Su sorpresa fue mayúscula al abrir el buzón y encontrarse con una notificación de Correos. No esperaba nada y mucho menos algo "urgente".
Cuando su marido llegó a casa pasada la media noche, ella se levantó de la cama y se fue al sofá a charlar un rato con él. Últimamente el horario del trabajo de su oficina era insoportable. Salía de casa antes de las siete de la mañana y volvía siempre pasada la media noche. No veía a los niños, excepto los fines de semana, y a su mujer solo un rato si ella no estaba demasiado cansada.
Él le contó que estaban cerrando un acuerdo muy importante con una empresa francesa y que la semana próxima tendría que viajar a la capital gala. Ella sintió una punzada en el pecho al oir eso. París fue la primera ciudad a la que viajaron juntos cuando eran solo unos adolescentes. Ella no dijo nada, solo le recordó que esa semana era el cumpleaños de su tercer y último hijo, cumplía dos años. Más que un comentario era un reproche, él lo supo y en seguida cambió de tema.
- Vamos a la cama, nena. Es muy tarde.
Ambos se levantaron, se lavaron los dientes juntos y se acostaron. Ella le dio la espalda y él acomodó la cabeza en su pelo, intentando quererla. Pasó suavemente una mano alrededor de su vientre y ella la quitó esquiva. Estaba decepcionada. Ese no era su marido. En algún momento, sin saber cómo ni porqué, sus hijos y ella habían pasado a un segundo plano en la vida de su marido. No le reconocía.
Por la mañana, cuando se despertó, él ya no estaba en la cama. No eran ni las siete. Ella se puso su careta de súpermamá, se arregló, preparó el desayuno de los niños y los llevó a sus respectivos colegios. Por suerte, eran solo unos niños y cuando preguntaban por "papá" y ella decía que tenía mucho trabajo en la oficina, no le daban mayor importancia.
Miró el reloj, iba muy justa de tiempo para llegar a su trabajo pero tenía que ir a Correos a por la carta. Apresuró el paso y llego hasta la oficina. Por suerte cuando llegó no había nadie esperando. Ella entregó el certificado y le pidieron el DNI. Al abrir su cartera no pudo contener la sonrisa, de repente se topó con una foto tamaño miniatura de toda su familia, se la habían hecho el mes pasado para el carné de familia numerosa.
- Señora, su DNI, no tengo todo el día, le espetó un empleado malhumorado.
Se lo entregó y el le tendió la carta.
Tráfico. No daba crédito. Una multa. En sus más de diez años como conductora jamás había sido sancionada.
Abrió el sobre y efectivamente era su coche, su matrícula, la foto era inequívoca. Sin embargo, hubo algo que llamó su atención, en la foto se apreciaba perfectamente la parte trasera de su coche y se veía que el que conducía era su marido. No iba solo. Una coleta rubia se dejaba ver en el asiento del copiloto. Se puso sus gafas de sol y salió de allí reprimiendo el llanto.
Caminó unos cuantos metros y se sentó en el primer banco que encontró. Volvió a mirar la foto. Había sido tomada en la A2 dirección aeropuerto.
Comenzó a llorar desconsoladamente.
De repente, todo encajó. Esa coleta rubia era la culpable de la "reducción de jornada matrimonial".
@Saralacalle