Elijo la mesa más alejada, en una esquina, con buena luz y con buenas vistas de todo el local. Justo enfrente hay una pareja, ella parece triste, tiene la mirada perdida mientras él no deja de mirar su Blackberry. Escucho frases sueltas; "antes reías a menudo", "desde que estás en el paro nada te parece bien", "yo también necesito que me escuches de vez en cuando"...
Llegan mis amigas, escandalosas y ruidosas como siempre. Me centro en ellas, aunque de vez en cuando miro a la chica, creo que llora, o está a punto.
Terminamos el café, vamos a pagar pero antes decido pasar al servicio. Está ocupado. Espero. La puerta se abre y sale la chica de la mesa de enfrente, quiero decirle algo pero no me salen las palabras. Cruzamos la mirada. Ella sigue su camino y yo el mío.
Cuando salgo veo en el lavabo una alianza. La cojo. "Siempre juntos", reza en su interior. Tiene que ser suya.
Al salir veo que está sola en la mesa, llorando desconsolada.
-Perdona, creo que te has dejado esto en el lavabo.
- Puedes quedártela, mi marido es un completo desconocido, como tú.
Me doy la vuelta sorprendida ante esa reacción. Guardo el anillo en el bolsillo y salgo del local.
Acabo de llegar a casa y aún no me creo lo que he vivido, justo esta mañana había leído que "los divorcios están en crisis" en la siguiente noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/11/madrid/1326287868.html
Pero no, lo que está en crisis son los sentimientos.
@Saralacalle
@Saralacalle
¿Cuánto hay de verdad? ¿Cuánto hay de mentira?
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