domingo, 26 de enero de 2014

Lo importante éramos tú y yo

Él siempre supo que la vida a su lado no iba a ser fácil, lo sabía desde el momento en que la conoció. No le importó. Pensó que a su lado tenía mucho que aprender. "Su trabajo es muy interesante, siempre está viajando y al llegar a casa tiene muchas historias que contar", solía decirle Alfonso a sus amigos cuando hablaba de ella. 

Esta mañana, por fin habían coincidido. Ninguno de los dos trabajaba y ambos estaban en Madrid, además había salido el sol. Quedaron, como siempre, en el ático de un hotel en el inicio de Gran Vía para comer juntos y dedicarse un rato a perder el tiempo, con la tranquilidad de no tener prisa. Antes, cuando empezaron su relación, solían hacerlo, y ahora Alfonso lo echaba de menos.

Al llegar, Sara le dio un beso que a él le hizo sonreir. Pequeño y ligero. Como ella. Como antes.
Se sentaron en la mesa y un camarero les tendió la carta. Mientras él echaba un vistazo a los platos, ella miraba su móvil.

- Sara... ¿Tú qué vas a querer?

-  Mmm, dijo ella saliendo de sus pensamientos, lo mismo que tú, cariño.

Alfonso torció el gesto y siguió mirando la carta. Ella volvió a su móvil. "Las noticias no descansan", solía decirle su jefe.

Cuando el camarero volvió, Alfonso pidió la comida y ella le maldijo en silencio. ¿Por qué había pedido bacalao sabiendo que ella lo odiaba? Se lo merecía.  No le había prestado atención en todo el rato. Puso su móvil en silencio y empezaron a hablar. Todo iba bien, o eso creía ella. Alfonso estaba muy raro y le daba igual lo que le contase, su gesto serio no cambiaba.

Sara alargó la mano y cogió la suya.


 

- ¿Qué te pasa, Alfon?

- Nada, dijo él sin inmutarse y sin apartar la vista del plato.

- Mírame y dime qué te pasa, dijo ella elevando un poco el tono.

- ¿Que qué me pasa? Mira Sara, no aguanto más, vives pegada a un teléfono, vas al baño con él, te acuestas con él, vives por y para él. ¿Y nosotros? Mírate, no paras de darle al botón para comprobar si te ha llegado un email o alguien te ha mandado un mensaje a Twitter. ¿Qué te pasa, Sara? ¿Qué coño te pasa?

Ella enmudeció, era eso lo que le pasaba. Más de una vez habían discutido por esta historia, pero jamás así.

Mientras ambos estaban en silencio, el teléfono se iluminó y comenzó a vibrar. Era un número desconocido.

- Ni se te ocurra cogerlo, Sara.

- Tengo que hacerlo, estoy esperando una llamada para el reportaje de mañana.

Soltó el tenedor y descolgó.

Él la miraba lleno de ira.

"Hola, buenas tardes, mi nombre es Mariela y llamo de Movistar,  ¿hablo con el titular de la línea?

Sara palideció. Colgó en el acto.

- Perdóname, cariño, de verdad, creía que era importante. 

- No, Sara, lo importante de hoy éramos tú y yo.

@Saralacalle 

8 comentarios:

  1. Tengo que aplaudirte aunque no quiera. Increíble, de nuevo, Sari.

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  2. Las redes sociales, han vuelto más insociables a las personas. Todo en su justa medida, y para cada cosa su momeNto. P.d: Qué mejor favorito, twett (o como se escriba), hastag o mail que la/s persona/as que tenemos delante. Un beso (y sí, es un ciberbeso) y un saludo.

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  3. Yo doy gracias por saber de ti a través de las redes sociales. Si no fuese por este blog o por Twitter habrías desaparecido.

    No dejes nunca de escribir.

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  4. Cuándo vas a volver a escribir en Aficcionados a la fotografía?

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  5. Tu móvil y tú. Tus gorros y tú. Eso es así.

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  6. ¿Y tu novio de verdad qué opina?

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  7. Cuanto más movil y más posibilidades tenga el movil ... más imbeciles nos volvemos ... nos perdemos lo que nos dan, hermanos, primos, tios, padres, abuelos ... y venga,si ... durante este rato seguro que hemos vuelto a mirarlo. No tenemos solución. Pues ala que nos den ¡¡¡¡

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