Sara odia los lunes, eso es un hecho. Los domingos le cuesta mucho dormirse y el despertador al día siguiente no da tregua.
Hoy, al llegar a la redacción, ha mirado la agenda y se ha deprimido aún más. Un par de ruedas de prensa con poca chicha y un manido reportaje sobre "Los cuidados para el verano". Un sopor de día.
Poco a poco, café en mano, se ha ido metiendo en la espiral de teletipos y titulares. Así ha pasado la mañana.
Cuando ha querido darse cuenta, era la hora de la comida. Ha mirado el móvil asombrada, no había tenido noticias de Juan en todo el día. Se había malacostumbrado, siempre le sacaba una sonrisa a media mañana y hoy lo echaba de menos. Miró su última hora de conexión: 7:45h. Estará teniendo un día duro, pensó.
La tarde no tuvo nada de relevante, todo fue según lo previsto, algo nada habitual en un periódico. Por suerte, el cierre fue fácil y antes de las 21.00h estaba en casa. Se puso las mallas y se fue a correr para despejarse un rato. No aguantó más de media hora.
Llegó de nuevo a casa y corrió a la nevera a por algo frío y, de repente, lo vio.
Estaba ahí. Firme. Rosa. Con dos interrogantes y dos palabras que la dejaron petrificada. "¿¿Nos casamos??".
Ella que siempre le dejaba notas a su chico y le reprochaba que no le hiciesen ilusión, se veía sorprendida con una nota así. Sabía que no era una broma. Juan no era así. Él era claro y directo.
Moraleja: un día normal puede convertirse en el punto de inflexión de tu vida.
@Saralacalle
