lunes, 30 de diciembre de 2013

Su pequeña francesita

Fernando siempre había dicho que la menor de sus tres hijas, Sara, era "como una francesita; pequeña, con buenos modales y loca por la sopa de cebolla y el queso". Lo que jamás se hubiese imaginado él es que, un 30 de diciembre, iba a citarle en una cafetería a la que solían ir, para decirle que se marchaba.

- Papá, no puedo seguir aquí, Madrid se ahoga y yo me asfixio. Hace un año que terminé la carrera y no tengo trabajo, no puedo seguir aquí, quiero ir a estudiar moda en París.


Fernando frunció el ceño. ¿Por qué ahora? ¿Por qué la víspera de Nochevieja le decía que en 2014 cambiaba de vida? ¿Por qué París? Pensó que Sara era demasiado mayor para seguir teniendo tantos pájaros en la cabeza, pero no se lo dijo.

Ella no se explicó más, sólo le pidió comprensión. Tenía que empezar una vida nueva, quería hacerlo, tenía que hacerlo. 

Lo que Fernando no supo jamás es que realmente Sara dejaba Madrid por amor. Manuel se había ido allí hacía seis meses y hablaba maravillas de la ciudad. Y Sara también quería, ella le quería. 

¿Por qué no iba a ser 2014 su año? ¿Por qué debería pensar en lo que pudo haber sido y no fue por culpa del miedo? 

Ella no era así. París era el destino.

@Saralacalle

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