunca contarás a nadie.

Entonces recordó esa noche en la que Alex le dijo; "hoy voy a ser tu taxista". Él, cuidadoso dónde los haya, le abrió la puerta, le preguntó si iba cómoda y empezó a conducir. Era Agosto, pero un Agosto raro, la temperatura era muy fría, y ella recuerda cómo le había tocado la mano y le había dicho: "manos frías, corazón caliente". Recuerda cómo él la habia mirado y había sonreído. Pero sobre todo, lo que más recuerda de ese trayecto es que, cuando empezó a sonar la canción que ahora sonaba en ese taxi, ella había comenzado a cantar en voz baja mientras él reía y decía "música española...".

Sí, Alex, tu mirada me hace grande.


@Saralacalle

Último martes de Mayo

Llegaron a un acuerdo. Todos los martes del mes de Mayo se verían.

La hora acordada eran las 19.30h. El lugar elegido, el Retiro.

Ayer, como cada martes, él la esperó en la puerta principal. Ella le vió, con sus gafas de sol y su pelo despeinado y sintió esos nervios de la primera vez. Era bonito. Su amistad había madurado con el paso de los años y habían llegado a un entendimiento único. Cada uno tenía su vida; su pareja, su trabajo, su grupo de amigos...pero juntos tenían otra vida. Inexplicable. Otra vida llena de momentos pequeños que les hacían grandes.

Hoy es miércoles, muy temprano, el último miércoles del mes de Mayo y ella tiene un cúmulo de sentimientos encontrados. Ayer se metió en la cama feliz por lo que acababa de vivir. Hoy se ha levantado triste pensando que ayer fue el último martes del mes de Mayo.

@Saralacalle

Sueños cruzados

Ella duerme tranquila, son más de las tres de la mañana del domingo. Le hubiese encantado pasar este día con su pareja pero él tenía que trabajar. Sin embargo, no ha perdido el tiempo, ha vuelto a quedar con Marco. Al llegar a casa ha vuelto a sentirse mal, sabe que no puede seguir haciéndole eso a su chico, tiene que acabar con esa historia ya pero...

Dani llega, ve que ella duerme tranquila. Procura no hacer mucho ruido, se desnuda y se tumba a su lado, muy despacio. Abraza su espalda y hunde la nariz en su pelo, aspirando su olor. No ha sido un día fácil, su trabajo le obliga a pasar mucho tiempo fuera de casa y a veces hace cosas de las que no se siente orgulloso. Hoy por ejemplo. Sara no se lo merece. Lo sabe. Cuando esto pasa, al volver a casa siempre se promete que no volverá a suceder. Nunca más.

Sin embargo, los dos saben lo que pasa, han llegado al equilibrio perfecto, son felices juntos. También separados.

@Saralacalle

domingo, 15 de julio de 2012

Mordiscos que delatan

Sábado. 8.30h de la mañana. Es muy pronto para levantarse, reniega un poco y después se va a la ducha. Se pone ropa cómoda y va a la cocina a preparar el desayuno. Carga la cafetera, programa la tostadora, saca las tazas y, de repente, suena el teléfono.

- ¿Qué hora es? Se pregunta en voz alta.

No sabe qué hacer. Si lo coge no sabrá mentir, si no lo hace él insistirá y hará que se ponga más nerviosa aún.

- Buenos días cariño, ¿cómo estás? Le pregunta intentando aparentar toda la calma que no tiene en este momento.

Aitor es ingeniero y ha tenido que pasar el sábado fuera de Madrid por culpa de un proyecto que últimamente le tiene absorvido.

La conversación es "normal". Ella, sorprendentemente, lo está haciendo muy bien. Él tiene ganas de hablar, se le nota. Ella no. Responde un par de preguntas y corta la conversación de la forma más brusca posible.

- Cariño, luego te llamo que voy a desayunar.

- Mmm, vale, llámame luego, dice él poco convencido.

Cuelgan. Ella respira aliviada. Lo ha hecho bien. Sigue sirviendo el desayuno, se asoma por la puerta de la cocina y grita: "Álvaro, ¿cómo quieres el café? Está recién hecho".

Eso fue ayer. Hoy Aitor y ella han pasado todo el día juntos en el campo. Él, demostrándole todo lo que la ha echado de menos estos días. Ella, intentando no recordar la noche del viernes. Había sido relativamente fácil hasta que hace un momento, al salir de la ducha, Aitor le ha dicho: "Qué gracioso, tienes un moratón en el culo que parece un mordisco".

@Saralacalle