viernes, 12 de abril de 2013

De los que abren la nevera

Como cada viernes, Sara aprovechó su jornada reducida y al salir de trabajar, a eso de las cinco de la tarde, fue a casa de sus padres solo para ver a su madre y tomarse un café con ella sin tener que mirar el reloj.

Llegó y a Isabel se le iluminó la cara.

- Venga, que te estaba esperando.

- Mamá, tengo que contarte una cosa.

Su madre enmudeció.

- Tengo "un" novio, dijo entre risas.

El suspiro de su madre se oyó en toda la casa.


- ¿Otra vez, Sara? ¿Otra vez?

- Si mamá, este es el bueno, el de verdad.

Isabel se reía. En los últimos tres años, había escuchado la misma historia unas quince veces. Siempre era igual. Sara venía emocionada, le contaba que tenía "un" novio, que era el elegido y que seguro que se iban a casar.

En ese momento, Sara echó dos cucharadas de azúcar en el café y empezó a hablar a borbotones. Le contó a su madre que le había conocido en el trabajo, que era tres años mayor que ella, del norte, alto y guapo, como a ella le gustaban.

- Y no solo eso, mamá, es de lo que abren la nevera.

- ¿Qué?

- Sí, mamá, la teoría que te cuento siempre. Él, cuando viene a casa, si le apetece una cerveza se levanta del sofá y la coge, no me pide permiso. Tiene confianza, se siente agusto, se siente en casa. Es el elegido.

Su madre se rió a carcajadas.

No podía ser, otra vez la misma historia de siempre.

@Saralacalle

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