A Sara nunca le había gustado expresar sus sentimientos abiertamente, a ella le gustaba decir que las cosas no bastaba con decirlas, había que demostrarlas. Pero el otro día, en mitad de un ataque hormonal, escribió a su chico y le dijo que le quería. Parecía una tontería sí, pero durante el año que llevaban juntos, jamás se lo había dicho.
Ese día, sin saber muy bien porqué, sintió la necesidad de decírselo. Él hizo como si nada, lo leyó y no contestó, se quedó callado durante todo el día.
Sara, lejos de sentirse mal, se sintió orgullosa. ¿Por qué debería callarse lo que sentía? ¿Por qué los hombres se asustan cuando una mujer les dice que les quiere? ¿Por qué tanto prejuicio a la hora de mostrar los sentimientos?
Sara se prometió mantenerse firme. No escribió. No llamó.
Él volvió. Suave. Proponiendo ir al cine. Aceptó.
En mitad de la película, ella se acercó y volvió a decírselo al oído. Él sonrió, y así, poco a poco, dejó de espantarse.
Y ahora, pasado el tiempo, es él el que se lo dice siempre, incluso a veces lo reclama.
Él, el que se espantaba...
@Saralacalle
Besos desde Oviedo. Sigue así.
ResponderEliminarBeso desde Madrid. ;-)
EliminarNunca he sabido si tienes novio o no. A veces creo que no, a veces afirmo que si.
ResponderEliminarEso no cambia nada de lo que aquí se escribe, por lo tanto, eso no importa cuando entras a leer este blog.
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