viernes, 30 de diciembre de 2011

Madrid, la ciudad que duerme con los ojos abiertos.

Ayer pasé la tarde en el centro de Madrid, paseando y disfrutando de sus rincones. Madrid es especial y en Navidad más.

Iniciamos el recorrido en la calle Fuencarral, el paseo peatonal era un hervidero, unos sanfermines sin toros, todos andábamos como con prisa, sabiendo muy bien cual era nuestro destino, mirábamos a izquierda y a derecha, pero sólo eso, mirábamos. Las tiendas estaban habitadas únicamente por maniquíes y dependientas entristecidas por la falta de comisiones.

Llegamos a Gran Vía, ríos y ríos de gente, turistas cargados con cámaras y guías, vacíos de bolsas. - Que gasten los autóctonos, debían pensar.

Cruzamos Preciados en un acto de valentía. Empujones y más empujones, tiendas vacías de nuevo. Llegamos a la Calle Mayor y más de lo mismo. Madrid está triste, pensé.

Seguimos paseando, disfrutando de una buena conversación interrumpida únicamente por algún que otro pisotón, o algún despistado que chocaba cual golondrina en un cristal. Llegamos a Cortylandia, mi querido Cortylandia y la decepción fue mayúscula. ¿Dónde están los niños que cantaban al ritmo de "Cortylandia, Cortylandia, vamos todos a cantar, alegría en todo el mundo porque ya es Navidad"...? No había, estarían en casa, jugando a la DS o enganchados al Disney Channel. La media de los allí presentes rondaba los 50. Triste, muy triste.

Después de eso, fuimos a la Plaza Mayor, siguiendo con la tradición. No sé si es por el pesimismo que llevaba encima por haber sido la única que había cantado las canciones infantiles o porqué, pero todo me pareció mucho más triste que otros años. Para empezar las luces estaban apagadas (eran más de 20:00h), había menos puestecillos y no había alegría en la gente que paseaba por allí. ¿Qué está pasando? Madrid está triste, pensé de nuevo.

Luego fuimos a tomar chocolate a un sitio emblemático de la capital, y ¿qué pasó? Que estaba vacío,solo había un abuelito y nosotros. Ningún ruido ensombrecía nuestra conversación. ¡Qué triste estaba Madrid!

La tarde se acababa, nos despedimos y me dijo: "Sara, qué triste está Madrid".

Ahora puedo decir que Madrid duerme con los ojos abiertos.

 Las persianas abiertas, las luces para el espectáculo encendidas pero... Madrid está triste.



@Saralacalle

2 comentarios:

  1. Esta es la señorita Lacalle que nos gusta, la que habla de lo que siente y no se mete en jaleos políticos. Como te dije en Twitter, de política habla todo el mundo, de sentimientos casi nadie. Feliz Navidad Sari, nos vemos pronto. Borja

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  2. Dicen que las cosas son del color de las gafas con las que se miran ... señorita Lacalle, por favor, pongase las gafas de mirar con más alegría, puede ser muy cierto que Madrid esté triste pero Vd. por lo que es, por lo que tiene ( juventud ) ... debe mirar los rincones donde encuentre "positivismo".
    Mikiroga

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